Chalecos
La reciente afición de Pedro Sánchez por el chaleco tiene desconcertado a más de un estilista, a los intérpretes de lenguajes no verbales e incluso a este cronista

Pedro Sánchez, el pasado lunes durante la entrevista que concedió a la cadena Ser.
El chaleco es una prenda en desuso incluso en el crudo invierno. De lana merina o alpaca, todavía forma parte de la indumentaria del cazador o del señorito terrateniente más o menos en extinción. En las pocas sastrerías que quedan en España es una pieza extra al encargo de un traje convencional que cada vez se vende menos. Tal vez porque se asocia en el imaginario popular al atuendo del banquero, con puro y sombrero de copa.
Es obligatorio usarlo con traje de etiqueta. Blanco o marfil en el caso del frac y con más posibilidades cromáticas para el chaqué. Aunque, con cierto esnobismo hay quien prescinde de él en eventos al aire libre como desfiles, besamanos y procesiones, o en bodas y otras ceremonias en temporada estival.
Y es vestimenta habitual, sin chaqueta, de crupieres -y tahúres- por aquello de no andar guardando ases en la manga.
A finales del XIX Tom Beilling lo popularizó en el Cirque d’Eté y en el d’Hiver -ilustres predecesores franceses del canadiense Cirque du Soleil -con la creación de “Môssieur Auguste”, el payaso que cobró buena fama por vestir un gran chaleco blanco. Con el cine de los Hermanos Marx, el chaleco era normalmente la pieza distintiva de Chico (Leonardo Marx). No se aprecia bien, sin embargo, si la gastaba Karl (Marx) en el conocido retrato del que se suele decir infundadamente que no llevaba pantalones.
La reciente afición de Pedro Sánchez por el chaleco tiene desconcertado a más de un estilista, a los intérpretes de lenguajes no verbales e incluso a este cronista. Lo usó, desenfadado y como de algodón, en uno de sus videoclips de tiktok a principios de verano. Luego se lo ha plantado en un conjunto de aparente perfecta hechura a medida que estrenó para la ejecutiva del PSOE y ha repetido, sin corbata, en la entrevista -ojo al dato, radiofónica- de la SER (o no ser). Esa de la pifia intencionada y repetida varias veces sobre los años de reinado de Felipe VI y en la que ha manifestado su inquebrantable y reverente adhesión a los principios del movimiento alauita. Entre otras perlas.
En la de hace un año en TVE con Pepa Bueno, curiosamente la lució del verde de sabidas connotaciones pro monárquicas.
¿Por qué diablos la usa con el calor todavía del verano elevado a consecuencia del cambio climático?
La película “Entrevista con el vampiro” estrenada en 1994 en USA, y basada en la novela de Anne Rice que también escribió Las brujas de Mayfair, parece que no dejó satisfecho al guaperas de Brad Pitt, el gran protagonista haciendo de Louis de Pointe du Lac, porque “se sintió atrapado en la oscuridad por un personaje miserable” (sic IA). Tom Cruise, vampiro principal como Lestat de Lioncourt, o nuestro Antonio Banderas de vampiro Armand, ambos también jóvenes y guapos simplemente pasaron página.
Ignoro a qué debo esta asociación de ideas, pero lo cierto es que la reciente entrevista de Aimar Bretos ha exacerbado muchos ánimos aquí y allá, incluyendo los de Putin y Netanyahu. Nuevo papelón para el ministrillo de Exteriores.
Luego ha venido la “no autorización” (que no es “prohibición”) de la concentración por el día de Ceuta de esta misma tarde en la capital. Díaz Ayuso ha tuiteado que no tendrá narices para mandarle a los GEOS fuera de servicio en la ciudad autónoma. Y la rebelión de unos pocos de sus alcaldes.
Hay quien interpreta todo esto como una venganza o una pataleta por haberse quedado sin el colofón vacacional del ciclismo de montaña, pero para mí que este lío morrocotudo va más allá y amenaza con un estallido -ya lo dije días atrás- de imprevisibles consecuencias.
A las ocho de esta tarde lo venden tinto …