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Mazón se pone las pilas lingüísticas

Ha estado bien que Mazón y José Antonio Rovira intenten poner orden racional e igualitario a la anterior política lingüista impuesta por socialistas y Compromís

El conseller de Educación, Universidades y Empleo, José Antonio Rovira y el presidente de la Generalitat valenciana, Carlos Mazón

El conseller de Educación, Universidades y Empleo, José Antonio Rovira y el presidente de la Generalitat valenciana, Carlos Mazón

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Verdaderamente no sabes una lengua hasta que no piensas en ella propiamente. Y no es menos cierto que nuestro cerebro está preparado para cambiar el chip de uno a otro o varios idiomas bien conocidos previamente como demuestra la psicolingüística contemporánea. El problema añadido es el dominio gramatical y escrito de cualquiera de las lenguas usadas para comunicarnos en nuestro entorno.

De ahí que cuando en la Comunitat Valenciana se pudo recuperar la lengua autóctona, tan menospreciada y muy a propósito olvidada por el franquismo durante 40 años, fueron muchos los que gozosamente recuperaron su habla, sobre todo en zonas que habían sido valencianoparlantes desde la Reconquista catalana-aragonesa, pero muy pocos quienes sabían escribirla correctamente trasladando la fonética a la letra impresa.

El conocimiento simultáneo de ambas lenguas fue creciendo conforme el valenciano recuperó sus señas normalizadoras (ya en democracia) desde la enseñanza primaria que es el mejor semillero natural para dominar los inicios de un idioma. Por un prurito identitario se impuso la gramática de Manuel Sanchis Guarner sobre el hasta entonces forzado mimetismo (Països Catalans, artificial invento forzado desde Barcelona para Illes Balears y el País Valencià) tratando de imponer la gramática catalana de Pompeu i Fabra.

Fueron tiempos tormentosos exhibiendo el idioma como banderín de enganche político. Quién no recuerda argumentaciones de lo más peregrinas como las de Unión Valenciana atribuyendo el origen de nuestra lengua cooficial al Occitano limosín en menoscabo del catalán y del aragonés, repobladores de nuestra tierra mora. O las enconadas y agrarias polémicas mediáticas y de círculos intelectuales tanto desde una derecha adversa a todo lo que viniera de Cataluña, frente a una izquierda incondicional a cuanto viniera de nuestros vecinos del norte.

Por eso ha estado bien que Carlos Mazón y su escudero rampante el conseller de educación José Antonio Rovira, intenten poner orden racional e igualitario a la anterior política lingüista impuesta por socialistas y obviamente Compromís, quienes intentaban meter con calzador o, peor aún el dicho de que “la lengua con sangre entra”, castigando con suspensos en escuelas e institutos, y con inhabilitaciones a quien no dominara el valenciano en distintas oposiciones y entidades públicas administrativas. Las revueltas callejeras en comarcas como el Vinalopó, Utiel-Requena, Villena, Orihuela y toda la Vega Baja, etc. fueron sonadas porque precisamente allí nunca se había hablado en valenciano, llegando a argumentar que ellos no querían el dominante valenciano impuesto como los checos no aceptaron el alemán impuesto por los nazis.

Carga ahora el Govern de la Generalitat el peso electivo de una u otra lengua, incluso ambas, en la familia que es el sostén educativo de una persona desde cuando nace a sus primeros y muy dependientes años de vida, algo que irá complementando y enriqueciendo en la escuela. Padres y tutores elegirán en que lengua o lenguas van a formarse sus hijos, ya tendrán estos tiempo de cambiarse de vía lingüística. Reconocen Mazón y Rovira que la cosa va a salirnos cara y sobre todo compleja distributivamente, pero más vale esa complicación que imponer un idioma que con la excepción de Joanot Martorell (siglo XV) o Fuster en el XX, hayan dado tantas glorias nacionales e internacionales a nuestra Comunitat, Regne o País, como pongamos por caso Blasco Ibáñez, Gabriel Miró, Miguel Hernández, Altamira (ya descansando en paz en su Alicante natal).

Siendo el castellano, o español (también lo es el valenciano), el tercer idioma hablado en el mundo nada puede ni debe temer a verse desplazado por el otro idioma cooficial que, por supuesto deberemos conservar como una joya característica, pero sin implicarlo como arma independentista imitativa de vascos y catalanes, cuyo famoso dicho “el separatismo empieza por la lengua” lo único que provee es la animadversión entre ciudadanos, vecinos e incluso miembros de la misma familia.

Aprendí a hablar y escribir catalán oficial en la biblioteca de Vilafranca del Penedès, y puedo decir que me ha enriquecido muchísimo como persona, pero mis profesores también me enseñaron que se podía ser español, y coexistir el haber y el estar en aquella Cataluña acogedora de tantos inmigrantes, que hoy ya no quiere.

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