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La distancia a la gloria es un punto. Espectáculo en el Roig Arena, el Barça se lleva el primer partido (112-113)

Partidos que se recuerdan cuando pasa el tiempo. El Valencia cae en el último segundo ante un gran Barcelona

Partido del Valencia Basket contra el Barcelona

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Día de calor pegajoso fuera… y de auténtico incendio dentro. El Roig Arena latía en naranja, como si el cielo hubiese bajado a las gradas. Y en medio de ese ruido, de ese pulso, de ese vértigo… dos gigantes decidieron no dar ni un paso atrás.

Empieza el partido y ya no hay calma. No hay estudio. No hay ese tanteo típico de final. Hay prisa. Hay ruido. Hay Valencia corriendo como si cada ataque fuera el último y el Barça llegando tarde a todo, un paso por detrás, un segundo fuera de ritmo, mientras el Roig Arena empuja. Y se acaba el primer cuarto y el marcador refleja lo que se ha visto en la pista 25-13. El Valencia ha entrado antes, mejor, más convencido.

Pero empieza el segundo cuarto, pasan los minutos y algo cambia. No es inmediato, no es evidente, pero se empieza a notar. El Barça deja de sufrir aparece el tiro, aparece el triple, aparece la respuesta sin necesidad de correr. Uno, otro, otro más. El partido deja de ser una carrera y empieza a ser un intercambio. Valencia sigue empujando, sí, sigue dominando la pintura, sigue castigando por dentro, pero el Barça ha encontrado otra vía, la del acierto, la de castigar desde lejos con una eficacia que empieza a equilibrar todo.

Ya no es un monólogo. Ahora el partido es un pulso. Valencia desde dentro. Barça desde fuera. Dos formas de hacer daño chocando al mismo tiempo. Dos maneras de imponer ritmo sin que ninguna ceda del todo. Y así, casi sin darse cuenta, el partido llega al descanso con Valencia aún por delante, pero ya sin esa sensación de control absoluto.

Y entonces llega ese momento que nadie ve venir. No hay jugada clave. No hay un gesto que lo cambie todo. Solo ocurre. Valencia deja de correr. El Barça empieza a decidir mejor. Cada ataque blaugrana tiene más sentido, cada defensa es más dura, más incómoda, más constante. El partido se espesa, se iguala, se transforma. Y cuando miras el marcador… ya es otro partido. 20-28 en el tercero. Ya no manda Valencia. Ya no domina nadie. Ahora es una batalla abierta.

El último cuarto ya no se juega con sistemas. Se juega con nervios, con orgullo. Valencia vuelve porque tiene que volver, porque el Roig no le deja caer, porque cada defensa empuja, cada recuperación levanta al pabellón, cada canasta se celebra como si fuera definitiva. Hay un parcial, hay un estallido, hay un momento de esos en los que todo parece inclinarse otra vez hacia el mismo lado. Pero el Barça sigue ahí. Siempre ahí. Sin hacer ruido a veces, sin imponerse del todo, pero sin desaparecer nunca. Responde con tiros que no se negocian, con decisiones que no dudan, con esa sensación de equipo que sabe sufrir y esperar. Y el tiempo empieza a pesar. Último minuto. Ya no hay táctica. Solo pulso. Valencia por delante. El Roig empujando. Todo preparado para el cierre perfecto…Y entonces pasa. Una jugada. Un balón. Un lanzamiento que no debería ser sencillo, pero entra. Clyburn. Empate. Y el tiempo se queda suspendido sin saber a quién pertenece ese momento. Prórroga.

Y ya nada es igual. Las decisiones toman el control, cada ataque cuesta más, cada error castiga más. El Valencia sigue compitiendo, sigue creyendo, sigue estando ahí en cada acción como ha estado todo el partido, sosteniéndose en su dominio interior, en su trabajo, en su consistencia —solo cinco pérdidas en todo el partido—, pero el Barça encuentra algo más: un poco más de claridad, un poco más de acierto. Porque este partido no se decide por dominio. Se decide por detalle. Última posesión. Último tiro. Y el balón no entra. Y ahí se acaba todo.

112-113. Un punto. Solo uno. Pero suficiente para separar dos caminos completamente distintos.

Y sí. Eso fue. Uno de esos partidos que no se explican.

Uno de esos partidos que no se olvidan. Porque hay noches en las que el baloncesto no son sistemas, ni porcentajes, ni estadísticas. Son momentos. Y este tuvo demasiados como para quedarse en uno solo.

Esto no ha terminado. Esto acaba de empezar.

Porque cuando una final arranca así…

cuando el baloncesto alcanza este nivel de belleza y sufrimiento…ya no hay favoritos, y lo que venga…promete ser historia.

Estadísticas

VALENCIA BASKET (112): Badio (20), Taylor (13), B. Key (13), Montero (24), Sako (5) -quinteto inicial- Pradilla (10), S. de Larrea (9), Moore (2), Thompson (-), Cardenas (5), Costello (9) y Sima (2).

BARÇA (113): Punter (14), Marcos (3), Fall (0), Clyburn (21), Shengelia (11) -quinteto inicial – Cale (7), Vesely (8), Brizuela (9), Hernangómez (0), Núnez (2), Laprovittola (20) y Parra (18)

Espectadores: 14.423 espectadores.

Parciales: (25-13 / 27-34 / 20-28 / 29-26 / 11-12)

Máximo anotador del partido: J. Montero (24)

Declaraciones

Xavi Pascual: Xavi Pascual habla de un partido bonito, de esos que engancha a la gente, de un equipo que empezó mal pero que fue creciendo hasta encontrar su sitio, hasta ganar desde la resistencia, desde la mentalidad, desde esa sensación de grupo que sabe lo que hace incluso cuando no domina.

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Pedro Martínez: Habla de detalles, de cosas a mejorar, pero sobre todo reconoce lo evidente: el acierto del rival desde el triple, ese golpe constante que el Valencia no acabó de frenar y que terminó inclinando la balanza. Y lo resume fácil: no se tenía que haber llegado a la prórroga… pero esto es basket.