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Cómo proteger una segunda residencia después de las vacaciones

Fuente: envato.com

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Una segunda residencia puede pasar mucho tiempo sin que nadie compruebe cómo está. Y si aparece algún problema, quizá no nos enteremos hasta la próxima visita. De ahí que cada vez más propietarios se plantean revisar las medidas de seguridad antes de dejar la vivienda cerrada.

No todas las casas necesitan la misma protección. Depende de dónde estén, de cómo sean sus accesos y, sobre todo, de si hay alguien cerca que pueda avisarnos cuando ocurra algo.

La seguridad no depende únicamente de una buena cerradura

Cuando una vivienda permanece desocupada, interesa tanto evitar accesos no autorizados como saber si ha ocurrido algo mientras estamos lejos.

Por eso, al revisar la seguridad en casa, también hay que pensar en las posibilidades que tenemos de recibir un aviso o conseguir que alguien compruebe una incidencia.

Si hay vecinos que viven allí todo el año, mantener una buena relación con ellos puede ser de gran ayuda. No hace falta pedirles que vigilen nuestra propiedad. Basta con que sepan cómo localizarnos si observan una puerta abierta, una ventana rota o cualquier circunstancia fuera de lo habitual.

También hay detalles que conviene cuidar. Un buzón donde se acumulan cartas durante semanas o un jardín que lleva meses sin atender pueden indicar que la vivienda apenas se utiliza. En las casas con zonas exteriores, organizar alguna visita de mantenimiento puede servir tanto para conservarlas en buen estado como para comprobar que no hay desperfectos.

¿Tiene sentido instalar una alarma si solo usamos la casa en vacaciones?

Es una pregunta razonable, especialmente si la vivienda está lejos del domicilio habitual. Disponer de un sistema de alarma para tu segunda residencia puede ayudar a detectar una posible intrusión y conocer qué está ocurriendo sin encontrarse físicamente en la vivienda.

Algunas alarmas envían una notificación directamente al propietario. Otras están conectadas a una central receptora que se encarga de gestionar los avisos y realizar las comprobaciones previstas en el servicio. No es una diferencia menor. Si vivimos cerca, recibir una notificación puede ser suficiente para comprobar qué ocurre. Si estamos a varios cientos de kilómetros, quizá necesitemos otra forma de gestionar esas situaciones.

Antes de elegir una alarma, hay unas cuantas preguntas que hacer

Antes de contratar, conviene comprobar algunas cuestiones:

  • ¿Qué accesos quedan protegidos? Hay que saber si los sensores cubren las puertas, ventanas y zonas que realmente lo necesitan.
  • ¿Qué ocurre si se corta la luz? Algunos sistemas disponen de baterías que permiten mantener su funcionamiento durante un tiempo.
  • ¿Depende del wifi? Es importante conocer si la alarma puede seguir comunicándose cuando falla la conexión a internet.
  • ¿Quién recibe los avisos? No es lo mismo una alerta al teléfono que un servicio conectado a una central receptora.
  • ¿Se puede gestionar desde fuera? Poder activar o consultar la alarma desde el móvil resulta útil cuando se utiliza la casa de manera ocasional.

Lo mejor es conocer bien el funcionamiento del sistema antes de dejar la vivienda vacía durante meses.

El móvil ayuda, pero alguien tiene que actuar

Una de las funciones más prácticas de las alarmas actuales es consultar su estado a distancia. Por ejemplo, si un familiar va a utilizar la casa durante un fin de semana, algunos sistemas permiten gestionar la alarma desde una aplicación. También pueden consultarse avisos y comprobar si determinados sensores han registrado actividad. Hay equipos que incorporan cámaras, aunque en estos casos es importante revisar qué zonas se graban y respetar la privacidad de otras personas.

De todos modos, una notificación no resuelve por sí sola una incidencia. Si la vivienda está lejos, conviene saber si alguien puede acercarse cuando sea necesario y qué actuaciones contempla el servicio de seguridad contratado.

Qué hacer el último día antes de marcharse

Una vez que tenemos claras las medidas de protección, llega el momento de cerrar la vivienda.

Además de revisar las ventanas y puertas, hay que comprobar que la alarma funciona, que los sensores están correctamente colocados y que el sistema queda activado.

Si alguien dispone de una copia de las llaves, es recomendable mantener actualizado su teléfono y explicarle cómo actuar si necesita acceder a la casa.

También conviene evitar publicar en redes sociales información demasiado precisa sobre cuánto tiempo permanecerá vacía la propiedad.

Y, si podemos volver alguna vez durante el invierno, aunque sea para una visita breve, mejor. Servirá para comprobar el estado de la vivienda y detectar posibles desperfectos.

Dejar la casa cerrada sin tener que estar pendiente de ella

Tener una segunda residencia significa disfrutarla durante una parte del año y ocuparse de ella también cuando no estamos. No todas las viviendas necesitan instalar una alarma con las mismas características. Una casa aislada, un apartamento en una comunidad habitada o una vivienda en una urbanización de temporada presentan situaciones diferentes. Lo importante es revisar los accesos, conocer las opciones de seguridad disponibles y elegir aquellas que tengan sentido para cada caso.

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