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España vuelve a ser España: Exhibición ante Francia y billete para la final del Mundial
La selección de Luis de la Fuente derrota con autoridad (2-0) a la actual subcampeona del mundo, firma su mejor partido del campeonato y, dieciséis años después, vuelve a luchar por la Copa del Mundo.

Mikel Oyarkabal tras materializar el gol de penalti.
No es solo una clasificación para una final. Es la confirmación de que España ha recuperado su identidad. La selección ha firmado un partido memorable ante Francia, ha neutralizado a una de las plantillas más talentosas del planeta y ha vuelto a transmitir aquella sensación que enamoró al mundo en 2010: la de un equipo que juega, compite y gana como un auténtico bloque.
Dieciséis años después, España vuelve a estar en una final del Mundial. Y lo hace firmando, probablemente, el mejor partido del campeonato. La vigente campeona de Europa ha derrotado con autoridad a la selección que llegaba como gran favorita, la más goleadora del torneo y, además, la actual subcampeona del mundo. Un rival de máxima entidad que apenas encontró argumentos para discutir el dominio español.
España salió a jugarle de tú a tú a Francia. Sin complejos, sin renunciar a su estilo y con la personalidad de quien sabe perfectamente a qué juega. No cambió un ápice su propuesta por tener delante a Kylian Mbappé, Ousmane Dembélé o una de las plantillas con más talento del planeta. Al contrario. Impuso su fútbol de principio a fin.
Porque esta España es, ante todo, un equipo. Un bloque donde todas las piezas son importantes, donde el esfuerzo colectivo está por encima de cualquier nombre propio y donde cada futbolista entiende su papel a la perfección. Esa ha sido la gran diferencia.
La selección española desesperó a Francia. Desesperó a Mbappé, incapaz de encontrar espacios; desesperó a Dembélé, bien controlado durante todo el encuentro; desesperó a Ibrahima Konaté y terminó desesperando incluso a Didier Deschamps, incapaz de encontrar respuestas desde el banquillo. Resulta difícil recordar una selección francesa con tanto talento ofensivo y con tan pocas ocasiones claras de gol. España la anuló desde el primer minuto.
Y cuando Francia logró acercarse al área apareció Unai Simón. El guardameta volvió a demostrar por qué sigue siendo el dueño de la portería de España. En un momento en el que Joan García atraviesa un estado de forma extraordinario, respondió con una actuación de campeón, recogiendo el testigo de Iker Casillas y confirmando que la selección sigue teniendo un seguro bajo palos.
Los goles fueron el reflejo de la superioridad española. Mikel Oyarzabal abrió el marcador desde el punto de penalti en el minuto 22, demostrando una vez más su sangre fría en los momentos decisivos. Ya en la segunda parte, Pedro Porro firmó el 2-0 en el minuto 58, un gol que terminó por derribar cualquier esperanza francesa y confirmó una victoria incontestable.
Mientras en Francia el peso del juego recae sobre el talento de sus individualidades, España ha demostrado que el colectivo sigue siendo el camino más corto hacia el éxito. El grupo ha vuelto a imponerse a los nombres propios. El compromiso, el esfuerzo y la solidaridad han derrotado al brillo individual.
El camino tampoco ha sido sencillo. España ha tenido que dejar en la cuneta a Austria, Portugal, Bélgica y Francia. Cuatro rivales de enorme nivel y, entre ellos, la actual subcampeona del mundo, que tampoco encontró la manera de poner en aprietos a un equipo español que se mostró superior de principio a fin. Un recorrido propio de un campeón.
Otra de las grandes noticias que deja este Mundial es que España vuelve a ser España. Tras el inolvidable 2010, la selección siguió siendo respetada en el panorama internacional, conquistó una Nations League y volvió a tocar el cielo con la última Eurocopa, pero los Mundiales se habían convertido en una asignatura pendiente. Faltaba volver a competir cuando de verdad importaba. Faltaba volver a mirar a los ojos a las grandes potencias. Y este equipo lo ha conseguido.
Este combinado nacional ha recuperado el ADN de la mejor España que hemos conocido. La que lideraban Iker Casillas, Carles Puyol, Xavi Hernández, Xabi Alonso, Sergio Ramos, David Villa y Andrés Iniesta. No porque sean futbolistas iguales ni porque el estilo sea exactamente el mismo, sino porque vuelve a transmitir la misma sensación de autoridad, de confianza y de competitividad. Esa certeza de que España puede ganar a cualquiera.
Esta clasificación también supone un reconocimiento al camino recorrido durante tantos años. Al legado que comenzó a construir Luis Aragonés, que consolidó Vicente del Bosque y que hoy mantiene vivo Luis de la Fuente. Es el triunfo de una idea, de una forma de entender el fútbol que ha atravesado generaciones y que vuelve a situar a España entre las dos mejores selecciones del mundo.
Ahora solo queda esperar al vencedor de la otra semifinal entre Inglaterra y Argentina. Sea quien sea el rival, tendrá delante a una selección que ha llegado al momento decisivo en su mejor versión. Después del fútbol exhibido ante Francia y del camino recorrido en este Mundial, España ha dejado de ser una aspirante para convertirse en la gran favorita al título.
Hace dieciséis años, España conquistó el mundo. Hoy ha recuperado algo igual de importante: la convicción de que puede volver a hacerlo. A un solo partido de la gloria, esta selección ya ha devuelto la ilusión a millones de españoles y ha demostrado que el fútbol colectivo sigue siendo el mejor camino hacia el éxito. España vuelve a ser España. Y el mundo del fútbol vuelve a mirarla con respeto.