Con la lluvia y el monzón
Hay una distancia entre Kerala y España, mayor que la que se mide en kilómetros, en usos y costumbres que hoy por hoy y en mi opinión arroja un saldo positivo para la primera

Misa del día de la Asunción en Cheminakry, Kerala, (India)
“Con la lluvia y el monzón llegan a casa, en Kerala, complacientes las ranas de visita” es una versión apócrifa de la -muy probablemente también- que cita Byung-Chul Han en su ensayo Ausencia como poema coreano.
Siempre atento y dadivoso me lo da a conocer mi colega y gran amigo (¡colega, vaya!) Magín Ruiz de Albornoz. En la playa de Oliva él, yo en la aldea Keralense de Cheminakry, con eclipse de por medio ambos encendiendo velas para alabar la noche como los chinos en la antigüedad.
De madrugada sin embargo, recién amanecido, se desplaza el cura de una localidad cercana a decir misa en la pequeña iglesia dedicada a la Virgen María, donde la reducida comunidad cristiana de apenas cincuenta familias cumple con su deber dominical. Y me gusta acompañarlas.
Los menores en las dos o tres primeras filas, a la derecha las mujeres y los hombres a la izquierda, descalzados todos y vestidos con esmero para la ocasión, tres generaciones comparten semanalmente un ritual festivo y entrañable, cantado la mayor parte y en malayam, que es el idioma autóctono. Investido de coloristas casulla y capa pluvial, el joven sacerdote local, formado durante algunos años en Roma, imparte ceremoniales bendiciones a sus fieles asistido por media docena de monaguillos y el correspondiente sacristán. Dos o tres mujeres de diferentes edades, dirigen la epístola y otros salmos y admoniciones.
En retrospectiva de mi niñez me hace recordar a D. Vitoriano -que tenía malas pulgas y merendaba a menudo en casa- oficiando en la capilla románica de Bercedo (Burgos) a la que yo acudía con mis padres y mi abuela Rosa. Los hombres de edad mediana se sitúan al fondo, casi en la puerta para reunirse después de amable cháchara con una “porotta” recién hecha (un tipo de torta ácima tradicional) y “chaia” (té especiado con leche) en uno de los barecitos cercanos al templo. Allí lo hacían en la fonda de la plaza.
Y no es mala forma de terminar la semana, o de empezarla, porque el calendario en estas latitudes suele colocar el día del Señor como inicio.
Hay una distancia entre Kerala y España, mayor que la que se mide en kilómetros, en usos y costumbres que hoy por hoy y en mi opinión arroja un saldo positivo para la primera. Compatibles con el indiscutible progreso tecnológico de este Estado federal que el día de la Asunción celebraba algo menos de cincuenta años de independencia. Y con el prestigio, por ejemplo, del Indian Institute of Science, incluido como la UPV entre los mejores del mundo en el ranking de Shanghai, o del Indian Institute of Management -ambos en Bangalore- proyectado por el Pritzker Balkrishna Doshi (modernidad y tradición) a quien tuve oportunidad de tratar. En el mantenimiento de las tradiciones y el cuidado con sus más propias señas de identidad, apenas necesita de regulaciones administrativas para su salvaguarda.
Amenazado no obstante por la globalidad en las grandes urbes -que como es sabido no son pocas en este inmenso territorio- el medio rural, lejos del execrable abandono al que asistimos en España, conserva actividad agrícola y calidad medioambiental que ahora mismo estimo envidiable.
Es cierto que se producen también migraciones de carácter laboral, curiosamente del norte del país hacia el sur. Y desde aquí hacia Emiratos o Arabia Saudí. Sobre todo de los más jóvenes. Pero el resultado más frecuente es el regreso tras haber ganado un dinerito a invertir en mejoras o emprendimientos en origen.
Como las ranas del poema, me he colado de visita en una cultura profunda que quinientos años atrás suscitó el interés de reyes y navegantes ilustrados y hoy, lamentablemente, muchos han olvidado y unos pocos idiotas quisieran cancelar.
No podrán.