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Destierro de Kindelán por defender la monarquía

Alfredo Kindelán Duany (nacido en Santiago de Cuba en 1879) fue un militar de enorme prestigio, ingeniero y piloto; perteneciente a una conocida familia de amplia tradición militar

Retrato de Alfredo Kindelán Duany

Retrato de Alfredo Kindelán DuanyGabino Martínez García, 1968

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El General Kindelán fue desterrado a Tenerife, el 25 de febrero de 1946, por encabezar un movimiento monárquico, de cuyo sistema de Estado, era ferviente defensor. Encabezaba un grupo de nobles y militares que exigía al General Franco la Restauración Monárquica en la persona de Don Juan de Borbón, hijo de Alfonso XIII y heredero legítimo de la dinastía por las circunstancias concurrentes en la familia real, al renunciar sus hermanos, Don Alfonso, Príncipe de Asturias, y Don Jaime, por distintos motivos que apartaba a ambos de la línea hereditaria.

Los monárquicos españoles siempre confiaron en que, al término de la Guerra Civil, Franco restauraría la Monarquía Borbónica. Con este convencimiento lucharon totalmente integrados en el bando nacional como también lo intentó el heredero al trono, el Infante Don Juan de Borbón pero, tras llegar a la Zona Nacional, las autoridades militares le obligaron a volverse al exilio.

Durante la posguerra, a partir de 1942, después de la muerte en Roma de Alfonso XIII, el 28 de febrero de 1941, este grupo de militares e importantes monárquicos, que habían participado con los sublevados durante la Guerra Civil, agilizaron sus movimientos en búsqueda de una segunda Restauración que restituyese la Monarquía Borbónica en la persona del heredero dinástico de la Corona Española, Don Juan de Borbón.

Don Juan cruzó varios escritos con Franco, incluso varias embajadas a través a de monárquicos bien vistos en el régimen gobernante, con la pretensión de que, como heredero de su padre, Alfonso XIII, se le permitiese acceder al Trono.

Lo cierto es que aunque se gestionaba por distintos conductos, nadie albergaba la esperanza de conseguirlo; es más, producía un efecto contrario y sus gestores caían en desgracia, eran ninguneados, condenados al ostracismo institucional o incluso sufrían represalias por parte del Régimen en modo de ceses, destituciones, exilio, destierro e incluso confinamiento.

Los monárquicos, en marzo de 1942 se organizaron mejor creando un Comité para la Restauración presidido por José María de Areilza, Conde de Motrico; formaban parte de dicho Comité acreditados monárquicos, nobles y militares; entre ellos el General Kindelán; General Varela; Pedro Sainz; el Duque del Infantado; Eugenio Vegas Latapié; el Conde de Fontanar y el Coronel Troncoso entre otros.

En el verano de 1943, también un grupo de 27 Procuradores en Cortes, presentaron una Moción pidiendo al Caudillo la restauración de la monarquía. Claro, no prosperó. Pero eso sí, automáticamente fueron cesados de sus cargos todos los firmantes. La conspiración siguió adelante a pesar de los ceses y en septiembre, en manos del General Varela, hicieron llegar otro escrito a Franco, firmado por los generales Orgaz, Dávila, Ponte, Solchaga, Saliquet, Monasterio, Varela y Kindelán.

En el escrito, con el máximo respeto le decían a Franco que creían “había llegado el momento de no demorar más el retorno de aquellos modos de gobierno genuinamente españoles que hicieron la grandeza de nuestra Patria, y de los que se desvió para imitar otras formas extranjeras”.

El principal promotor era el General Kindelán

La reacción de Franco fue citarles a todos, recibirles uno a uno y, “a la gallega”, decirles que “sí, lo tendré en cuenta”.

Don Juan, mientras tanto, declaraba que Franco le estaba dando respuestas vagas sin comprometerse a la Restauración.

En marzo de 1944 volvieron a la carga e hicieron circular por Madrid un manifiesto, dirigido a Don Juan y firmado por 50 catedráticos universitarios, en el que declaraban su “convicción de que España necesitaba recuperar su Monarquía y su Rey, en la persona de Su Majestad. Esta es nuestra esperanza de un Régimen estable, de autoridad, de derecho y de paz, que permita a España restañar sus heridas y realizar sus aspiraciones en el futuro concierto de los pueblos”.

Franco destituyó a los cuatro cabecillas del manifiesto y les impuso una multa de 25.000 pesetas a cada uno.

Alfredo Kindelán Duany (nacido en Santiago de Cuba en 1879) fue un militar de enorme prestigio, ingeniero y piloto; perteneciente a una conocida familia de amplia tradición militar.

Durante la Guerra Civil fue nombrado jefe de los Servicios de Aviación y miembro del Consejo Superior del Ejército; organizó el Puente Aéreo sobre el estrecho y acompañó a Franco desde el inicio, perteneciendo a su Estado Mayor. En 1940 ascendió a Teniente General y en junio de 1941 fue nombrado Capitán General de la IV Región (Cataluña); aunque fue cesado cuando cayó en desgracia. Fue el inspirador de la creación del Ministerio del Aire Español.

Como se consideraba a Kindelán el cabecilla del “contubernio” se le condenó al ostracismo, tanto era así que, cuando en las altas esferas políticas y militares de la Nación se aseguraba que iba a ser él, el Ministro del Aire, ministerio hecho a su imagen y semejanza, Franco le “castigó”y nombró al General Yagüe que era del Ejército de Tierra.

Kindelán tenía buena fama de ser contestatario con Franco a quien, tanto de palabra como por escrito, le decía todo lo que otros no se atrevían a decir.

En 1945, por mantener el contacto con el grupo conspirador, fue retirado del ejército y deportado a Garachico, Isla de Tenerife. Posteriormente fue encarcelado; prisionero en el Castillo de San Marcial, en Sardanyola del Vallés (Barcelona).

Se dedicó a escribir para asegurarse unos ingresos, pero estos no le llegaban ya que, constantemente, eran boicoteadas sus obras.

Al recobrar la libertad, fue nombrado Presidente del Consejo Privado de Don Juan de Borbón, permaneciendo hasta 1959.

En 1961 recibió el título de Marqués de Kindelán

Fue muy buen militar y de una gran formación. Gozaba del respeto y reconocimiento de los más Altos Mandos de los tres ejércitos.

Escribió una buena colección de libros, la mayoría de carácter técnico, muy interesantes para la aviación y otros, entre los que destacan, “Cuadernos de la Guerra” y “La verdad de mis conversaciones con Franco”, que fueron los más vendidos.

En 1961 fue objeto de un importante y merecido homenaje en el Ministerio del Aire.

Murió en Madrid el 14 de diciembre de 1962, a la edad de 83 años, recibiendo los honores de Capitán General con mando en plaza.

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