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¿Viento de poniente…?

La pregunta ya no es si Pedro Sánchez gana o pierde, sino si el PPCV sabrá aprovechar el viento de poniente para convertir la cita nacional en un “factor de arrastre” hacia las autonómicas.

Pedro Sánchez y Juanfran Pérez Llorca

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Hay momentos en política en los que el calendario deja de ser una casualidad y se convierte en una herramienta. El adelanto electoral anunciado por Pedro Sánchez para el 29 de noviembre —tras la derrota de sus decretos de vivienda a manos del PP, Vox y Junts— ha abierto en la Comunitat Valenciana una ventana que el PPCV haría bien en no cerrar por pudor o por cálculo corto. La pregunta ya no es si Pedro Sánchez gana o pierde, sino si el PPCV sabrá aprovechar el viento de poniente para convertir la cita nacional en un “factor de arrastre” hacia las autonómicas.

Porque el viento sopla, y sopla fuerte. Y en política, como en navegación, el viento a favor no se pide: se aprovecha. El argumento más tangible a favor de una convocatoria anticipada de elecciones a las Cortes Valencianas para que se produzca el “efecto simultaneidad” es el ahorro de energía y de dinero. Una sola campaña significa un solo aparato territorial movilizado, unos mismos mítines, una misma maquinaria de correo, carteles y encuestas. Para un PP valenciano que arrastra meses de ruido interno, desgaste por la DANA y necesidad de reordenar sus mensajes, concentrar el esfuerzo no es solo sensato: es estratégico. Duplicar campañas en un contexto de fatiga militante y presupuestaria sería un lujo que pocos partidos pueden permitirse.

Las generales movilizan más que las autonómicas, sobre todo entre votantes poco fieles. Si la centroderecha estatal llega con impulso a noviembre, ese entusiasmo se traduce en participación, y la participación beneficia a quien tiene el viento a favor. El PPCV puede beneficiarse de ese “efecto de arrastre” y, al mismo tiempo, dificultar la operación de Vox sin candidatos y de Compromís por aterrizar en el Frente Amplio, que podrían ser sorprendidos por una convocatoria precipitada. La simultaneidad no solo suma votos propios: también descoloca al adversario.

Pedro Sánchez ha quedado muy debilitado. El PSOE-PSPV entra en campaña autonómica con el viento en contra, obligando a Diana Morant a defenderse mientras su marca estatal se desmorona. Para el PP sería la oportunidad de presentar las valencianas no como una elección local, sino como la última pieza del desalojo del sanchismo. Esa narrativa —la de una marea nacional que arrastra también a Valencia— es mucho más potente que cualquier campaña autonómica aislada, porque conecta el descontento con Madrid con la necesidad de un nuevo afianzamiento del PPCV en la Generalitat frente a los vetos de Vox.

Y aquí conviene ser sinceros, aunque el argumento sea incómodo. En mayo de 2027, el PPCV tendría que explicar la gestión de la DANA, la reconstrucción, la Generalitat y sus propias contradicciones por la aceptación de los vetos de Vox. En noviembre, en cambio, podría disolver esas preguntas en la gran batalla nacional entre Sánchez y la alternativa de Feijóo. No es un argumento de higiene institucional, pero sí de lógica electoral: quien teme las preguntas concretas prefiere el ruido general.

Los riesgos existen: la coincidencia puede convertir la campaña valenciana en rehén de Madrid, sepultar los temas autonómicos —sanidad, educación, agua, infraestructuras, reconstrucción— bajo la guerra nacional y exponer al PPCV a la acusación de convocar elecciones para esconder responsabilidades. La movilización del voto útil podría volverse en contra si el electorado percibe la maniobra como una huida hacia adelante.

Pero esos riesgos se gestionan con estrategia, no con renuncia. La respuesta no es aislarse del viento, sino saber orientar la vela. Un doble 29-N sería una jugada racional si el PPCV confía en el arrastre nacional y teme una campaña autónoma en solitario. Sería una temeridad si el electorado valenciano decide que, esta vez, quiere separar la cuenta pendiente con Madrid de la cuenta pendiente con Valencia.

El viento de poniente sopla a favor. Las generales del 29-N representan una oportunidad real de arrastre para el PPCV: menos coste, más movilización, mejor narrativa y un adversario descolocado. Quien defienda el adelanto dirá que no hay nada más democrático que pedir de nuevo el respaldo de las urnas. Quien lo critique responderá que convocar elecciones para que coincidan con las de Pedro Sánchez no es democratizar: es sincronizar el calendario con la conveniencia.

La verdad probablemente esté en medio. Pero en la Comunitat, después de todo lo vivido, nadie debería confundir un viento favorable con la certeza de llegar a buen puerto. La oportunidad está ahí. Aprovecharla o dejarla pasar es, ahora mismo, la decisión política más importante que tiene sobre la mesa el PPCV.

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