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A cinco semanas del 29-N: una mayoría anunciada, pero condicionada en la Comunitat

La verdadera batalla no es por quién gana, sino por medir el comportamiento de votantes socialistas y la consolidación de Vox como fuerza decisiva

El presidente de Vox, Santiago Abascal, durante un acto público en el marco de la precampaña en Palma de Mallorca.

El presidente de Vox, Santiago Abascal, durante un acto público en el marco de la precampaña en Palma de Mallorca.Europa Press

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A falta de cinco semanas para que se abran las urnas, el mapa electoral de la Comunidad Valenciana presenta una fotografía nítida en sus trazos gruesos y sumamente reveladora en los detalles. Los 33 escaños en juego en las tres provincias no alterarán el signo general que ya anticipan todas las encuestas: el bloque de centro-derecha revalidará su hegemonía con holgura. Pero bajo esa aparente calma, se están produciendo movimientos tectónicos que definirán la política valenciana de los próximos años. El PP se mantiene como primera fuerza, Vox se consolida como el socio indispensable y la izquierda asiste a un inquietante trasvase de votos del PSOE hacia Compromís-FV.

El Partido Popular volverá a ser la formación más votada en la Comunidad Valenciana, con una horquilla de 11 a 12 diputados de los 33 que reparte la Comunidad. Sin embargo, no es una victoria exenta de desgaste: los populares cederían entre uno y dos escaños respecto a los comicios de 2023, lastrados por la gestión de las emergencias. El PP resiste, pero ya no arrasa.

La circunscripción de Valencia, la que más diputados aporta, es el escenario más ajustado. Los sondeos dibujan un empate a cinco escaños entre PP y PSOE, un resultado que, sobre el papel, dejaría un empate técnico en la provincia que más pesa. Pero ese equilibrio es engañoso. Vox irrumpiría con cuatro diputados —duplicando los dos que obtuvo en 2023— y se convertiría en el verdadero árbitro de la mayoría, decantando la balanza hacia la derecha. Compromís, por su parte, lograría dos actas en una provincia donde su implantación territorial es más fuerte, pero sin capacidad de compensar el vuelco a la derecha.

Si hay una provincia donde el PP puede respirar con cierta tranquilidad, esa es Alicante. Los populares se impondrían con claridad, logrando entre cuatro y cinco diputados, en un contexto marcado por el agravio inversor y la sensación de abandono del Gobierno central. La novedad más significativa es el sorpasso de Vox al PSOE: ambos partidos empatarían a tres escaños, pero la formación de Abascal ya pisa los talones a los socialistas en la cuarta circunscripción española. Compromís se quedaría con un papel residual, con uno o dos diputados como máximo, evidenciando que su marca valencianista tiene un techo muy bajo en tierras alicantinas.

Castellón es el reflejo más puro de la política de bloques. PP y PSOE empatarían a dos escaños, y de nuevo Vox, con un diputado, inclinaría la balanza hacia el centro-derecha. Es la demostración aritmética de que, en esta Comunidad, la gobernabilidad ya no depende del pulso entre los dos grandes partidos, sino de la capacidad de Vox para movilizar a su electorado y capitalizar el descontento.

El dato más preocupante para la izquierda no está en el número de escaños, sino en la fuga de votos. Las encuestas internas y los sondeos de Sigma Dos sitúan a Compromís a apenas medio punto del PSOE en intención de voto autonómica (22,3% frente a 21,8%). Lo que es más grave: casi un 34% de los votantes socialistas de 2023 declaran su intención de votar a Compromís en estos comicios. El PSOE no solo pierde apoyos hacia la abstención o hacia la derecha; se está desangrando por su flanco izquierdo, y Compromís-FV, lejos de ser un rival menor, se ha convertido en el principal refugio del desencanto progresista. Sin embargo, esa sangría no se traduce en un sorpasso en escaños debido a la dispersión provincial: Compromís obtendría tres o cuatro diputados, perdiendo incluso un acta respecto a los anteriores comicios, mientras el PSOE, aun con menos votos, conservaría diez escaños gracias al sistema electoral provincial.

A cuatro semanas del 29N, el resultado en la Comunidad Valenciana parece escrito: el PP ganará, pero necesitará la “muleta” de Vox que, desafortunadamente, llegó para quedarse. La suma de ambos otorga a la derecha 19 escaños frente a los 14 de la izquierda, una ventaja que se antoja insalvable según las encuestas al inicio de la precampaña. La verdadera batalla no es por quién gana, sino por medir la magnitud del desplome socialista y la consolidación de Vox como fuerza decisiva. En Valencia, Alicante y Castellón, la política de bloques ya no es una hipótesis: es la realidad que emerge de las urnas. Y en ese juego, los populares sonríen, Vox se relame y el PSOE, mientras tanto, busca desesperadamente taponar la hemorragia antes de que sea demasiado tarde.

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