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Y así fue

Unidad de criterio, disciplina en la preparación e inteligencia estratégica de quien ha llevado la batuta han permitido el éxito deportivo. La comparación admite matices, pero el método es extensivo

Aficionados de la selección española celebran la victoria de España durante  la final del Mundial de fútbol 2026, en Pamplona.

Aficionados de la selección española celebran la victoria de España durante la final del Mundial de fútbol 2026, en Pamplona.Eduardo Sanz Nieto

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Terminaba mi artículo de opinión del domingo pasado con la frase “Pese a los incendios, toda España esta noche con España”, y así fue.

Con las excepciones que no vale la pena considerar -algunas marcadas por la violencia abertzale- toda España asistió a una velada que parecía interminable (larga fue desde luego) y amenazaba acabar con los nervios más templados. Hasta que llegó el gol del de Foios. Ferran, Ferran, Ferran Torres. Elevado ya a la categoría de los héroes nacionales.

¿Por todos? Pues por casi todos porque tampoco vale la pena considerar ahora las excepciones, también abertzales, que se han producido en la propia Comunitat. Luego hemos asistido al cúmulo de corolarios festivos e interpretativos que suelen seguir a los grandes acontecimientos. Y no cabe duda de que la segunda estrella en la camiseta pertenece a esa categoría. Aquí y allá.

Confesaré que mi particular interés por el fútbol profesional está guiado fundamentalmente por el de mis nietos, ya mayorcitos, y mi hija, que empezando por el Valencia hacen de ello una preocupación que, en ocasiones, va más allá de lo puramente deportivo y enlaza directamente con lo social. He viajado un par de días después del acontecimiento y me he encontrado estaciones y trenes, aeropuertos y aviones, repletos de gente de todas las edades, sexos y orígenes vistiendo camisetas de la selección española.

El oportunismo en lo político de algunos viene también a corroborar cómo el fútbol trasciende lo deportivo. Pero es mucho más grave que ocurra lo mismo en la lucha contra el fuego en los pavorosos incendios desatados, cuando me gustaría poder constatar “toda España con España y contra el fuego todo el año”.

Claro que las temperaturas extremas e inusuales pese a la época son un indicador irrefutable del cambio climático al que asistimos desde hace alguna década ya, pero parece que también el hecho ha devenido más en mantra que en el componente sustancial de esa cultura de riesgo en la que nos toca vivir y de sus consecuencias territoriales.

Se quejan amargamente agricultores y ganaderos, empresarios y trabajadores del campo, auténticos expertos en la materia, de la inexistencia de una política preventiva de los incendios durante la época en que son menos frecuentes. Y más concretamente, de la falta de gestión y limpieza de los bosques en los que las técnicas tradicionales de intervención productiva -pastoreo, recolección de leña, piñas o determinadas especies- son cuestionadas y habitualmente prohibidas por imperativo de una práctica urbanita diseñada en los despachos y alejada de la realidad por razones normalmente ideológicas.

Y lo hacen con razón, visto lo visto.

El cruce de insultos entre políticos de uno u otro signo y las acusaciones oportunistas sobre dotaciones y competencias, no sólo no ayudan sino que sitúan el problema en el ámbito de lo irresoluble. Aun cuando sus derivadas económicas son igualmente catastróficas y, a menudo, inasumibles con nuestras capacidades reales.

La selección española se vio sometida a un juego de pura resistencia, en ocasiones insólitamente agresivo, centrado en el protagonismo de un líder y la búsqueda inútil de un final favorable cueste lo que cueste. Pero la selección aguantó y triunfó.

Hoy, todos o casi todos estamos todavía celebrándolo, aunque ignoro por cuanto tiempo. Con la gestión de las catástrofes naturales, poco o nada hay que celebrar. Tal vez sea cuestión de paciencia, pero el asunto no da para más. Unidad de criterio, disciplina en la preparación e inteligencia estratégica de quien ha llevado la batuta han permitido el éxito deportivo. La comparación admite matices, pero el método es extensivo. Dios nos guarde. 

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