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Queremos que lean, pero ¿nos ven leer?

Resulta difícil convencer a un niño de que abrir un libro es maravilloso si lleva años viendo que los adultos solo abrimos el móvil

Imagen generada por IA

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El gusto por la lectura no se impone. Se contagia en casa, se acompaña en la escuela y se pierde cuando la convertimos solo en una obligación.

Decimos que los niños leen poco.

Que las pantallas les han ganado la batalla. Que TikTok dura segundos y un libro exige demasiado. Que ya no tienen paciencia, que se distraen, que abandonan una historia antes de llegar al tercer capítulo.

Puede ser.

Pero antes de mirar cuánto leen ellos quizá convendría mirar cuánto leemos nosotros.

Porque resulta difícil convencer a un niño de que abrir un libro es maravilloso si lleva años viendo que los adultos solo abrimos el móvil. Podemos comprar una estantería preciosa, celebrar el Día del Libro y repetir hasta la saciedad que leer es importantísimo. Pero el ejemplo tiene una pedagogía bastante más eficaz que cualquier discurso.

Y la escuela también tiene su parte.

Enseñar a leer no es solo conseguir que descodifiquen palabras. Hay que trabajar comprensión, vocabulario, inferencias, expresión y pensamiento crítico. Claro que sí.

Pero quizá no todos los libros necesiten terminar interrogados.

Resumen. Personajes. Idea principal. Ficha. Examen.

A veces da la sensación de que un libro no cuenta si después no viene acompañado de una ficha, un resumen o un examen.

Y leer también debería poder ser eso que ocurre sin más.

Reírse. Asustarse. Emocionarse. Abandonar un libro porque no gusta. Engancharse a otro y no querer apagar la luz. Leer un cómic. Una novela. Una biografía. Volver veinte veces a la misma historia.

No todos los niños tienen que amar los mismos libros ni convertirse en lectores voraces. Pero sí deberían tener la oportunidad de descubrir que existe alguno que puede atraparlos.

Para eso hacen falta libros al alcance.

Y tiempo.

Y adultos que recomienden sin imponer.

Y, sobre todo, adultos que alguna vez sean sorprendidos leyendo porque sí.

Queremos que nuestros hijos lean.

Queremos que nuestros alumnos lean.

Quizá antes de volver a decirles que dejen la pantalla y cojan un libro convendría hacernos una pregunta bastante más incómoda:

cuando levanten la vista, ¿qué nos van a encontrar haciendo a nosotros?

Porque el gusto por la lectura puede enseñarse.

Pero, muchas veces, empieza simplemente viendo a alguien leer.

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