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El 8M en la era Trump

Ahora la Fiscalía quiere que se repita el juicio a Rubiales -pura demagogia-, pues se ve que no le ha gustado el veredicto, hecho peligroso porque puede abrir la puerta a juicios a medida, con sentencias a gusto del gobierno de turno

El expresidente de la RFEF, Luis Rubiales, y su abogada, Olga Tubau, a la llegada al juicio en la Audiencia Nacional.

El expresidente de la RFEF, Luis Rubiales, y su abogada, Olga Tubau, a la llegada al juicio en la Audiencia Nacional.

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Han pasado cinco largos años desde aquellas manifestaciones feministas que recorrieron nuestras calles, y que tuvieron lugar justo antes del confinamiento por la pandemia mundial de Covid-19. Hay que ver cómo han cambiado las cosas desde entonces. Aquél fue un verdadero punto de inflexión en nuestras vidas, que ha modificado muchas de las políticas de los gobiernos de los diferentes países, como bien se está notando en el ámbito internacional. Ahora la tendencia en Occidente es hacia gobiernos ultraconservadores, a los que parece que el feminismo les estorbe, cuando queda tanto camino por recorrer para conseguir la equiparación en derechos y oportunidades para ambos sexos, en materias como igualdad salarial, promoción y carrera profesional, cuidado de los hijos y de otras personas en el entorno familiar, salud reproductiva, o reparto de las tareas domésticas, entre otros muchos, por no hablar del sangrante tema de la violencia hacia las mujeres.

Los Estados Unidos se enfrentan desde hace varias décadas a un rival muy fuerte, China, el gigante asiático, que pretende alzarse como primera potencia mundial. A lo largo de la Historia las civilizaciones se han ido sucediendo y los Estados Unidos no serán una excepción: dejarán de ser el primer país del mundo en algún momento, a pesar de los esfuerzos de sus dirigentes -aunque también podríamos decir que gracias a ellos-. En este sentido, el presidente Trump parece creer que, para recuperar su hegemonía como nación, necesitan ir pisando por encima de todo y todos. Los pactos posteriores a la II Guerra Mundial, la OTAN y las Naciones Unidas han sido puestos en tela de juicio por el presidente americano, que, por cierto, recordemos que fue condenado por abuso sexual antes de ganar las segundas elecciones. Trump se está cubriendo de gloria con varias de las políticas sociales que ha puesto en marcha, en concreto con las relativas al tema de la igualdad entre hombres y mujeres. El gran hombre blanco heterosexual parece que haya regresado por sus fueros, como si hubiera sido en algún momento despojado de su poder y tuviera que reivindicarlo. ¡Ah, sí!, que llegó un hombre negro a la Casa Blanca, porque que llegue una mujer parece algo impensable en una sociedad que demuestra su lado más rancio en este sentido. Aunque, bien mirado, ¿estaríamos dispuestos a tener una presidenta del Gobierno en España? Yo apostaría a que no, para eso nos queda evolucionar mucho también y los vientos de cambio están soplando en sentido involutivo. Tal vez tengan que pasar otros cincuenta años más para ver este hecho como algo natural. Y ojalá llegue el día en que la reivindicación feminista sea agua pasada porque ya no haga falta.

Trump se está cubriendo de gloria con varias de las políticas sociales que ha puesto en marcha, en concreto con las relativas al tema de la igualdad entre hombres y mujeres

Cierto es que, con historias como la de Jenny Hermoso y el macarra del expresidente de la RFEF, Luis Rubiales, las mujeres lo llevamos claro. Que conste que para mí que lo inconcebible es que este sujeto fuera el presidente de semejante institución, cargo para el que obviamente no estaba preparado. Yo lo habría metido en prisión, pero por magrearse sus partes en presencia de la Reina en el palco, no por el beso a la Hermoso, que, por cierto, me parece que ha sido en buena lid juzgado y sentenciado. Ahora la Fiscalía quiere que se repita el juicio -pura demagogia-, pues se ve que no le ha gustado el veredicto, hecho peligroso porque puede abrir la puerta a juicios a medida, con sentencias a gusto del gobierno de turno. A mí la Hermoso no me representa, ni me identifico con ella, y lo sucedido para mí que se ha sacado de madre. Considero que nos perdemos a veces en jardines absurdos, con un elevadísimo gasto público, cuando no se trata de esto, sino de mucho más. Se trata de que las queridas de Ábalos estén ocupando puestos públicos por el simple de serlo, de que algunos otros políticos -particularmente sangrante en el caso de los de Podemos- estuvieran enarbolando la bandera del feminismo mientras se llevaban por delante a toda la que pillaran, se supiera y se ocultara. No es serio, no es lógico y no es defendible el silencio que ha rodeado estas conductas, durante demasiado tiempo. Y de esto sí estamos muy, pero que muy hartas. Hartas de comentarios machistas, de miradas lascivas fuera de contexto, de lo muchísimo que nos cuesta que nos tomen en serio y de que nos traten como si fuéramos ciudadanos de segunda clase.

En todo caso, si nos planteamos qué es el feminismo, una de las primeras cuestiones que se suscitan es que no existe una sola voz ni una interpretación única del concepto. Incluso hay mujeres a las que este tema les aburre y no quieren ni comentarlo, lo que no deja de ser curioso. Parece que se banalizara todo lo relacionado con la conmemoración del 8M, que recordemos que empezó siendo el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, en homenaje a aquellas 146 mujeres que fallecieron en 1908, a causa de que el dueño de la fábrica textil de Nueva York en que trabajaban decidió cerrar las puertas del establecimiento, para acabar con sus reivindicaciones laborales. Y vaya si acabó. Se desencadenó un incendio fatal que acabó con sus vidas. Más de cien años después de este terrible suceso, y a pesar de la evidente evolución de la reivindicación feminista, estamos lejos de poder dar el tema por zanjado. Es más, lo tenemos cada vez más difícil, puesto que, con algunas de las acciones llevadas a cabo en pro de la igualdad, como la discriminación positiva, muchos hombres se han sentido atacados y ahora parece que quieran tomarse la revancha. Las mujeres tendremos que hacer autocrítica también, pues en algunos casos se ha tirado de la cuerda en demasía. Y espero que no desencadene todo esto en una guerra de sexos, pero con sujetos como Trump en el poder lo llevamos claro, sobre todo sus compatriotas. 

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