debate de política

Llorca, el valor de un 'interino'

Lo grave no es que lo critiquen; lo grave es que, tras tanto ruido, sus intervenciones brillan por la ausencia de propuestas concretas y alternativas viables a las suyas al frente del Consell

La vicepresidenta Susana Camarero con el presidente del gobierno valenciano, Juanfran Pérez Llorca.José Cuéllar

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Ayer se inició el debate anual sobre el estado de la Comunidad cuando la Generalitat Valenciana lleva meses gobernada por un presidente “interino”. Es Juanfran Pérez Llorca (PPCV), cuya candidatura oficial para 2027 sigue pendiente de la decisión de Feijóo en Génova. En ese vacío de legitimidad interna, PSPV y Compromís la han convertido en munición política: lo pintan como un “aspirante” que no manda, mientras ellos se erigen en alternativa con programas propios. Lo grave no es que lo critiquen; lo grave es que, tras tanto ruido, sus intervenciones brillan por la ausencia de propuestas concretas y alternativas viables a las suyas al frente del Consell.

El problema de este relato no es solo su tono; es su utilidad. Denunciar la “interinidad” puede tener sentido político, pero si no va acompañado de una hoja de ruta alternativa, se queda en ruido de fondo. Y aquí es donde las intervenciones de Muñoz y Baldoví flaquean: mucho énfasis en la debilidad de Llorca, pero poca sustancia en qué harían ellos de manera distinta y concreta.

Cuando se les pide concreción, las respuestas del PSPV y Compromís se diluyen en eslóganes. Muñoz ha retado a Llorca a presentar una “propuesta alternativa” de financiación que mejore los 3.669 millones del modelo del Gobierno, pero él mismo no ha detallado una propuesta propia con números, calendario ni mecanismos de implementación. No explica cómo resolvería él la infrafinanciación histórica valenciana más allá de reclamar al Gobierno central. Y poco más.

Baldoví, por su lado, ha enumerado una larga lista de compromisos genéricos: cuerpo único de bomberos, limitar el precio del alquiler, comedor escolar gratuito, recuperación de servicios sanitarios, prestación universal para familias con hijos, “mega-ley” para recuperar derechos, ley contra la ludopatía, respeto al valenciano, nuevo modelo de emergencias, servicio meteorológico valenciano, apuesta por la industria y reforma urgente de la Generalitat. Suena bien en un mitin, pero en un Debate de Política General lo que cuenta es el cómo: con qué recursos, en qué plazos, con qué reformas legales y fiscales, y con qué consenso institucional. Hasta ahora, Compromís ha presentado “10 compromisos y 50 propuestas” en formato programa, pero en sus intervenciones recientes no ha desarrollado una alternativa concreta y ejecutiva a las políticas de Llorca en áreas clave como financiación, vivienda o emergencia.

Frente a las críticas, el PPCV responde que Llorca no necesita “ninguna chapa de candidato” para demostrar su gestión, y acusa a PSPV y Compromís de hablar más del “calendario interno” del PP que de la Comunitat. Nando Pastor ha subrayado que el debate debería centrarse en resultados, no en si Génova ha confirmado o no la candidatura. Es un argumento discutible, pero al menos pone el foco en la gestión, algo que sus críticos no siempre hacen. Diana Morant ha ido más lejos: ha augurado que a Llorca le quedan “ocho meses” al frente del Consell y ha insistido en que es un presidente que “no manda”. De nuevo, el mensaje es claro; la alternativa, difusa.

La “interinidad” de Llorca duele porque expone una contradicción del PPCV: un “president” que gobierna sin el aval formal de su propia dirección nacional. Eso debilita su autoridad interna y facilita que la oposición lo pinte como un gestor en espera, no como un líder con proyecto. Pero esa debilidad no exime a PSPV y Compromís de su obligación política: si quieren gobernar, deben demostrar que tienen un proyecto alternativo creíble, no solo un relato sobre la debilidad ajena. Hasta ahora, sus intervenciones han servido para desgastar a Llorca, no para iluminar una vía distinta. Y en política, el desgaste sin propuesta es simplemente ruido.

El valor de un interino como Llorca es innegable: ha mantenido la estabilidad del Consell en un contexto de tensión interna y presión externa. Pero su “interinidad” también es un riesgo: sin candidatura confirmada, cada decisión se lee en clave electoral interna, no en clave regional. Eso explica por qué Muñoz y Baldoví insisten tanto en su condición provisional: es su mejor argumento para cuestionar su legitimidad. Es el único que tienen.

El problema es que, mientras ellos se centran en la “interinidad”, la Comunitat necesita propuestas concretas sobre financiación, vivienda, emergencias y empleo. Y ahí, hasta ahora, las intervenciones de ambos han sido más retórica que realidad. Pueda que Llorca sea un presidente interino, pero eso no exime a la oposición de presentar alternativas viables. Muñoz y Baldoví han convertido la “interinidad” en su principal arma política, pero hasta ahora no han demostrado tener un proyecto alternativo sólido y concreto. En política, el desgaste sin propuesta es simplemente ruido. Y la Comunitat Valenciana merece algo más que ruido.