ESdiario

opinión

Luis Motes

Luis Motes

Periodista

Llorca le madruga a Al-Khelaïfi

¿Quién ha tenido la habilidad inopinada de hacerse con sus derechos publicitarios sin adelantar un euro? La Comunitat Valenciana, fichando al delantero antes que el PSG de los petrodólares.

Un niño con el mensaje de la famosa gorra de Ferran y a la izquierda el president de la Generalitat fichando al delantero de la selección española y héroe del Mundial

Un niño con el mensaje de la famosa gorra de Ferran y a la izquierda el president de la Generalitat fichando al delantero de la selección española y héroe del Mundial

Creado:

Actualizado:

Tercera crónica agosteña y vamos a hablar de fútbol, materia de la que algo aprendí por exilio y algunos trienios. Es el fútbol cosa compleja, pero ciñéndonos a los hechos, por aquí, por Valdevaqueros, Zahara y Los Lances, lo que se ven son camisetas de Lamine… y de Ferran Torres, recientemente homenajeado en su tierra. En cuanto a futbolistas, lo más cerca que tuve en la familia fue un primo querido, que aún lo es, que estuvo a punto de debutar en Mestalla y en Primera. Convocado por Don Francisco Real, al final el joven reclutado de Paterna se quedó calentando en la banda cuando su dorsal ya se encontraba en la mano del auxiliar. Luego ha triunfado en otros ámbitos, doy fe, no en el balompié. Es complejo esto del fútbol, pero el bueno de Paco Real, al ser interpelado en un pospartido por si le gustaba el baloncesto, contestó taxativo: “massa gols”.

En fútbol no hay demasiadas oportunidades, se tiene una o ninguna y Ferran aprovechó la suya, en New Jersey. Por dar contexto, lo del fútbol está desabrido. RTVE se va a gastar lo que no tiene en derechos con su apuesta por el fútbol, más de 600 kilates hasta 2032. Vox ha pedido apartar a Marruecos del Mundial este tricolor y reclama que España conserve la final. Y en pleno soufflé, llega Torres, se enfunda una gorra MAGA, una pulsera de la Guardia Civil y la lía parda. ¿Es Ferran Torres el personaje de moda? Puede. Y ¿quién ha tenido la habilidad inopinada de hacerse con sus derechos publicitarios sin adelantar un euro? La Comunitat Valenciana, fichando al delantero antes que el PSG de los petrodólares. En esta tesitura, enfundado en una señera en la final, Ferran Torres, sin querer, ha encarnado el valor de pertenecer.

Hay palabras cuyo significado parece evidente hasta que uno intenta explicarlas. Esta, “pertenecer”, es una de ellas. Todos intuimos lo que significa, pero resulta mucho más difícil describir el momento exacto en que una persona deja de ser únicamente ella misma para convertirse en alguien en quien una comunidad empieza a reconocerse. Ese instante no se decreta y, desde luego, no puede improvisarse. Se construye lentamente, a partir de unos gestos y de una forma de relacionarse con el lugar del que uno procede. Miren, por ejemplo, a Cucurella. Llevo varios días dándole vueltas al caso de Ferran Torres. Cuanto más leo sobre él, menos creo que estemos hablando de fútbol. Las declaraciones sobre su futuro, la dureza con la que cierta prensa deportiva catalana ha recibido sus gestos o su nombramiento como embajador de la Comunitat Valenciana parecen formar parte de una misma historia. Sin embargo, sospecho que son relatos diferentes construidos alrededor de una misma persona.

Umberto Eco sostenía que los símbolos nunca tienen un significado definitivo porque ese significado no vive en el símbolo, sino en quien lo interpreta. Quizá por eso Ferran puede convertirse, al mismo tiempo, en un futbolista que incomoda a una parte del entorno del Barça y en un motivo de orgullo colectivo para la Comunitat Valenciana y eso, sin que haya cambiado un solo hecho objetivo. Ferran sigue siendo el mismo. Lo que cambia es la forma de mirarlo.

El diario Sport, a través de uno de sus columnistas, ha llegado a reprocharle su caída en una especie de "suicidio comunicativo". Otros han reconocido al campeón del mundo nacido en Foios, y algún avispado en la Plaza de Manises ha dado con la tecla. Es precisamente ahí donde, a mi juicio, aparece el interés de la decisión adoptada por Juanfran Pérez Llorca o quien le haya aconsejado en su decisión de convertirlo en icono. No por el nombramiento como embajador de la Comunitat, sino por la capacidad de reconocer el valor público de esa pertenencia. Ferran ya representaba algo para muchísimos valencianos antes de ser embajador. El reconocimiento institucional no crea ese vínculo, sino que lo hace visible, lo incorpora al relato colectivo.

Hay un detalle que me parece especialmente revelador. Mientras buena parte de la conversación sigue girando alrededor del dinero, del mercado, de su marcha al PSG, Ferran acepta representar institucionalmente a la Comunitat Valenciana sin percibir honorarios. Ojo, en esto discrepo. Profesionalmente hay que recuperar, en base a honorarios, el compromiso, la dedicación. Ese dato, la generosidad, no convierte a nadie en mejor o peor persona, pero modifica profundamente la lectura de los hechos. El precio deja paso al significado y, desde el punto de vista de la comunicación, pocas operaciones resultan más eficaces que desplazar una conversación desde el valor económico hacia el valor simbólico.

Quizá ahí resida una de las grandes lecciones de la comunicación pública. Las instituciones suelen dedicar enormes esfuerzos a construir símbolos cuando los más valiosos ya existen. La verdadera inteligencia consiste en reconocerlos a tiempo, comprender qué representan para la sociedad y ofrecerles un espacio desde el que ese sentimiento compartido pueda expresarse. Pérez Llorca ha entendido precisamente eso: que Ferran Torres no necesitaba convertirse en un símbolo porque llevaba tiempo siéndolo. Y, en fin, llegados a este punto, solo queda la ironía. El mayor símbolo futbolístico de nuestra tierra, en este momento, sin tanto currículum pero con más éxitos que Claramunt, Cubells o Fernando Gómez, ha encontrado antes un relato compartido en el Palau de la Generalitat que en Mestalla. No hace falta desarrollar mucho más esa idea. La historia reciente del Valencia CF completa el desacato. Los contratos se renegocian, los mercados cambian, las polémicas terminan apagándose. La pertenencia funciona de otra manera.

Y quizá esa sea la verdadera jugada maestra de Pérez Llorca: mientras otros discuten cuánto vale Ferran Torres en el mercado, la Generalitat ha entendido cuánto puede valer lo que representa. El fútbol podrá cambiar de camiseta, de estadio y de contrato, pero hay vínculos que no cotizan en ningún mercado. Y esos, cuando se reconocen a tiempo, son los que terminan haciendo historia.

tracking