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29-N el observatorio de felip

La Mínguez y el buitre carroñero

Cuando el desalojo lo ejecuta un fondo buitre, es crueldad neoliberal. Cuando lo promueve la empresa vinculada a la pareja de la portavoz socialista, es el normal funcionamiento de la justicia

La portavoz de la Ejecutiva Federal del PSOE, Montse Mínguez, a su llegada a una rueda de prensa en la sede nacional del partido en Ferraz.

La portavoz de la Ejecutiva Federal del PSOE, Montse Mínguez, a su llegada a una rueda de prensa en la sede nacional del partido en Ferraz.A. Perez Meca

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Hay buitres que sobrevuelan los barrios, según la doctrina oficial del PSOE. Y hay buitres que anidan en casa. Montse Mínguez llevaba semanas haciendo de Santa Teresa del ladrillo: excomulgando fondos buitre, anatematizando grandes tenedores y prometiendo que la vivienda dejaría de ser mercancía para convertirse en un derecho. Hasta que alguien tuvo la mala educación de preguntarle por el negocio inmobiliario de su pareja. Entonces el buitre carroñero se convirtió, por decreto doméstico, en una “empresa familiar”.

Porque resulta que Sergi Vélez, pareja de la portavoz socialista, no es un chico con un piso heredado de la abuela y una sensibilidad especial por el alquiler asequible. Según la información publicada por Artículo 14, dirige Nest Capital, un grupo dedicado a la inversión, gestión patrimonial, rehabilitación y arrendamiento de inmuebles. Su filial Nest Capital Homes habría gestionado al menos una treintena de pisos en alquiler, con activos de 8,4 millones de euros, de los que 6,3 millones serían inversiones inmobiliarias.

La especulación, según Mínguez, es una plaga. Los fondos buitre, una amenaza. Los grandes tenedores, el origen de todos los males. Pero cuidado: todo eso vale cuando el especulador tiene un apellido que no suena a cena de Navidad. Cuando el gran tenedor comparte mesa con la portavoz del PSOE, el diagnóstico cambia de golpe: ya no es un depredador inmobiliario; es un emprendedor, un gestor patrimonial y, por supuesto, un contribuyente ejemplar.

La explicación oficial es que se trata de una “empresa familiar” que cumple la ley. Qué alivio. Con ese criterio, cualquier grupo inmobiliario con una docena de sociedades, millones en activos y una cartera de alquileres puede pedir el certificado de inocencia moral con solo añadir la palabra “familiar” al nombre. El fondo buitre no desaparece: simplemente se le pone un delantal y se le invita a la foto familiar.

Es como decir que uno no está contra la caza, solo contra los disparos

No hace falta sostener que Nest Capital haya hecho nada ilegal, porque la información disponible no lo acredita. El escándalo es otro: la portavoz que llevaba semanas señalando depredadores resulta convivir con uno de los depredadores que su propio partido llevaba años describiendo. No en la realidad jurídica, quizá; pero sí en la retórica con la que el PSOE ha construido su cruzada contra la vivienda.

Mínguez tuvo una frase memorable: “Si hay un inquilino que no paga, se le desahucia”. Qué elegancia. Qué contundencia. Qué pena que esa doctrina no se aplicara cuando el desahucio tenía un rostro mediático y un villano con corbata.

Cuando el desalojo lo ejecuta un fondo buitre, es crueldad neoliberal. Cuando lo promueve la empresa vinculada a la pareja de la portavoz, es el normal funcionamiento de la justicia. El inquilino moroso es una víctima si vive en el relato del PSOE; es un moroso si vive en la contabilidad de Nest Capital. La compasión socialista, como las rentas, parece estar sujeta a condiciones.

Y si alguien señala la contradicción, llega la segunda línea defensiva: el “ataque personal”. Esa fórmula tan práctica que transforma cualquier pregunta periodística en una agresión y cualquier patrimonio millonario en un asunto íntimo que la ciudadanía no debería mirar.

La portavoz socialista denuncia a los buitres mientras defiende su nido

El PSOE no está contra los propietarios, aclara Mínguez. Está contra las subidas abusivas. Muy conveniente. Es como decir que uno no está contra la caza, solo contra los disparos. Durante años, el mensaje fue otro: el enemigo era el especulador, el rentista, el gran tenedor, el fondo que acumula pisos y expulsa familias. Ahora resulta que el enemigo era el especulador con mala suerte de no tener a nadie en la Ejecutiva Federal del PSOE que pudiera explicarle que todo era una manipulación.

La vivienda, según el catecismo socialista, debe ser un derecho y no un negocio. Bellísima consigna. Solo que, en la práctica, el negocio está permitido si se llama Nest Capital, si tiene una web que presume de servicios inmobiliarios integrales y si su consejero delegado puede retirarla de circulación cuando empiezan las preguntas.

La escena es de un esperpento impecable: la portavoz que denuncia a los buitres mientras defiende su nido; el empresario que borra su perfil profesional cuando aparece la luz; la web que se pone “en construcción” justo cuando el relato necesita una reforma integral.

No es necesario que Mínguez venda sus principios. Ya los tiene alquilados. Y, como todo buen contrato de arrendamiento, la cláusula es clara: la especulación es inmoral, los fondos buitre son carroñeros y los grandes tenedores son una plaga… salvo cuando el buitre carroñero tiene la suerte de dormir en el mismo nido que la portavoz.

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