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Fernando García Bonet

La partícula "re"

(Foto de ARCHIVO) La ministra de Vivienda y Agenda Urbana, Isabel Rodríguez, y el vicepresidente primero y ministro de Economía, Comercio y Empresa, Carlos Cuerpo.

(Foto de ARCHIVO) La ministra de Vivienda y Agenda Urbana, Isabel Rodríguez, y el vicepresidente primero y ministro de Economía, Comercio y Empresa, Carlos Cuerpo.Europa Press

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La partícula "re" tiene retranca. Y aunque me enseñaron desde niño —antes de que existiera PISA; el informe, no la famosa torre inclinada— que se debe evitar o eludir el término a definir en su intento de definición, la cosa no es tan fácil en este caso. Precisamente como la letra e, además de iniciar verbos como los dos anteriores, resulta en la práctica una forma culta de negar la acción que el verbo en positivo al que antecede pretende en condiciones normales.

Quizás el ejemplo más manido es el de acción y reacción. Si bien aquí conviene matizar que la vulgarización por la que reaccionario se opone a progresista no es más que una licencia literaria tan extendida como sectaria en origen.

Los estudiosos convienen en tres categorías diferentes, cuya comprensión definitiva suele facilitarla el contexto, en el sentido del prefijo "re". La intensificativa pretende aumentar el valor o la fuerza del sustantivo o el verbo al que antecede. Otra es la indicadora de retroceso o movimiento hacia atrás, más comúnmente acompañando verbos o acciones. La tercera es de oposición al término al que se une.

Lo del contexto es importante. Por ejemplo, "redicho", aplicado a un hecho o a su relato, se entiende como que ya se ha dicho. Pero, aplicado a una persona, adquiere distinto significado. Como con segundas.

Antes de que el generoso lector abandone y me tache de "redicho", este modesto cronista confiesa su desconcierto ante la noticia de dos decretos consecutivos y concurrentes, pero disjuntos, de vivienda. Me estoy refiriendo a esta última carambola que el Gobierno pretende colar en el hueco del tapete parlamentario, digna del elogio de La colmena, de Camilo José Cela, a los chulos de billar de barrio.

Estos, que son tan de lo binario y otras zarandajas de despiste para dulce consumo de las masas complacidas, se reafirman en su facundia para una cosa y su contraria de forma casi simultánea, y la elevan esta vez a la categoría de estrategia de Gobierno. O de mantenimiento en el Gobierno.

De manera que, en un alarde de creatividad filibustera y engañosa, lanzan un decreto y un redecreto, que implica, a su vez, marcha atrás y oposición al anterior.

Una suerte de oposición a uno mismo, de "autooposición" (raro neologismo), en línea con la sospecha que le suscitaba a Groucho Marx ser admitido en un club. Pero no parece ser ese el marxismo que todavía pueda anidar en algunas fisuras de Ferraz.

Como en un mercado persa —con perdón—, el decreto y el redecreto que lo enmienda a la totalidad andan al alza y a la baja en los corrillos de politólogos y otros adivinadores del pasado, pendientes de las posturas (¿de billar?) de Rufián y de Nogueras. Y de los de la txapela conservadora.

Tampoco es novedad. Inauguró el esperpento Yolanda Díaz, con toda solemnidad, llamando a activarse contra el Gobierno del que es vicepresidenta. Activación —raro eufemismo— contra ella misma. Ustedes me disculpan: "autoactivación".

A Manuel Fraga le colgaron el sambenito de "la calle es suya", pero hay que reconocer que estos desahogados se pasean por la calle como Pedro por La Mareta. Y con un ramito en el ojal.

El viernes sabremos el desenlace de esta chirigota avanzada que anuncia un prolongado, permanente, carnaval.

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