opinión
Sedaví, plenos a puerta "digital" cerrada

Raúl Hellín, portavoz del PP en Sedaví
Hay decisiones políticas cuyo verdadero alcance se comprende con el paso del tiempo. En 2019, el Grupo Municipal Popular presentó en el Ayuntamiento de Sedaví una moción para que los plenos fueran retransmitidos por Internet y cualquier vecino pudiera seguir desde su casa aquello que sus representantes debatían y decidían en su nombre. La propuesta fue aprobada por unanimidad. Siete años después, aquel acuerdo continúa sin hacerse realidad.
Lo sucedido tras el último pleno demuestra por qué aquella iniciativa era necesaria. Y resulta todavía más difícil de comprender cuando basta mirar a nuestro alrededor: municipios muy próximos a Sedaví, como Paiporta, Picanya, Catarroja, Massanassa o Albal, han incorporado la retransmisión o difusión digital de sus sesiones plenarias. No hablamos, por tanto, de una innovación tecnológica ni de una extravagancia de la oposición, sino de una práctica habitual en nuestro entorno y, sobre todo, de cumplir un acuerdo que el propio Pleno de Sedaví aprobó por unanimidad en 2019.
La pregunta resulta inevitable: ¿por qué siete años después seguimos sin retransmitir los plenos?
Después de cada sesión comienza legítimamente la discusión política sobre lo sucedido. Cada partido tiene derecho a explicar sus posiciones, defender sus argumentos y criticar los del adversario. El problema aparece cuando la interpretación empieza a ocupar el lugar de los hechos y una nota de prensa termina teniendo más capacidad para fijar lo sucedido que el propio pleno.
Estos días hemos tenido un ejemplo especialmente revelador. Hemos leído versiones en las que determinadas posiciones e incluso intervenciones aparecen incorporadas al relato de la sesión, pese a que algunas de las personas a las que se atribuye haber expresado determinadas consideraciones ni siquiera tomaron la palabra. Cuando llegamos al punto de reconstruir no solo lo que alguien quiso decir, sino incluso lo que supuestamente dijo quien no habló, dejamos de estar ante una legítima interpretación política para entrar en un terreno bastante más preocupante.
Precisamente ahí aparece el verdadero valor de la transparencia. Si el pleno hubiera sido retransmitido y su grabación estuviera disponible públicamente, no sería necesario creer al Partido Popular, al Partido Socialista ni a ningún otro grupo. Cualquier vecino podría comprobar qué ocurrió, quién habló, qué defendió cada formación y cuál fue el sentido de cada votación. No se trataría de sustituir un relato por otro, sino de permitir que el ciudadano acudiera directamente a los hechos y sacara sus propias conclusiones.
Porque la transparencia no consiste únicamente en publicar documentos, crear portales institucionales o invocarla constantemente en los discursos. Consiste en aceptar que los ciudadanos puedan observar, fiscalizar y contrastar directamente aquello que hacemos quienes ejercemos una responsabilidad pública.
El Pleno no pertenece al alcalde, ni al gobierno, ni a la oposición. Pertenece democráticamente a los vecinos de Sedaví. Allí se toman decisiones sobre sus impuestos, sus servicios públicos, sus calles y su municipio, y resulta difícil justificar que en 2026 esos mismos vecinos todavía no puedan seguir desde sus casas aquello que sus representantes debaten en su nombre.
Una cámara en el salón de plenos es, por tanto, mucho más que una cuestión tecnológica. Es una garantía democrática y una memoria objetiva de lo sucedido. Una grabación no tiene ideología, no redacta notas de prensa, no selecciona titulares ni necesita ganar ninguna batalla política; simplemente permite que los ciudadanos comprueben la realidad sin intermediarios.
Por eso resulta difícil explicar que una moción aprobada por unanimidad en 2019 continúe pendiente siete años después. Votar a favor de la transparencia es sencillo; practicarla cuando permite comprobar sin filtros lo que sucede dentro de una institución parece, a la vista de los hechos, bastante más complicado.
Reclamamos que se publique íntegramente la grabación del último pleno y, sobre todo, que se cumpla de una vez el acuerdo de 2019 para retransmitir las sesiones municipales y mantenerlas accesibles para todos los vecinos. No pedimos que los ciudadanos crean nuestra versión; pedimos exactamente lo contrario: que no tengan que creer la versión de nadie, porque puedan ver, escuchar, contrastar y formarse su propia opinión.
Siete años después, Sedaví sigue celebrando sus plenos a puerta «digital» cerrada. Lo ocurrido estos días demuestra que abrirlos no es una cuestión de modernidad, sino de calidad democrática. Porque la mejor respuesta frente a cualquier intento de imponer una determinada versión de los hechos no es construir otra versión, sino poner la realidad al alcance de todos.
Y entonces ocurre algo que en política algunos parecen olvidar:
el dato mata el relato.