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Juanfran Pérez Llorca entre bambalinas: "A veces la burocracia me subleva. Es una asignatura pendiente"

Tras algo más de 200 días al frente de la Generalitat Valenciana, el presidente repasa sin boato su adaptación al cargo, desvela sus manías lejos de los focos y defiende una forma de hacer política volcada en resolver y alejada de la mentira.

El president de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca

El president de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca

Miki López
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Hay un momento, al caer la tarde, en el que el protocolo se disuelve. El presidente se despoja de la chaqueta, se calza las zapatillas deportivas y sale a caminar por las calles de Valencia. Sin escolta a la vista ni artificios, ni "boatos". Es el ritual de Juanfran Pérez Llorca tras superar el umbral de los 236 días al frente de la Generalitat Valenciana: un paseo para ordenar las ideas y volver a conectar con el ritmo de la calle.

"El cambio ha sido drástico, radical. Pasar del municipalismo a presidir la Generalitat te hace sentir que han transcurrido muchos más días de los que dice el calendario", confiesa. Pese a la intensidad del vertiginoso desembarco, asegura sentirse cada vez más asentado en el cargo. La estabilidad presupuestaria y la capacidad de llegar a acuerdos le otorgan la serenidad necesaria para pilotar el día a día, aunque el peaje personal —admite sin rodeos— siga siendo elevado.

"Si haces algo mal y te critican, aguantas el chaparrón porque te corresponde. Pero duele cuando se miente para dañar la imagen de alguien o hacer daño a su entorno. Un político que hace eso es un mal político porque es una mala persona"Pérez Llorca, president de la Generalitat

La política de las cosas pegadas a la tierra

A diferencia de quienes han hecho carrera exclusivamente en los despachos autonómicos, Pérez Llorca reivindica la "deformación profesional" de haber sido alcalde. Del municipalismo conserva una impaciencia casi obsesiva por resolver rápido los problemas reales de los ciudadanos. Por eso, si hay algo capaz de sacarle de quicio, es el papeleo.

"Me cabrea muchísimo la burocracia. Mira que hemos hecho simplificación administrativa dos veces, pero es la gran asignatura pendiente. La sociedad merece que seamos mucho más ágiles y, a veces, la propia Administración no te deja. Eso me subleva".

Esa misma alergia al artificio la traslada a las tensiones del debate público actual. Lejos de esquivar la autocrítica, el presidente señala a la mentira como el mal endémico de la vida pública: "Si haces algo mal y te critican, aguantas el chaparrón porque te corresponde. Pero duele cuando se miente para dañar la imagen de alguien o hacer daño a su entorno. Un político que hace eso es un mal político porque es una mala persona".

Un viaje en silencio, una charanga y el Puig Campana

Cuando entra en su casa, la consigna es clara y compartida por la familia: hablar de política lo justo y necesario para evitar el colapso. En la intimidad, emerge un perfil menos encorsetado que disfruta del teatro, la lectura de evasión y la montaña sobre el mar.

De carácter admitidamente terco —"como buen Tauro"—, sorprende al confesar sus hábitos al volante. Es capaz de completar un trayecto de tres horas de coche en absoluto silencio, simplemente pensando. Pero cuando la música suena, aflora el arraigo valenciano: "Si escucho una charanga de pueblo, aunque sea a lo lejos, se me empiezan a mover las piernas solo".

Tampoco escatima elogios al deporte de la Comunitat. Tras la victoria en el Mundial de la selección española de fútbol, resalta el orgullo por el papel de valencianos como Ferran Torres o Grimaldo, celebrando "el triunfo del bloque por encima de las individualidades", mientras ojea con cierta inquietud de aficionado el mercado de fichajes de su querido Elche CF.

En pocas palabras: el test personal

Una palabra que le defina: Alegría.
​Un rincón de la Comunitat: El Puig Campana.
​Un plato: Una buena paella.
​Una canción: Yo no te pido la luna.
​Personas imprescindibles: Su pareja, sus dos hijas, sus padres y sus dos hermanas.
Una virtud: soy una persona bastante compresiva.
Un defecto: soy un poco terco.
​¿Mar o montaña?: Sin duda, montaña.

Al ser preguntado sobre cómo le gustaría ser recordado el día que abandone el Palau de la Generalitat, rechaza la solemnidad de los grandes discursos. "Cuando dejé la alcaldía ya entendí que uno ocupa un lugar en un momento determinado. Lo importante es darlo todo mientras estás. Cuando esto termine, mi misión habrá acabado y vendrá otro. Solo estaré en deuda con la gente que me dio la oportunidad de asumir esta responsabilidad".

Y quizá sea precisamente esa última reflexión la que mejor resume el perfil que Pérez Llorca quiere proyectar desde el Palau: el de un presidente que entiende el poder como una responsabilidad temporal y no como una propiedad personal. Después de más de 200 días al frente de la Generalitat, entre la presión del cargo, las decisiones políticas y los inevitables focos, el presidente reivindica una forma de hacer política pegada a la realidad, con menos artificio y más capacidad para resolver los problemas cotidianos de los valencianos.

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