Atentados contra el patrimonio
"Hierran" los que movidos por el más rastrero oportunismo atribuyen responsabilidades a terceros que no son de su cuerda a sabiendas de que no la tienen

Piezas de oro del denominado tesoro de Villena
Ajenas a lo ocurrido y lo que sigue ocurriendo en Ceuta, aunque no al margen del mismo trasfondo político, en la Comunitat se han producido recientemente y el mismo día dos graves atentados contra nuestro patrimonio.
Se equivocan en mi modesta opinión quienes la han emprendido en las redes sociales o en declaraciones verbales o mociones escritas contra el alcalde de Villena, que apareció visiblemente consternado y emocionado, tras el robo perpetrado en el museo de gestión municipal (MUVI) que custodiaba ese tesoro arqueológico de incalculable valor atribuido por su descubridor el profesor José María Soler a la edad de bronce, y de la corona de la Virgen que unos días después ha tenido que procesionar sin ella ahondando en la razonable tristeza de los villenenses. Pagarán con prisión los culpables del robo. Y "hierran" -unos y otros- los que movidos por el más rastrero oportunismo atribuyen responsabilidades a terceros que no son de su cuerda a sabiendas de que no la tienen.
Como se equivocan -por supuesto desde mi punto de vista- aquellos que desde la oposición pretenden hacer responsable del malhadado incendio del Saler a la primera edil María José Catalá y su equipo de gobierno. Si en su afán utilizan además fotomontajes forzados, verdades a medias o burdas mentiras de sencilla comprobación junto a altisonantes declaraciones públicas inmediatamente coreadas en algunos medios o en las plataformas de comunicación social, están sacando los pies del plato y evidenciando su impotencia.
Mi antecesor en el Consell Valencià de Cultura, el insigne profesor Grisolía, peleó sin éxito por la figura de “crimen de lesa humanidad” para castigar a quien resultara probada la autoría intencionada y gratuita de un incendio forestal. Más científico que jurista, su preocupación medioambiental -y su sentido común- le hacían percibir como inconcebible la maldad de quien a conciencia y sabedor de sus consecuencias enciende un fuego letal en el momento en que las condiciones atmosféricas (temperatura, vientos, carga térmica, etc) resultan más propicias para que se extienda.
A los incendios “naturales” y en cierta medida regenerativos por dura que resulte su imagen, producidos a lo largo de la historia, hoy se añade una mayoría causada por negligencia humana. Por el uso descuidado de técnicas y herramientas agrícolas, o por la falta de atención y adecuado mantenimiento de los parajes. Unas y otras tan lamentables como no exentas de responsabilidad. La intencionalidad manifiesta en la provocación de un incendio reviste mayores índices de gravedad culposa.
El equipo de gobierno del Ayuntamiento de Valencia, tras la costosa y dramática extinción en la que de forma coordinada ha participado toda la Administración, viene reuniéndose con vecinos, agricultores y empresarios de sectores afectados y ha convocado a expertos en regeneración botánica y edafológica que se suman a los que ya vienen haciéndolo en materia de prevención y a los reconocidos especialistas que forman parte del cuerpo de bomberos municipal. He leído que si se demostrara la autoría -cosa distinta son las pruebas indiciarias de la provocación- se podría arbitrar un alejamiento definitivo de la Dehesa. Una suerte de destierro punitivo que bien pudiera acompañar otras consecuencias penales si las hubiera.
Hay un pesimismo generalizado en cuanto al robo del Tesoro de Villena y el infortunio de que esta pérdida patrimonial sea ya irreparable. Y se ha abierto la discusión de una mayor seguridad museística cuando estos delitos se extienden desde el tristemente famoso de El Louvre hasta el de este mismo agosto en Messina. Hasta el punto de que Europol ha alertado al respecto.
La prevención de incendios cuenta afortunadamente con medios y tecnologías punteras. Y la extinción, como se ha visto a lo largo de este duro verano, acaba obteniendo resultados que salvo excepciones evitan la catásttofe. Pero la tarea es ingente y poco ayuda hacer del tema un motivo más de confrontación política.