Damnificados de la lista de Interior (o de Marlaska)
Los ninguneados por no formar parte de la misma -al menos un servidor- reivindicamos un señalamiento expreso de no afectos al régimen sanchista

El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, durante la sesión plenaria en el Congreso de los Diputados del pasado miércoles.
Este cronista, que ya peina canas y pocas, aún conserva el ejemplar “desclasificado” de su ficha personal de la Dirección General de Seguridad franquista -la temida DGS- que le impidió posteriormente obtener una beca académica porque también obraba en la Secretaría del centro universitario en el que estudiaba. Y recuerda bien el aspecto siniestro del “social” bajito, regordete y calvo que se sentaba cercano en las clases de matemáticas de D. Manuel Valdivia en la Facultad de Ciencias de Valencia años antes de la muerte del dictador. ¡Qué tiempos aquellos!
Ahora es propulsor de una amplia nómina de damnificados por ausencia de la también siniestra lista que el ministro Marlaska ordenó o ignoró hace un par de años y acaba de salir a la luz. Filtrada, que no desclasificada. Lacónica en alguno de los casos, más detallada con apreciaciones muy específicas en otros, entusiasta con los que también forman parte de la apesebrada caterva de los afectos al sistema. Señalando incluso la ejemplar militancia de algunos como el célebre y premiado Gonzalo Miró. ¡Qué tiempos estos!
Los ninguneados por no formar parte de la misma -al menos un servidor- reivindicamos un señalamiento expreso de no afectos al régimen sanchista. Una suerte de abierto y decidida auto inculpación. Incluso afrontamos con valentía una hipotética visita de los esbirros a su servicio que infectan la cúpula de Interior. Policía Nazional (errata intencionada) y Guardia Civil incluida, para vergüenza y humillación de los miles de honestos componentes de ambos cuerpos. Mientras, vigilaremos atentos quién se sienta a nuestro lado al hacer nuestro trabajo en comparecencias gubernamentales, ruedas de prensa, tertulias y otros eventos de carácter mediático. Por si las moscas.
Esos antecedentes de la dictadura que ya teníamos medio olvidados, se mantuvieron vigentes y muy activos en la Unión Soviética con la KGB -a la que sirvió Vladimir Putin- hasta 1991, la Stasi de la RDA (Alemania comunista), la polaca SB y la repugnante StB checa de Ceausescu que se mantuvo hasta 1989 y su no menos repugnante desaparición, la Securitate rumana, la AVH húngara y una larga lista por citar solo el entorno geográficamente próximo.
Esta tímida reaparición en la España sanchista, la de Leire Díez, Santos Cerdán y sus secuaces, la de los twits intimidatorios de Oscar López que se atreve hasta con el Rey, dibuja un panorama de indisimulados tintes fascistas que permiten rebautizar al otrora democrático PSOE como Partido Sozialista Obrero Español. Aunque lo de español ya resulte más que dudoso.
Más seria, e inexplicable, resulta la desclasificación oficial de los documentos más recientes relacionados con la invasión marroquí de Ceuta acordada por el último Consejo de ministrillas y ministrillos que se esmeran en hacer la ola al autócrata. Pero los verbos dimitir o cesar han sido eliminados de la gramática y de la retórica monclovita. ¡Qué raros tiempos!
No es de extrañar el aparente desconcierto de una oposición relegada a un papel secundario por la muy sanchista y salpicada presidenta del Congreso. E ignorada y despreciada pese a su mayoría absoluta en el Senado.
Los demoscopistas señalan que la base electoral de las siglas socialistas se mantiene con una baja apenas significativa en sus previsiones para unos comicios que antes o después acabarán llegando. Todos los que se libraron en sus países de origen de las agencias de seguridad antes citadas, aunque no votaban, lo entenderían a la perfección. Es la muy humana combinación del miedo y la pérdida de privilegios. ¡Qué tiempos!