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Publica versus privada = gilipollez supina

La última vez que "la rizos" se ha despachado a gusto ha sido este fin de semana: primero, cargando contra la Justicia y por si no teníamos bastante leña al mono de la “presunción de inocencia”, acto seguido se ha despachado a gusto chabacano contra las universidades privadas

La vicepresidenta primera del Gobierno y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, interviene durante el desayuno informativo de El Correo de Andalucía

La vicepresidenta primera del Gobierno y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, interviene durante el desayuno informativo de El Correo de AndalucíaEuropa Press

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Ya hay que ser tonta de donde la espalda pierde su honesto nombre para decir semejantes barbaridades, hasta en lo académico, para demostrar lo atrevida que puede ser la ignorancia sociopolítica, pero María Jesús Montero se supera en estulticias superlativas cada vez que la dejan subir al estrado de su partido socialista, algo que no le permiten en La Moncloa por aquello de evitar la vergüenza ajena.

La última vez que "la rizos" se ha despachado a gusto ha sido este fin de semana mitinera: primero, cargando contra la Justicia, pilar fundamental de las democracias que en el mundo fueron, son y serán; pero y por si no teníamos bastante leña al mono de la “presunción de inocencia”, acto seguido, es decir inmediatamente después su “Excelentísima” se ha despachado a gusto chabacano contra las universidades privadas, que no sólo liberan mucho pupitre dejándolo expedito para que las públicas puedan ir evacuando inadecuadas masificaciones impropias de un centro que se dice de estudios superiores, sino que arriesgan su dinero y no el de nuestros impuestos, simplemente porque desde su independencia iniciática no comulgan (a los ojos de Sánchez y su banda) con una conducción docente de tipo ideológico de izquierdas o explícitamente antirreligiosa: “Opio del pueblo”, que sentenció Lenin.

O sea "chiringuitos" ¿playeros?, que las universidades privadas explotan para afanarle la cartera al paisanaje, y de nada valen claustros de profesores con magníficos expedientes, bibliotecas, laboratorios con aparataje de primer orden tecnológico, centros de experimentación, hospitales de prácticas y muchos etcéteras imprescindibles para la docencia en sus niveles más exigentes, que no son útiles socialmente para la altísima clarividencia, cultura y preparación de nuestro presidente, sino un rebaño de indocumentados, caterva indocta, maestrillos inaptos hasta para primaria: tropa a las órdenes preconciliares o sicarios de un empresariado que intenta formar a sus sucesores en los ámbitos de más alto nivel competitivo tanto en España como en el ámbito universitario europeo.

46 universidades privadas, es de suponer que, como en las 50 públicas, y hasta si apuramos en determinadas carreras, incluso asignaturas, unas mejores que otras. Pero todas ellas con solvencia y anuencia para expedir un título, obligadas a inspecciones continuas y controladas tanto por el Estado, como por las Comunidades Autonómicas, encargadas de evaluaciones bastante pormenorizadas. Por lo cual parece bastante engañador que desde el Gobierno central se nos diga que los padres mandan a las privadas (algunos con ímprobos arrestos económicos) para que a sus hijos/as les “regalen” el diploma a cambio del esfuerzo y ahorro paterno. Basta mirar la cantidad de suspensos y repetidores, tanto en unos como en otros, o lo presencial de titulares de cátedra, o las carreras mixtas como Derecho y Económicas, o la determinación de empresas avanzadas tecnológicamente a la hora de escoger precisas titulaciones.

Y encima: ¿Mira quién habló que la casa honró? El fraudulento doctorado del mismísimo Pedro Sánchez facilitándose su propia tesis después de licenciarse en una universidad privada. Por no hablar de otras flagrantes contradicciones del “presi” y señora Begoña cuando ambos han impartido clases en la privada de la que ahora reniegan intentando encapsularla como abyecta minoría capitalista para estudiantes con menos luces, pero más posibles.

Hasta ahora creíamos que la Constitución protegía los derechos de una libre educación para todos los españoles, pero estos se pasan la Carta Magna por la castración intelectual de según qué artículos inconvenientes para ellos o que intentan reescribir a su antojo. Eso sí, ni con el País Vasco ni con Cataluña se atreven. Allí ordenan y mandan los gobiernos autonómicos. ¿Por qué en el resto de España quien cede y concede es el gobierno Central, en este caso por pura ideología confiscadora también del capacidad docente universitaria?

Muchas de las mejores universidades del mundo y también de España son privadas, podríamos hacer un listado que avergonzaría a la enseñanza pública. Me parece una “gilipollez” intentar ponerle palos en las ruedas a quienes se juegan su prestigio institucional, bastante tiempo y sus buenos euros en formar, dentro de las coordenadas del Consejo Superior de Universidades, que para eso está no para que lo controle el poder político, a quienes el día de mañana ocuparan puestos de responsabilidad dentro de la estructura piramidal del conocimiento.

Otra satrapía del iluminado de la Moncloa. Dios nos pille confesados, nunca mejor dicho, o poemitas conversos. Personalmente estudié en la universidad pública y ahora ejerzo en la privada, sintiéndome muy orgulloso de ambas. ¿Por qué no?

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