Diana Morant desconoce Alicante
Generalizando, los valencianos, entre despectivos y paternalistas, tildan a los alicantinos de “menfotistas” y “plañideros”, en toda una recriminación contradictoria, pues no se puede ser ni estar en ambas cosas a la vez, es decir: “pasotas indolentes” y “quejicas llorones/as”

La secretaria general del PSPV-PSOE y ministra de Ciencia, Innovación y Universidades, Diana Morant, interviene durante la clausura del 15º Congreso Nacional del PSPV-PSOE, en el Palacio de Congresos
Parece tema espinoso y molesto que a nadie gusta revivir, pero cada cierto tiempo rebrota en el trasero de nuestra Comunitat, Regne o País, como un furúnculo mal curado, los agravios comparativos, ciertos o no, sírvase usted mismo, entre Valencia y Alicante. El último ejemplo, el congreso del PSPV entronizado a la gandiense y exministra Diana Morant como virreina en la Comunitat Valenciana, dejando ésta a los “del Sur”, desde Dénia a Pilar de la Horadada y desde Alicante capital hasta Villena en poco menos que nada, con un solo hombre en la nueva Ejecutiva de un partido a la espera que la Dana arroje del poder a los populares de Feijóo-Mazón.
Generalizando, los valencianos, entre despectivos y paternalistas, tildan a los alicantinos de “menfotistas” y “plañideros”, en toda una recriminación contradictoria, pues no se puede ser ni estar en ambas cosas a la vez, es decir: “pasotas indolentes” y sensu contrario “quejicas llorones/as” en la sempiterna pregunta “¿y de lo mío qué?”. Mientras, los alicantinos como provincia resultan mucho más diferenciados en tribus comarcales, con antropología y lenguas distintas, yendo por libres cada cual, pero se acantonan contra el Cap i casal acusando, injustamente entiendo, a la capital autonómica de prepotente, desatenta y esquiva con todo aquello que suceda más allá de sus propios límites municipales.
En representación de Alicante se impondrá un municipalista renegado del ilicitano Soler pasándose a los pretoriano de Morant: José Antonio Amat, hombre fuerte del alcalde de Elda, Rubén Alfaro (también defenestrado cuando antes del congreso se le suponía alto cargo en el sanedrín de Morant), dado que la capital del Vinalopó es uno de los pocos bastiones que le quedan a un PSPV rodeado de puntos azules por todas partes.
Si Vicesecretario Tercero es a lo más que ha podido llegar Alicante como provincia, ya me contarán cuáles son las perspectivas de la quinta provincia de España respecto a la tercera: vergonzosamente escasas. Todavía recuerdan los alicantinos a los presidentes socialistas de la Comunitat, cargo más representativo que ejecutivo, fueron sus paisanos García Miralles, Beviá, Serna, Ana Barceló, etc., y ver a Ángel Franco hoy en relegado número 24 de la Ejecutiva, cuando ayer fue el fontanero mayor, temido, respetado y odiado en Valencia, no deja de serles decepcionante.
Vienen estas pequeñas aversiones de nuestra Comunitat, también en política, al hilo del muy mentado Congreso Socialista del País Valencià, que no nos ha parecido sino otro paseo militar de Pedro Sánchez mandando embajada con Morant justo antes de su entrada triunfal en la capital autonómica para repetir idéntico mensaje que ya nos había trasladado en congresos autonómicos previos al valenciano; sólo algún apunte secundario como obligado remedio a los afectados por la dana. Bien sabe el presidente del Gobierno español que sus principales frentes están en Madrid y las Castillas que la circundan, además de una Andalucía enrocada a su derecha, dando por perdida a la Galicia de Fraga y sucesores, empezando por Feijóo, por lo que, siendo el resto nacionalismo de distinto tono intensivo, el fiel de la balanza autonómica, preludio de la nacional española, se puede vencer marcado por el peso específico de la Comunitat Valenciana, después de haber situado a sus fieles Illa en Cataluña y a Pilar Alegría en Aragón.
Es fácil colegir la falta de cálculo estratégico por parte de Ferraz, como satélite de La Moncloa (socialismo democrático versus sanchismo autocrático). Las cuentas están mal hechas a la hora de recontar las próximas papeletas tomadas del mazo de la rosa, puesto que luego lo que quedara en juego no serán solamente las mesas de la contornada Sur, sino y también las del muy amplio y decisivo resto en una comunidad autonómica a la que, cuando lleguen las elecciones los lodos se habrán convertido en polvo, y no demasiado enamorado, pues para entonces los contendientes deberán demostrar quién puso más proporcionalmente, como es obvio, en las Haciendas de la nación y de la autonomía.
Precisamente un Mazón embarrado por la dana y amenazado por un intento de derribo mediático (“¡Mazón dimisión!”, como carta de ajuste y entradillas afectas al Régimen sanchista) obligarían al actual presidente valenciano a esquilmar las arcas autonómicas hasta quedarse al límite presupuestario en detrimento de sus promesas para todos, pero Diana Morant sólo podría enfrentarse a él, o a su posible sustituta la alcaldesa de Valencia, si es capaz de robarle la chequera a Pedro Sánchez, aunque luego se la devuelva, demostrando que también logrará sisarla en un futuro, siempre y cuando Feijóo no acabe también defenestrado a Sánchez.
Por cierto, en unas jornadas que organizó este periódico con el Ayuntamiento de Valencia, y sobre la Exposición Regional de 1909, pude mantener una breve charla con la alcaldesa María José Català, quien comprensiblemente me dijo (con afectada rotundidad) que no quería ser la sustituta de Mazón. Ya se sabe que en política demostrar aspiraciones a un cargo es perderlo. Sin embargo, personalmente la aprecié, tanto en su locución de clausura de las jornadas como en nuestra conversación, persona más que dispuesta y experiencia sobrada comentando solidaria un desastre que apenas le pilló de refilón, y conocedora perfecta de la provincia de Alicante (algo inusual en la valencianía).
Desde luego en este “juego de damas” María José llevaría las de ganar frente a Diana, pero todavía hay tiempo para hablar de esas cosas. Esperemos, vamos a tenerlo mientras Begoña quiera seguir disfrutando del gratis total en La Moncloa.