La desinformación, una amenaza para la ciencia y la sociedad
La ausencia de innovación y el exceso de burocracia administrativa: dos enemigos frontales del progreso.

Foto de familia tras la proclamacion de los galardonados en los premios Jaume I en el Palau de la Generalitat
Esta vez no es este modesto opinador quien lo afirma, sino el conjunto de jurados de los Premios Jaume I, incluidos los 25 Nobel -nuevo récord de asistencia- y todas las no menos prestigiosas autoridades científicas nacionales y locales que los conforman.
Con la inteligente ironía que caracteriza al presidente ejecutivo de la Fundación, el profesor Javier Quesada, anunció con anterioridad el “antipremio Jaume I” con la denuncia de ausencia de innovación y el exceso de burocracia administrativa. Dos enemigos frontales del progreso científico. Vale decir, del progreso.
Y, en el tono piadoso que evita confrontación, alertan simultáneamente sobre la necesidad -manifiesta obviedad- de hacer un uso ético de la inteligencia artificial reconociéndo a la vez la importancia de esta poderosa herramienta de conocimiento.
He leído que alguien ha recordado que nuestros ancestros no tardaron en superar el peligro del fuego para, domesticándolo, someterlo útilmente a la actividad humana.
La trayectoria emprendedora, investigadora, académica y profesional de los premiados -una mujer y seis hombres en una convocatoria con algo menos de un tercio de candidatas- no deja lugar a dudas sobre la consolidación científica de unos premios que, en palabras del presidente de la fundación, si no tienen el glamour de alfombras rojas y galas nacionales, se mantienen pioneros desde 1989 y constantes en el reconocimiento de la excelencia científica con los mejores testigos de cargo.
Es de celebrar la participación generosa de las empresas e instituciones que lo hacen anualmente, materializando el principio de colaboración público privada. Así como el compromiso y entrega de la Fundación.
En el ámbito de la Comunitat Valenciana, inmersos todavía en la reconstrucción social, económica y medioambiental tras la Dana de Valencia, diversas infraestructuras -estructuras territoriales en la práctica- básicas en materia de prevención, movilidad o calidad paisajística (como es el caso de La Albufera) y otros proyectos de futuro no sólo no pueden seguir obstaculizados sino que necesitan agilizarse de la mano del rigor científico.
No en vano los jurados alertan de la amenaza para el progreso que supone lo contrario.
Tanto las palabras institucionales en el acto de proclamación del Molt Honorable Pérez Llorca, así como las diversas declaraciones de la alcaldesa Catalá, se me antojan coherentes con los hechos que demuestran cada vez mayor confianza en las instancias científicas y la erradicación de criterios puramente ideológicos en la gobernanza política. Se multiplican los convenios y acuerdos con las universidades públicas valencianas, se crean comités -ciertos- de expertos. Se refuerzan los mecanismos y herramientas de trasparencia y participación ciudadana. Y todo ello es muy bienvenido.
Tanto como el Papa León XIV, que por cierto y aunque esta vez no nos visite, viene también cargado con la IA y un claro mensaje de reconciliación social. Bienvenido a España, Santidad.