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¿Incluir o apartar? La pregunta que la Conselleria no quiere responder

Construir más habitaciones separadas en la misma casa no es lo mismo que derribar las paredes

Varios alumnos repasan sus apuntes antes de comenzar la PAU 2026.

Varios alumnos repasan sus apuntes antes de comenzar la PAU 2026.Europa Press

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Ayer, 5 de junio, la Conselleria de Educación convocó una mesa sectorial extraordinaria para presentar su Acord Global per a l'Educació Pública 2026-2030. Dieciocho páginas entregadas en mano en el mismo momento de la reunión. Sin tiempo para leerlas, sin tiempo para analizarlas y, como era de esperar, sin acuerdo.

Entre las medidas que el documento presenta bajo el epígrafe Inclusió educativa, figura la creación de 36 nuevas aulas UECO —Unitats Específiques en Centres Ordinaris— para el curso 2026-2027, junto a 130-140 nuevas plazas de profesorado de Audición y Lenguaje y un incremento del 30% de profesionales de Educación Social. En total, 108 nuevos puestos vinculados a la atención a la diversidad. Números que, presentados en una tabla con tipografía grande y colores corporativos, tienen un aspecto inmejorable. 

Antes de aplaudir, conviene saber qué es exactamente una UECO.

Una UECO es un aula de hasta ocho plazas, ubicada dentro de un colegio o instituto ordinario, destinada a alumnado con discapacidades graves y permanentes: niños y niñas con discapacidad intelectual, trastorno del espectro autista, discapacidad motriz o discapacidad sensorial, entre otros perfiles. Cuenta con tres profesionales —un maestro de Pedagogía Terapéutica, un especialista en Audición y Lenguaje y un educador de Educación Especial— y agrupa a alumnado de distintas edades y cursos en el mismo espacio, porque los criterios de agrupamiento no son académicos sino diagnósticos. Un niño de siete años y uno de once pueden compartir aula sin haber coincidido jamás en un pasillo con sus compañeros de edad.

La norma establece que el alumnado pasará al menos el 50% de su tiempo lectivo en el aula UECO y el resto en su grupo de referencia ordinario. Lo que la norma no dice, pero cualquier profesional que haya trabajado junto a una UECO conoce, es lo que ocurre en la práctica: si llevar a ese alumno al aula ordinaria requiere que un adulto le acompañe, y ese adulto es el único profesional disponible en la unidad en ese momento, la salida no se produce. El alumno se queda. Y la inclusión, también.

Pero hay una pregunta más incómoda que la del porcentaje de horas. La propia definición oficial de estas unidades establece que están destinadas a alumnado que puede participar de "algunas actividades socializadoras" del centro. En la práctica, cualquier profesional del sector sabe lo que eso significa: el patio, las excursiones, los festivales de Navidad, las celebraciones del Día de la Paz o la semana cultural. Los momentos en que hay público, en que se hacen fotos, en que el centro muestra su cara más bonita. Y en el mejor de los casos, la clase de plástica, música o educación física. No el aula. No el aprendizaje compartido con sus iguales de edad, curso a curso, día a día. Eso es lo que la Conselleria llama inclusión educativa.

Y queda una pregunta más, la más incómoda de todas: ¿cuándo sale ese alumno de la UECO? ¿Existe algún horizonte de transición hacia el aula ordinaria, algún plan que contemple que ese niño con TEA o discapacidad intelectual pueda, con los apoyos adecuados, formar parte real de su grupo de referencia? Porque si la respuesta es no —si la UECO es, en la mayoría de los casos, el destino permanente disfrazado de medida de tránsito—, entonces no estamos hablando de inclusión. Estamos hablando de segregación con mejor packaging.

La LOMLOE no deja lugar a interpretaciones: la inclusión es un principio estructural del sistema, no una modalidad de escolarización entre otras. El Diseño Universal para el Aprendizaje, que la propia ley incorpora como marco de referencia, parte de una premisa opuesta al modelo UECO: el aula ordinaria debe transformarse para acoger a todo el alumnado. No se crean espacios paralelos. Se transforma el espacio común. Se transforma el espacio común.

Y el mismo documento de la Conselleria, en el apartado de orientación educativa, reconoce que es necesario evaluar "el actual marco normativo de inclusión y los resultados obtenidos, para diseñar uno más acorde con las necesidades actuales del sistema educativo". Es decir: admiten que el modelo no funciona. Y la solución que proponen mientras lo evalúan es abrir más aulas del modelo que no funciona.

La verdadera inclusión tiene otro coste. Ratios más bajas en el aula ordinaria ahora, no en 2030. PT suficiente para estar presente, no para aparecer. Orientadores con tiempo real de coordinación. Formación docente en horario lectivo. Todo eso es lo que permite que un aula ordinaria sea, de verdad, ordinaria para todos.

Construir más habitaciones separadas en la misma casa no es lo mismo que derribar las paredes

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