El talón en la babucha
No va a ser estrategia suficiente para evitar una debilidad letal que en este caso parece querer ocultar una simple babucha

Pedro Sánchez, durante una rueda de prensa, en la sede del PSOE.
La pétrea determinación de Pedro Sánchez, esa suerte de marmolillo político que ejerce la secretaría general de los socialistas de su partido y la presidencia del Gobierno de todos los españoles como funciones simultáneas e inseparables, intercambiables incluso y con envidiable maestría, es indiscutible. Fuera suya la autoría del Manual de Resistencia, o de la periodista que fue premiada después con la dirección de la Casa Árabe, antes con la presidencia del Consejo Superior de Deportes y con la imaginativa Secretaría de Estado de la España Global. Y fuera suyo o de un conjunto anónimo de paniaguados economistas y profesores -también posteriormente premiados- el vergonzoso plagio por el que exhibe título académico de doctor. Fuera de cartón reciclado o de cartón piedra la urna en la que Santos Cerdán colaba votos falsarios y fuera utilitario propio o coche de alquiler y alta gama el del famoso periplo por las carreteras de España, el balance de sus años de mandato arroja un saldo de blindada fortaleza. Cabe reconocerlo.
Es muy popular la legenda por la que se conoce con el nombre de Aquiles, el héroe troyano que fue sumergido por su madre en el Estigio apenas sujetado por encima del tobillo, ese tendón anatómicamente poderoso que acabó siendo su punto débil. Y que le costó finalmente el mayor de sus disgustos.
Un mes y dos días después de la invasión de Ceuta, miles de españoles concentrados por lo general de forma pacífica frente a sus ayuntamientos, han expresado con contundencia su indignación por el vergonzoso abandono sometido por el Gobierno a la histórica ciudad española, modelo en la actualidad de convivencia étnica y religiosa. La españolidad y el sentimiento patrio de ceutíes y manifestantes de cualquier otra parte del territorio nacional ha resultado patente pese a zancadillas administrativas, recomendaciones partidistas y disparatadas acusaciones de contubernio de una fantasmagórica internacional ultraderechista.
Rusia e Israel, curiosos eventuales compañeros de cama geopolítica, han optado por la ironía y cierto tono de cachondeo en respuesta a las acusaciones lanzadas por Sánchez en la entrevista del chaleco. Menos bromas contienen los informes de la Policía Nacional y de la Guardia Civil que la patulea de ministrillos se atreve a cuestionar y negar, tras detectar activistas pro islámicos y hasta conspicuos integrantes de la seguridad marroquí -vale decir espías- camuflados entre la avalancha a todas luces y videos que lo constatan, tolerada por la gendarmería de Mohamed VI.
Las hipótesis plausibles que Taleb Alisalem, jugándosela, ha deslizado en ESdiario TV, ponen los pelos de punta. Como él mismo indica, el misterio en torno al mítico caballo alado, de improbable demostración, deja paso a cuestiones objetivas y datables que remontándose a tiempos muy pasados cobran vigencia de actualidad. Este cronista no agotó el listado tipológico de chalecos que en su conjunto pueden ilustrar la extraña exhibición del presidente en sus últimas comparecencias. Algún lector puntilloso me lo hizo saber de inmediato. Y aun no faltando razón, evitaré glosar los de más delicadas connotaciones. El de mallas, el de seguridad, el salvavidas o el de fuerza. Impertérrito el ademán y pertrechado de un cronificado “sostenella y no enmendalla” pese a las fisuras evidenciadas incluso entre conmilitones curtidos en gobiernos municipales, no va a ser estrategia suficiente para evitar una debilidad letal que en este caso parece querer ocultar una simple babucha. La cosa pinta mal.