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Paseando por Carrús

Recuerden, contará que es un bulo cualquier información que se diga de él que él considere que no le beneficia, en eso va a centrar parte de su participación en ese Congreso

Portada del libro de Máximo Huerta

Portada del libro de Máximo Huerta

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Feliz fin de semana, que ustedes disfruten del reposo de estos días.

A mí el fin de semana me trae a pasear las calles del barrio de Carrús, de Elche. Lo hago para encontrarme con mi amigo José Antonio Hernández, ilustre ilicitano que ha vivido y convivido con esos empresarios que tanto le han dado a Elche y que tan lejos han llevado el nombre de esta ciudad, mostrando las mejores creaciones en calzado.

José Antonio y yo somos de esos seres capaces de ser puntuales a la hora de sentarnos a tomar el café, pero nada comprometidos con la hora de terminarlo. Para qué ocultarlo, a ambos nos gusta hablar y a ambos nos gusta contarnos historias de este barrio de luchadores. Todos los bajos tienen negocios, todos, y la mayor parte de ellos relacionados con el calzado.

Hoy empezamos comentando la “ida” definitiva de Nadal. Cómo entendemos esos valores que van desde la humildad hasta el trabajo bien hecho, que siempre nos ha transmitido Nadal, en sus veintiséis o más, años de deportista, lo entendemos los que nacimos en familias humildes y nos hemos pasado la vida pisando la realidad y perseverando cada mañana.

José Antonio me puntualiza que, como todos, cuando él empezó a dedicarse al “Seguro”, no tenía idea de nada, pero empezó a especializarse, robándole horas al sueño, sí, fortaleciendo la “materia gris”, atendiendo sus obligaciones familiares, pero, a la vez forjando un futuro que diera seguridad económica a su entorno. Esa es su historia, pero coincide con la de casi todos los que esta mañana nos rodean en esta cafetería de esta zona de Elche tan productiva. Los miro y son “maduros” que han peleado toda su vida.

Después de ver cómo les va a los políticos, ambos, José Antonio y yo, nos reímos y damos gracias a Dios, por no haber escuchado las tentaciones que alguna vez nos llegaron para formar parte de ese extraño mundo que, ante las necesidades reales, han demostrado que valen para poco.

La política de nuestros días nos demuestra que, unos y otros, son capaces de engañar, firmar y acordar, retorcer la ley, favorecer a los suyos y otras muchas cosas, para no perder el sillón. Lo hemos visto en el Congreso con una negociación del Gobierno y PSOE sobre la fiscalidad que hasta a ellos los ha sonrojado. Y los hemos visto en Europa, acordando lo imposible, con los que hasta hace poco denominaban la extrema derecha europea, en tal de no perder los sillones que estaban comprometidos, sobre todo el de Ribera.

Nos llega la noticia de que se abren las primeras panaderías en la Zona CERO de Valencia. El pan, eso tan simple, tan sencillo, es la primera muestra de que todo podrá volver a la normalidad.

Esa zona tan perjudicada ha resultado ser el vivo ejemplo de lo que pasa en la “democracia” que vivimos, el lodo que hay en las alcantarillas se está solidificando y no permite que fluyan las aguas fecales, que se estancan y salen por donde no deben. Díganme si no es lo que estamos viendo en el día a día de la política española, ahora que el tal “Aldama” ha decidido hablar y contar cómo le ha ido en “la feria”. El empresario Aldama parece que tiene interés en contar la verdad, su verdad, una verdad o algo de la verdadera verdad. Algunos socialistas, después de escucharlo, están con dieta de agua de arroz. Ábalos y Koldo no se llaman, no se hablan y desconfían de lo que cada uno está dispuesto a decir y mientras, el Presidente, quiere un Congreso de PSOE en el que se le rinda tributo por su buen hacer. Recuerden, contará que es un bulo cualquier información que se diga de él que él considere que no le beneficia, en eso va a centrar parte de su participación en ese Congreso.

José Antonio no se enfada porque yo haya pagado los cafés y las tostadas, otros días sí, pero hoy ha sido condescendiente. Encaminamos nuestros pasos hacia su oficina, que luce con esa estampa de color rojo en la Avenida de Novelda, de una de las aseguradoras más conocidas del entorno. Sólo tiene que poner dos o tres detalles para que parezca, toda ella, un adorno de Navidad. Nos despedimos en la puerta. Le agradezco mucho su tiempo y que me haya podido dedicar un rato.

Camino tranquilo y despacio hacia mi coche, es temprano, hay pocas personas para lo que esta importante avenida es a diario. El aire fresquito me da en la cara y me despeja y me pone a pensar en subir al campo y poner una chimenea, que es mi pasión de los días de descanso. Junto a ella leer es toda una terapia. Esta semana terminé la lectura de “Mi pequeña Librería” del escritor Máximo Huerta, no se la pierdan. Es un cuento de amor, entrega, de pasión por un sueño y de comienzo de nuevos retos. Me ha cautivado.

Disfruten del fin de semana. Aprovechen cada minuto y, sobre todo, dedíquense a sus seres queridos, es el mejor “poso” que van a dejar en esta vida.

Como siempre, servidor de ustedes…

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