Cómo ignorar la Valencia que triunfa mientras se monta circo en Les Corts

La actitud de los portavoces del PSPV y de Compromís no es solo contradictoria: es reveladora ...

El valenciano Ferran Torres durante la celebración de la Copa del Mundo.AFP7 vía Europa Press

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Hay episodios que, más que escándalos, son radiografías. Y el montado por los portavoces del PSPV y de Compromís en Les Corts contra Juan Francisco Pérez Llorca por asistir —como particular y pagándose él mismo el viaje— a la final del Mundial en Nueva York es una de esas radiografías que revelan la verdadera naturaleza de cierta política valenciana: la que prefiere el ruido de las sospechas al silencio fecundo de los logros.

Los grupos socialista y de Compromís han convertido un viaje privado en un caso público. Han registrado iniciativas para exigir facturas, detalles sobre quién pagó los billetes, cómo se obtuvo la entrada y por qué, siendo un viaje “privado”, si el “president” fue invitado en calidad de tal. El portavoz del PSPV, José Muñoz, ha calificado el asunto de “escándalo” y ha puesto en duda que Pérez Llorca se haya costeado realmente el desplazamiento, sugiriendo que los precios de última hora harían “poco creíble” su versión. Desde Compromís, Joan Baldoví ha ido más allá: “¿Por qué Pérez Llorca es el único presidente al que invitan? ¿Se lo ha pagado él o se lo ha pagado una empresa?”, lanzando así el cebo de la sospecha sobre una presunta opacidad.

El propio Pérez Llorca ha respondido con contundencia: “Yo como persona normal he ido pagándome de mi bolsillo el viaje”, recordando que ni un solo euro salió de las arcas públicas y que cada miembro de la delegación abono sus billetes y hotel. El PP, por su parte, ha subrayado que el viaje “ha costado cero euros a los valencianos” y ha acusado a la izquierda de “no estar acostumbrada a que un “president” se pague lo suyo”.

Mientras en Les Corts se montaba el número de las “explicaciones”, el mundo entero celebró una final con sello valenciano:

- Ferran Torres, de Foios, marcó el gol del título. En el minuto 105 de la prórroga, el delantero valenciano dio a España su segundo Mundial con un tanto que llenó de orgullo a su pueblo en l´Horta Nord.  Las portadas del Wall Street Journal y del New York Times amanecieron con el rostro de un chaval de Foios, no con el de ningún político.

- Spanish Brass, quinteto valenciano de metales, interpretó el himno de España en el césped del MetLife Stadium, rodeados de los jugadores de La Roja, en una imagen que dio la vuelta al mundo. Los propios músicos lo han definido como “una experiencia que nunca olvidaremos”, y han destacado que “la final tuvo un importante acento valenciano: nosotros interpretamos el himno y Ferrán marcó el gol”.

- Nino Bravo, de Aielo de Malferit, cerró el show con “Un beso y una flor”. La canción del mítico cantante valenciano sonó por la megafonía del estadio tras el partido, convirtiendo el tema de los años 70 en el himno espontáneo de la afición y en banda sonora no oficial del Mundial. Más de cincuenta años después, Aielo de Malferit volvía a resonar en un estadio de Nueva Jersey como símbolo de la victoria.

La actitud de los portavoces del PSPV y de Compromís no es solo contradictoria: es reveladora. Molesta que un “president” se pague sus viajes. Molesta que un dirigente no dependa de la caja común para ir a un evento. Molesta, sobre todo, que la Valencia que triunfa en el mundo no sea la “suya”, la de los cargos intermedios, las subvenciones cruzadas o los informes de transparencia a medida, sino la de un chico de Foios, un quinteto de metal valenciano y un cantante de Aielo de Malferit.

Lo más grave de este episodio no es la exigencia de explicaciones —que podría ser legítima si hubiera indicios de irregularidad—, sino el silencio cómplice sobre la presencia valenciana en la final

Es más fácil montar un circo en Les Corts pidiendo facturas de un viaje privado que reconocer que la verdadera Valencia no necesita permiso institucional para brillar. Es más cómodo lanzar insinuaciones sobre “quién pagó la entrada” que celebrar que un hijo de Foios dio el título a España o que una banda valenciana sonó en la final más vista del planeta.

Lo más grave de este episodio no es la exigencia de explicaciones —que podría ser legítima si hubiera indicios de irregularidad—, sino el silencio cómplice sobre la presencia valenciana en la final. Ni una palabra de elogio a Ferran Torres. Ni una mención a Spanish Brass. Ni un reconocimiento a Nino Bravo. Solo dudas, insinuaciones y un afán de protagonismo que huele a vieja política.

Mientras Pérez Llorca se pagaba su billete y su hotel, la Valencia real marcaba goles, tocaba himnos y llenaba estadios con canciones que atraviesan generaciones. Que los portavoces del PSPV y de Compromís prefieran ignorarlo dice más de ellos que del “president”. Lamentable.