El palet de Colón
La izquierda ha entendido que la mejor manera de afrontar las próximas elecciones es victimizarse. Si se fijan en el 12 de octubre, TVE ya no ahogó, como antes, los gritos de la multitud que insulta a Pedro Sánchez sino más bien al contrario

Decena de palets delimitan la acampada en la plaza del Ayuntamiento de Valencia.
Lo estamos viendo y lo vamos a ver en las próximas semanas. Los partidos o los movimientos, acampados o no, difunden las agresiones que sufren cuando les ayudan a movilizar a su base, y en esa aritmética la izquierda parte con ventaja, porque controla el relato cultural y, con él, la potestad de decidir qué es sufrimiento y qué es anécdota. En seguida les cuento la anécdota pero antes quiero decirles que creo que la izquierda ha entendido, además, que la mejor manera de afrontar las próximas elecciones es victimizarse. Si se fijan en el 12 de octubre, TVE ya no ahogó, como antes, los gritos de la multitud que insulta a Pedro Sánchez sino más bien al contrario. De hecho me dio la impresión de que la realización del evento subió la clave de sonido del ambiente, canal dos se llama. La táctica de la victimización, la visibilización del acoso conservador —facha dirán, en algunos casos— hacia los candidatos del PSOE, Compromís o Podemos, les parecerá un atajo posible para que el agujero negro del 29 de noviembre no se los lleve por delante. Ahora mismo seguro que prefieren provocar al adversario, filmar su reacción e intentar generar una ola de solidaridad y movilización antes que protegerse de semejante arrebato.
A mí no me gusta que se insulte a la gente, pero ya se insultó a Rita, a Aznar, se maltrató a Camps o se agredió a Rajoy mucho antes. La diferencia es que sus partidos prefirieron rendirse, quizá porque entienden que tienen perdida la pugna por la visibilidad, o quizá porque su electorado premia la imagen de firmeza y a un partido que se vende como el del orden le resulta incómodo admitir que no puede proteger ni a los suyos. O en otras palabras, quien proyecta autoridad, seguramente, no puede mostrar que le agreden. Quien proyecta agravio, en cambio, lo enseña con travelling.
A mi me gusta como hace Compromís sus videos de redes sociales, qué le vamos a hacer. En ese sentido, hace tiempo conocí a un trol. De hecho existían fisicamente, eran los antecesores de los bots. Un partido que no definiré, contrataba chavales para trolear a los adversarios políticos, y lo hacía con dinero público. Luego se acabaron los trols, o se hicieron virtuales, que son más baratos y más eficaces. Compromís, por ejemplo, como les digo, es tremendamente eficaz en redes, tiene a los mejores community managers, y lo último que han inventado, y me gusta insisto, son esos reels de doble pantalla en los que se ve lo que sucede y lo que cuentan al mismo tiempo. Repito, lo que sucede y lo que cuentan, al mismo tiempo, en un desdoblamiento de la realidad mágico y muy entretenido. En una pantalla, la verdad oficial: los representantes del partido valencianista desfilando en la procesión cívica. En la contrapantalla, cómo los insultan y los ponen a caldo algunos de los manifestantes. La izquierda es realmente hábil en la propaganda, no tiene vergüenza, y la derecha en cambio tiene muchos complejos y por eso sale perdiendo.
Miren, otro ejemplo es el de la vivienda. A la primera que ha tenido la izquierda para hacer algo de verdad por el drama de la vivienda, que era bajar el IVA, se han negado. El episodio parlamentario, previsible, viene a cuenta de la proverbial habilidad de la progresía para la construcción de la narrativa, algo estratégico y genético en su ser, y en eso son mejores que la derecha. La izquierda se sostiene mejor, se maneja mejor, perpetuando los problemas que resolviéndolos, y por eso prefiere acampar a bajar el IVA de los pisos. Y eso cala, claro que cala. El otro día, en la calle Lauria, una familia valenciana recibió el pescozón de un joven cachorro 'quechua' que, junto a otros camaradas de Robin Hood, había robado a los pobres para dárselo a los ricos: es decir, había hurtado unos palets de las obras que una empresa familiar valenciana lleva a cabo en la calle Colón de Valencia para blindar su acampada en la plaza del Ayuntamiento, o sea, para amurallar su clamor por una vivienda digna. El joven que transportaba el palet, junto a sus compinches que acarreaban otros tantos palets, había despistado sin complejo los humildes maderos, y ante el reproche de que habían robado ese material a unos obreros que, seguramente, serían amonestados por su despiste, adujo: “Robamos para defender lo nuestro”. Lo suyo, claro, era lo de los demás.