el pupitre de pilu
El consejero tiene el despacho fresquito. Los niños, manga corta y a inspirarse

Niños se abanican en clase por el calor
Hay una frase que me persigue esta semana y que no consigo quitarme de la cabeza. La pronunció Mariano de Paco, consejero de Cultura de la Comunidad de Madrid, en plena Asamblea regional, mientras se debatía qué hacer con los miles de niños y niñas que llevan semanas estudiando con temperaturas que rozan los 35 y 40 grados dentro de las aulas. Su respuesta: «El calor, a lo mejor, es fuente también de inspiración».
La frase no es una ocurrencia suelta. Forma parte de un argumentario perfectamente construido. De Paco explicó que él estudió la EGB en Murcia, que allí sí que hacía calor de verdad, que aquí está entero, y que por cierto Vicente Medina escribió «Cansera» con ese mismo calor murciano. Lo remató con un detalle doméstico de los que quitan el hipo: esa mañana, para llevar a su hija al colegio, le había puesto una camiseta de manga corta y un pantalón corto. «Como hemos hecho toda la vida», añadió.
No sé por dónde empezar
Empecemos por Vicente Medina. «Cansera» es un poema de 1898 que habla del agotamiento del huertano murciano, de la fatiga ante las adversidades, de la España del 98 que aplastaba a los de abajo con sequías, guerras y caciquismo. La cansera no es un elogio del sufrimiento. Es exactamente lo contrario: el grito de quien está harto de aguantar lo que podría evitarse. Que un cargo público use ese poema para justificar que los niños pasen calor en las escuelas públicas en 2026 es, cuando menos, una ironía que al propio Medina le habría sacado los colores.
Sigamos con la manga corta. Ángel Gabilondo, el Defensor del Pueblo, ha recibido en las últimas semanas unas 400 quejas por calor en centros escolares de toda España; en el mismo periodo del año anterior fueron 30. Las quejas se han multiplicado por trece en un solo año. En Asturias tuvieron que cerrar dos colegios porque no podían garantizar condiciones mínimas de seguridad. En Madrid capital, los termómetros marcaban 30 grados a las 9:30 de la mañana en un colegio del centro. En el IES La Morería de Mislata, los alumnos hacían Educación Física a 40 grados en un patio sin sombra. Y la solución del consejero es: pantalón corto.
Mientras tanto, la Consejería de Cultura que dirige el propio De Paco acaba de licitar un contrato de 108.000 euros para el mantenimiento del aire acondicionado de sus sedes y despacho, con vigencia hasta diciembre de 2028. El despacho del señor De Paco, bien fresquito. Las aulas de los hijos del señor De Paco, con manga corta y a inspirarse.
Su compañera de gabinete, la consejera de Educación Mercedes Zarzalejo, ya había marcado el tono unos días antes con una frase que parece sacada de un manual de cómo no gestionar una crisis: «Cuando hace calor, hace calor». Dicho en la Asamblea. Con micrófono. Para que constara en acta. Porque, por lo visto, el problema es que nadie en esta comunidad se había dado cuenta de que en junio sube la temperatura.
Y mientras todo eso ocurría en Madrid, yo miraba desde aquí, desde la Comunitat Valenciana, con una mezcla de rabia y reconocimiento. Porque lo que describe el consejero De Paco no es el problema de una comunidad autónoma. Es el problema de toda España. Y esta tierra lo conoce mejor que ninguna.
Los docentes valencianos llevan más de un mes en huelga indefinida —la que comenzó el 11 de mayo— reclamando, entre otras cosas, aulas adaptadas al calor y al frío. No es un capricho de sindicalistas. Es que los sindicatos de enseñanza llevan años advirtiendo que en muchos centros el profesorado combate el calor con medios propios: ventiladores traídos de casa, botellas de agua, persianas bajadas. La solución bricolaje de siempre, pero con treinta y pico grados dentro.
La Conselleria de Educació ha reaccionado esta semana con una nueva orden que contempla, como gran novedad, poder hacer jornada reducida de 8:00 a 13:00 en secundaria, bachillerato y FP durante los meses de junio y septiembre. El sindicato mayoritario STEPV valora que «por primera vez la conselleria reconozca formalmente la necesidad de adoptar medidas específicas ante las altas temperaturas». Pero añade que el documento se queda corto porque no resuelve el problema de fondo: las infraestructuras. El plan de diagnóstico de climatización anunciado en enero aún está en fase de estudio y no se espera que concluya hasta finales de 2026. Mientras, la Confederación de AMPA Gonzalo Anaya habla ya de «incidencias reiteradas» y de una «situación insostenible por inacción de la Conselleria».
Hay municipios valencianos que no han esperado. El Ayuntamiento de Quart de Poblet acaba de aprobar el alquiler de 46 equipos de refrigeración evaporativa para sus colegios públicos de Primaria, operativos en junio, septiembre y octubre. Un ayuntamiento poniendo parches a lo que debería ser una política estructural. Bienvenido el parche, sí. Pero parche al fin.
Lo que no dice ningún consejero, ni en Madrid ni en Valencia, es esto: el calor extremo en las aulas puede reducir hasta un 30% el rendimiento académico. La normativa española fija en 27 grados la temperatura máxima tolerable en espacios de trabajo sedentario. Los colegios españoles fueron diseñados para un clima que ya no existe. Esto no es una queja de modernos sensibles: es un problema de salud pública y de equidad educativa.
Como docente con más de veinte años en las aulas, puedo decirles algo que quizás se les ha olvidado: no hay niño que aprenda bien a 38 grados. No hay maestro que pueda dar lo mejor de sí mismo sudando delante de la pizarra. El cerebro humano no funciona igual a esa temperatura. No es cuestión de fortaleza ni de postureo climático. Es biología básica.
Lo que más duele de todo esto no es la desvergüenza de las declaraciones. Es lo que hay detrás. Climatizar todos los centros educativos costaría, según reconoce la propia administración, en torno al 20% del presupuesto de obras. Es mucho dinero. Es un compromiso político serio. Y es, evidentemente, mucho más cómodo salir al pleno a citar a Vicente Medina o a publicar órdenes de jornada reducida que firmar ese presupuesto y ejecutarlo.
Así que sí, señor De Paco, tiene usted razón en una cosa. Lo que sentimos los docentes y las familias esta semana, en Madrid, en Valencia y en toda España, es exactamente cansera. No la del poema de Medina, no. La nuestra: la de llevar años explicando que la educación pública necesita inversión real, y seguir recibiendo como respuesta frases de perogrullo y metáforas literarias sacadas de contexto.
A su hija le ha puesto manga corta, señor consejero. Bien hecho. A la mía también. Pero ninguna de las dos va a aprender mejor por eso. Y mientras usted trabaja en su despacho climatizado por 108.000 euros de dinero público, hay miles de maestros y alumnos ahí fuera con calor de verdad, sin poesía que lo justifique.