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Los tenemos en las barbas

Sólo Pedro Sánchez puede hacerlo poniendo los bemoles sobre la mesa

Visita de Pedro Sánchez a Ceuta

Visita de Pedro Sánchez a Ceuta

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“Cuando las barbas de tu vecino veas afeitar, pon las tuyas a remojar”, vieja recomendación, ocasionalmente imperativa, de cuando los barberos sacamuelas recorrían la España rural para adecentar uno tras otro a los obreros que no tenían ni tiempo ni apenas medios para cuidar su higiene en épocas de mucho trabajo agrícola con jornadas agotadoras solo aliviadas por una sentada para reponer fuerzas alimenticias, liarse un cigarro o relajarse profundamente algunas horas sobre un catre destartalado.

Los aforismos cambian con cada época histórica, pero quedan los significados y los significantes; por eso nos viene desde el espejo nemotécnico en la compleja posibilidad de una próxima acción indefectiblemente obligada contra Marruecos en defensa de nuestro territorio nacional, y van tres. Más temprano que tarde deberemos decidirnos ante la jofaina tomando cuidadosamente la peligrosa por afilada navaja barbera que afeite al ras (preferible si es por la diplomacia, forzosa si es con la Ejército y las fuerzas de seguridad del Estado español) las pretensiones invasoras del sátrapa Mohammed VI con su ignominia “sultanada” obligando los exilios masivos de sus súbditos atrapados entre la desesperación de un futuro incierto y el hastío de un gobierno que no les ofrece, incluso alienta, otra salida que saltar (como puedan) a la Europa del bienestar y la abundancia, antípoda de un país con abisales diferencias de clases y salarios misérrimos que no dan para alimentar a una familia.

La intentona con Ceuta ya ha dejado dentro de la plaza española 8000 sin papeles de los 80.000 que lo ambicionaban a riesgo de sus propias vidas. Todos los expertos presuponen reagrupamientos y nuevos ensayos de penetración que, si no se han producido ya, es por la ingente acumulación fronteriza del Ejército y fuerzas de seguridad españolas. Pero nadie duda de que estamos ante un impase, mientras se prepara un nuevo abordaje donde la tragedia puede ser espantosa al primer tiro que se escape de alguno de los bandos.

El taponazo de Ceuta y el doble amurallamiento de Melilla sólo son un tente mientras puedas, pero de momento efectivo. Por ello y porque la sed y el hambre aprietan como principio de supervivencia natural, algunos escapistas marroquíes (cada vez más) empiezan a buscar la alternativa del rodeo mediterráneo con lanchas fueraborda e incluso cayucos bien motorizados, y ya han aparecido por las costas desde Almería hasta Murcia, pero llevando combustible suficiente para llegar al litoral de la Comunidad Valenciana buscando noche cerrada que les permita desembarcar en cualquier cala o playa levantina. Aquí tienen sobrado paisanaje que puede ayudarles a camuflarse integrados, o facilitar su viaje más allá de los Pirineos.

Por Valencia, Alicante, Elche… nos cruzamos con muchas (o muchísimas) chilabas y caftanes deambulando por los centros comerciales, no parece tarea viable para la Policía o la Guardia Civil el pedir documentación a todas ellas/os; sobre todo, y por poner un ejemplo invariable, cuando el barco de la línea de ida y vuelta Orán, Alicante, Marsella descarga un tropel de aceleradas compradoras para adquirir productos que no se encuentran con facilidad en su país, o allí les resultan demasiadamente onerosos.

El peligro más acuciante, ante la irresolución del Gobierno central (han tardado tres semanas en establecer un mando único que coordine) es que algunos ciudadanos ceutíes, pero también en ciernes los del litoral español, estén empezando a agruparse como fuerza de contrachoque, sin mayor autorización ni regulación que su propio y exagerado pavor a ser invadidos “por el moro”. Algo que ha sabido aprovechar la extremísima derecha en su particular “cruzada” metiéndose donde no los habían llamado.

Parafraseando la cita: “de fracaso en fracaso hasta la derrota final”, el gobierno de Sánchez no sólo se hundirá en las próximas elecciones, sino que incluso perjudicará a las siglas históricas de Pablo Iglesias (el buen hacedor de PSOE y UGT) incluyendo Autonomías, diputaciones provinciales y municipios. Ya veremos, tiempo al tiempo, cómo el centro-derecha entrante afronta un problema de semejante calado, pero, y frente a la provocadora y consentida inanición marroquí no encontramos otras soluciones que no sean las más o menos drásticas, empezando por la visita obligada del rey Felipe VI a Ceuta como está pidiendo aquella población, mientras Sánchez lo impide por puros celos políticos; para después, nuestro monarca institucional entrevistarse con el autócrata Mohammed VI exponiéndole de una manera diáfana la histórica pertenencia de Ceuta y Melilla a España desde hace siglos, la voluntariedad de ceutíes y melillenses de seguir siendo españoles, y si fuese necesaria apoyatura, nuestra superioridad militar que con un solo ensayo posicional combinado con la OTAN podría acabar con su sultanato, entre otras razones porque Donald Trump seguiría apoyando, cuestión de estrategia, al sucesor o sucesores del disoluto Mohammed.

Pero y de momento con sus bravuconadas ministeriales, y como no se habla de otra cosa en los medios de comunicación, intenta ponernos las barbas a remojar mandando miles de okupas que allí les sobran como gasto alimenticio; no le importa si tienen 50 años como, y eso es lo cruel, siete primaveras apenas cumplidas. ¿Puede la Comunidad Valenciana acoger a 100 o 200 niños/as marroquíes? Por supuesto que puede, pero de grado y nunca a la fuerza de un exilio obligado. Es decir, tras una negociación intergubernamental regulando personas y tiempos imprescindibles en su cabida y adaptación, dándoles idónea hospitalidad: a los unos/as las mejores condiciones de habitabilidad y trabajo; a los/as menores pensión completa y estudios hasta su mayoría de edad.

Europa lo sabe por las tentativas consumadas en Italia, Grecia y Turquía vía los países balcánicos y Centroeuropa. Es por ello que nos manda rasurar (magrebíes) con el filo de la navaja las barbas de la contención intrusiva, mientras ellos, con ese cinismo tan de “laissez faire, laissez passer” ni siquiera han empezado a mojarse el mostacho y la perilla.

Ni Pérez Llorca, ni la alcaldesa de Valencia o los alcaldes de Alicante y Elche tienen potestad alguna para negociar con el Gobierno alauí. Sólo Pedro Sánchez puede hacerlo poniendo los bemoles sobre la mesa, pero dada su indecisión y tardanza ¿sabemos lo que pactó en su último viaje a Rabat? iremos preparando la jofaina, o dentro de unos años volveremos a ser mahometanos a la espera de Almizra. Lo que no parece de recibo es que empecemos a mirar con recelo a quienes visten hasta los tobillos. Ya no estamos en el medievo ¿o sí?

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