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Miki López

Miki López

Director de la Guía Macarfi en la Comunitat Valenciana y la Región de Murcia

"Dime qué comes y te diré por qué eres feliz"

La provincia de Alicante vuelve a situarse entre los territorios con mejores índices de felicidad de España, mientras que Valencia continúa figurando entre las ciudades europeas con mejor calidad de vida

Ricard Camarena, Quique Dacosta, Susi Diaz, Pablo Montoro,Luis Valls y Begoña Rodrigo. 

Ricard Camarena, Quique Dacosta, Susi Diaz, Pablo Montoro,Luis Valls y Begoña Rodrigo. 

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Hace pocos días conocíamos los resultados del Spain Happy Index 2026, un estudio sobre calidad de vida y bienestar que dejaba una conclusión interesante: la provincia de Alicante vuelve a situarse entre los territorios con mejores índices de felicidad de España. Santa Pola, Alicante y Elche aparecen entre las localidades mejor valoradas, mientras que Valencia continúa figurando entre las ciudades europeas con mejor calidad de vida.

Y uno se pregunta inevitablemente si la felicidad tendrá algo que ver con lo que comemos.

Probablemente no sea la única explicación.

Pero ayuda. Mucho.

Porque cuando uno analiza qué se come en estas ciudades, empieza a entender algunas cosas.

En Santa Pola la vida gira alrededor del mar. Gambas, quisquillas, pescado de lonja, salazones, calderos y arroces marineros forman parte del paisaje cotidiano. Allí el producto manda y la cocina suele tener la inteligencia de no estropearlo.

En Alicante ocurre algo parecido. La ciudad vive entre barras, terrazas, mercados y arrocerías. Conviven la marinera, la coca amb tonyina, los salazones, los arroces secos y los melosos con una forma muy mediterránea de entender la gastronomía: comer despacio y acompañado.

Luego está Elche.

La ciudad del palmeral ha construido una identidad propia alrededor de la granada mollar, el dátil, los productos de la huerta y una cocina que combina tradición agrícola y sabor mediterráneo. Una despensa singular que cada vez reivindican más cocineros.

Y llegamos a Valencia.

La ciudad donde la paella es patrimonio emocional. Pero Valencia es mucho más que arroz. Son mercados, almuerzos, huerta, producto de proximidad, marisco, bares llenos y una oferta gastronómica que hoy compite con cualquiera de Europa.

Y en esa ecuación de la felicidad también hay nombres propios.

Cocineros como Ricard Camarena, Quique Dacosta, Susi Díaz, Begoña Rodrigo, Luis Valls o Pablo Montoro llevan años contribuyendo a que este territorio sea un lugar mejor para vivir. No aparecen en los estudios demográficos ni en los indicadores económicos, pero forman parte de esa calidad de vida que distingue al Mediterráneo.

Sus restaurantes atraen visitantes, generan riqueza, ponen en valor el producto local y, sobre todo, crean momentos de felicidad alrededor de una mesa.

Porque, al final, por muy poco científico que suene, hay una verdad que todos entendemos: barriga llena, corazón contento.

Quizá por eso no sorprende que estas ciudades aparezcan una y otra vez en los rankings de bienestar.

Porque más allá del clima, de la playa o de las horas de sol, hay algo que comparten todas ellas.

La cultura de la mesa.

Aquí seguimos quedando para comer. Seguimos celebrando alrededor de una paella.

Seguimos arreglando el mundo delante de una barra.

Seguimos alargando sobremesas.

Seguimos entendiendo que comer no consiste únicamente en alimentarse.

Es convivir.

Y eso tiene mucho valor.

A veces buscamos explicaciones complejas para entender la felicidad. Estudios, estadísticas, indicadores y porcentajes.

Y seguramente todos tengan razón.

Pero quizá una parte de la respuesta también esté en algo mucho más sencillo.

En un arroz frente al mar.

En una gamba recién cocida.

En una marinera compartida.

Es una cerveza fría con amigos.

O en esa costumbre tan nuestra de sentarnos a la mesa sin mirar el reloj.

Tal vez la felicidad no se pueda medir exactamente.

Pero si hubiera que buscar una pista, yo empezaría por ahí.

Porque pocas cosas explican mejor el carácter mediterráneo que una mesa llena, buena compañía y tiempo para disfrutarla.

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