Opinión

Medio país arrasado (y II)

Imagen de los incendios

Creado:

Actualizado:

Lo prometido es deuda. Les anuncié que esta semana seguiría hablando de los incendios originados en Burgohondo (Ávila), pues son los que me tocan más de cerca. Lo ocurrido en Burgohondo es culpa de unos irresponsables que han actuado con una temeridad intolerable. El propietario de una excavadora, conocido como “El Perejil” —ya qué más se puede decir—, y el operario de esta fueron detenidos por su vinculación con el origen del incendio, mientras realizaban labores prohibidas. Porque, cuando se juega con fuego en pleno julio, lo que se quema no es sólo el monte, sino la vida de miles de personas que nada tienen que ver con su imprudencia.

Hablo con Piedad Arribas, concejala de El Barraco por el Partido Popular, de lo acontecido después del conato de incendio en el pueblo. Lo que se ha vivido allí ha sido de pesadilla, como en tantos otros pueblos abulenses. El fuego no entró en el casco urbano del Barraco, si bien arrasó con más de doscientas cincuenta hectáreas del término municipal, a la velocidad del rayo. Tan rápido se propagó que es posible que, en algunos casos, solo se hayan quemado las copas de los árboles, y no así el tronco y las raíces. Ahora toca evaluar los daños, aunque todavía persiste el miedo a que el fuego se pueda reactivar. Algunos habitantes de La Rinconada y visitantes del camping del Valle Iruelas se salvaron de milagro y fueron trasladados al deportivo municipal del Barraco, entre lágrimas y tensión. También llevaron a decenas de ancianos de una residencia, que tuvieron que salir de sus camas en El Tiemblo en mitad de la noche por la proximidad del incendio, aunque finalmente los derivaron a varias residencias de Ávila.

Hay muchos héroes anónimos jugándose el tipo en las labores de extinción: brigadistas, retenes, voluntarios y vecinos que salen con cubos, palas, o con lo que tengan a mano a apagar el fuego. Piedad destaca, en primer lugar, la implicación de los jóvenes, que estuvieron ayudando en primera fila. Es sin duda una gran esperanza. Por otra parte, en el polideportivo del pueblo acogieron a un centenar de bomberos voluntarios, venidos de toda España. Mientras, otros discuten en platós con aire acondicionado, ajenos a la realidad. En todo caso, ¿cómo puede ser que quienes defienden el país en los peores momentos tengan contratos temporales, equipos y medios insuficientes? ¿Cómo puede ser que dependamos de la buena voluntad de los pueblos para salvar lo que debería proteger el Estado? Pero no hay más remedio, si queremos tener un futuro, que defenderlo con uñas y dientes. Muchísimas gracias a todos, porque sin ellos la tragedia sería aún mayor, dado que con los medios oficiales es obvio que no se da abasto para la extinción.

Piedad dijo que van a solicitar los permisos necesarios para limpiar el monte de La Cebrera, con el apoyo de voluntarios. Considero que no debería ser necesario pedir permiso para realizar labores de limpieza, pero lamentablemente estamos en manos de los burócratas y no hay otro remedio. Es un disparate: resulta imposible que un vecino pueda retirar cuatro ramas secas, sin arriesgarse a una multa. La Ley 42/2007, que nació con buena intención, se ha convertido en una trampa que impide gestionar el campo con sentido común. Hemos prohibido limpiar el campo y los bosques, pero no nos hemos dotado de los mecanismos necesarios para evitar que se quemen. Todos los municipios y las diputaciones, con la colaboración ciudadana, se han de implicar en las labores de limpieza de los montes y los cauces de los ríos y arroyos en invierno, para tratar de evitar este tipo de tragedias, o minimizar sus efectos.

También me comentó la concejala que los bulos se habían empezado a propagar a mayor velocidad que los incendios, alertando innecesariamente a la población de la existencia de fuego donde no lo había. Ya se sabe que idiotas hay en todas partes y si volaran a la vez no se vería el sol.

A todo esto, hay un silencio que huele a chamusquina, nunca mejor dicho. No digo que todos los incendios tengan intereses crematísticos detrás, pero es llamativo que algunas zonas quemadas acaben convertidas, años después, en proyectos energéticos, urbanísticos o turísticos. Algunos pirómanos campan a sus anchas, dado que muchos de los incendios son provocados —según el Ministerio para la Transición Ecológica, MITECO, el 25% de los incendios lo son—, lo que sugiere intereses oscuros, y más del 50% se deba a la intervención humana. El origen del fuego no siempre es inocente, como todos sospechamos. Por cierto, ya van varias veces que oigo que origen del fuego está en un vehículo que ardió al borde de una carretera, ¿es casual?

El cambio climático agrava la situación, pero no tiene nada que ver con las negligencias y ni mucho menos con los incendios provocados. Usarlo como excusa es una forma cómoda de echar balones fuera, cuando en realidad la gestión que se está haciendo de este gran problema nacional es más que deficiente.

Por todo ello, necesitamos un cambio normativo urgente. Un pacto de Estado para la prevención de incendios por el bien común, con una dotación presupuestaria adecuada y el compromiso de todas las instituciones en esta tarea. Y, sobre todo, responsabilidad política real, sin discursos vacíos de contenido. Porque, si no hacemos nada, el capítulo III de este relato, que querría no haber escrito, lo escribiremos con ceniza. Mi amiga Amparito añadió, al leer mi columna anterior: “y el presidente del Gobierno cinco semanas de vacaciones”. Pues eso.

Por cierto, que no van a ser todo malas noticias: ¡viva el Castañar de El Tiemblo! Se salvó de la quema gracias a la protección especial que se organizó alrededor de este precioso bosque centenario. Gracias, gracias, gracias.