dia mundial de los animales
Un día para reflexionar
¿Por qué siempre, cuando se trata de los demás animales, cualquier absurda justificación es útil para validar que les sigamos dañando?

Día Mundial de los Animales, toca reflexión
“Un gran poder conlleva una gran responsabilidad” le dijo el tío Ben a Spiderman ¿Acaso no debería ser esta afirmación una brújula en nuestras vidas?
Es muy probable que convivas con un animal. Las estadísticas apuntan a que casi el 50% de los hogares de nuestro país incluyen un miembro no humano.
Si eres de esas personas que tienen la oportunidad de relacionarse con un animal, habrás podido observar emociones asimilables a las nuestras: miedo, enfado, tristeza, sorpresa, alegría e incluso asco.
Eso, que gracias a la convivencia has podido observar, se llama sintiencia.
Y el hecho que los animales tienen, no solo capacidad de sentir, sino que en base a sus experiencias previas reaccionan a los estímulos que reciben, de diferentes formas, tratando de evitar aquello que les hace sufrir y buscando situaciones que les provocan placer, no es una cuestión basada en la simple percepción de quienes convivimos con ellos. Es, desde hace años, una evidencia científica.
Así pues, dejando de lado otras muchas características y capacidades mentales en que nos igualan o incluso nos superan, sabemos que cuando no respetamos sus necesidades físicas y psicológicas, les estamos provocando sufrimiento, tal como sufriríamos las personas en su misma situación.
Sin embargo, pese a saberlo, gran parte de nuestra existencia se basa en dañarles.
Experimentamos en sus cuerpos fármacos para curar enfermedades que ellos nunca desarrollarían, los cazamos y pescamos para alimentar nuestra autoestima, los hacemos prisioneros para poder pasar una cualquiera de nuestras tardes observando su desesperación en un zoológico, las tenemos constantemente pariendo para robarles a sus hijos y presumir de tener un perro de determinada raza, los hacinamos en granjas para matarlos y comernos sus cuerpos, los metemos en jaulas porque nos produce envidia que vuelen, los torturamos al son de pasodoble, simplemente porque lo hacían nuestros abuelos y los reventamos por dentro con venenos porque no queremos que vivan en los lugares de los que un día los desahuciamos. Plagas les llamamos.
Mi pregunta es ¿por qué siempre, cuando se trata de los demás animales, cualquier absurda justificación es útil para validar que les sigamos dañando?
Y esto no tiene que ver con el color político o eso que tanto está de moda ahora, la ideología. Cuando se trata de los animales, el silencio grita. Ni derechos, ni libertad.
Unos justifican las macrogranjas, otros, las pequeñas explotaciones.
¿Y los verdaderos protagonistas involuntarios? ¿Quién está con ellos? NADIE. Siempre son los grandes olvidados del sistema.
Las personas hemos conseguido hitos increíbles. Incluso hemos generado sistemas cada vez más autónomos que quién sabe si en algún momento, no muy lejano, nos reemplazarán en todos los aspectos.
Y, sin embargo, a estas alturas de la humanidad, no hemos sido capaces de dejar de oprimir a los animales, cuando existen alternativas éticas a todo lo que les hacemos. Podemos divertirnos de mil formas, transportarnos en vehículos, realizar controles poblacionales éticos y obtener proteínas de modo incluso más sostenible.
En consecuencia, siempre me hago dos preguntas.
La primera, ¿en qué momento de la historia decidimos destinar nuestros conocimientos y avances a someter a quienes son más vulnerables?
Y la más importante, ¿cuándo dejaremos de inventarnos excusas insostenibles y ejerceremos la gran responsabilidad de proteger y respetar a quienes, como cualquiera de nosotros, sienten y sufren?
Espero que algún día seamos capaces de hacerlo.
Hasta entonces, cada 4 de octubre seguiremos conmemorando el día Mundial de los Animales.