Héroes en tiempos de guerra
Mona, Mu’ath o Anastasiia son personas asesinadas en conflictos armados por llevar hasta el límite su empatía con los animales y abandonar a quienes ni siquiera existen en tiempos de guerra.

Mona Khalil, creadora del santuario “Proyecto Casa Naranja”, asesinada en el Líbano.
Rescatar y cuidar animales es agotador. No hay horarios, no hay días festivos y las noches en vela se acumulan. Un día eres consciente que llevas un radar de serie y, sin buscarlo, detectas cualquier animal que necesita ayuda. Y una vez lo has visto, pasar de largo es imposible. Y ahí empieza todo.
Veterinarios, cuidados, alimentación, búsqueda de hogar… Y un corazón que late continuamente encogido, unos dedos que siempre están cruzados y una mente que nunca descansa.
En ocasiones, incluso esto deriva en un síndrome, llamado “fatiga por compasión”. Es la suma de mucha empatía por los animales, preocupación por su estado y frustración por no poder hacer más por ellos.
Si en una sociedad “avanzada” como la nuestra, y en “situación de paz” son muchísimas las personas que sufren este síndrome, no quiero imaginar qué debe ser preocuparse por los animales en una zona en conflicto. No tener comida que darles, en ocasiones ni agua potable, no tener acceso a medicamentos, a servicios veterinarios, saber que los proyectiles campan a sus anchas y que continuamente hay derrumbes de construcciones…
Por si sobrevivir en esas circunstancias no es ya tarea suficientemente compleja, preocuparse además por aquellos que aún en tiempos de paz son los últimos, es algo sobrehumano. Y por lo que en ocasiones hay que pagar con el más alto de los precios: la propia vida.
Ese ha sido el caso de Mona Khalil, de 76 años. Creó el santuario marino “Proyecto Casa Naranja” y llevaba más de 25 años protegiendo las a las tortugas marinas en el sur de Líbano. Era una voz autorizada y un referente en el cuidado de la biodiversidad y los sistemas costeros en Líbano. Pese a la situación de conflicto, no quiso abandonar el santuario por el que tanto había luchado, ni a los animales que necesitaban su ayuda.
Según información de diversos medios, hace unos días el ejército de Israel atacó el edificio del santuario, y ella murió como consecuencia de las graves heridas sufridas durante esa ofensiva.
O el caso del doctor Mu’ath Abu Rukba, de 30 años y el último veterinario del norte de Gaza. Le llamaban “El guardián de los animales”. Desde que comenzó la invasión de Gaza por parte de Israel estuvo ofreciendo asistencia veterinaria sin descanso a los animales heridos por los bombardeos, pese a no tener apenas medios para hacerlo. Colaboraba con la única organización de protección animal de Gaza, Sulala Animal Rescue. Durante el alto al fuego volvió a ver en qué estado había quedado su casa y ya nunca regresó. Encontraron su cuerpo unos días después, asesinado.
A Anastasiia Yalanskaya, la mataron a tiros militares rusos cuando se dirigía en un coche a entregar comida a un refugio de perros y gatos en Bucha, Ucrania, que llevaba tres días sin acceso a alimentos. Tenía 26 años. No quiso dejar su país para ayudar a los animales.
Mona, Mu’ath o Anastasiia son sólo algunas de las personas que han sido asesinadas en conflictos armados por llevar hasta el límite su empatía y no querer abandonar a quienes cuando se habla de guerra, ni siquiera existen. Sus historias, que hablan de valentía, de compromiso y de generosidad, deben ser contadas. Porque estos héroes deberían ser los verdaderos referentes de una humanidad que se enfrenta a un futuro incierto.
Porque, lejos de huir, de paralizarse y de centrarse en sobrevivir, que no es poco, y se corresponde con lo que haríamos la mayoría, son capaces de crear entre el humo de las bombas, el resplandor de las explosiones y el silbido de las balas un rayo de esperanza, que nos recuerda que la grandeza de las personas se encuentra en los actos aparentemente pequeños.
Y todos ellos han demostrado ser enormes. Que la tierra os sea leve.