ESdiario
ESdiario .

Juan de Oleza

Un Caballero Cubierto en trance

Al psiquiatra Amadeo Valoria Martínez ha correspondido ostentar este año tan alto honor y recibir en el monumental marco del claustro de la Universidad Histórica la placa acreditativa de su nombramiento y la insignia en oro de la ciudad

Amadeo Valoria Martínez firma en el libro de honor del Ayuntamiento de Orihuela.

Amadeo Valoria Martínez firma en el libro de honor del Ayuntamiento de Orihuela.

Creado:

Actualizado:

Cuando los periódicos se editaban solamente en papel, al concluir la Semana Santa oriolana solía hacerse un balance de la misma. Y a mí, que abandoné el ejercicio profesional cuando aparecieron los célebres Macintosch y el periodismo empezó a dejar de ser lo que era, me apetece dejar en la forma digital que los tiempos nos imponen alguna impresión de lo visto y oído en esta Semana Mayor. Empezando por esa incomprensible negativa municipal (después de 37 años) a hacerse cargo del importe de los fuegos artificiales que la Hermandad de la Resurrección dispara cada madrugada a la salida de su procesión desde la iglesia de las Santas Justa y Rufina. Tienen suerte los responsables de este acto miserable (ruin, despreciable, mezquino, o si lo quieren en su significado bíblico) de que los integrantes de esta Hermandad no sean personas conflictivas porque, en tal caso, bastaría sacar a la luz algunos ejemplos significativos de contabilidad creativa en la gestión de los fondos públicos para sofocar públicamente a sus autores y cómplices.

El otro tema de comentario estos días, dentro de la ciudad y fuera por quienes lo vieron a través de la televisión, ha sido el largo corte sufrido en la procesión general de Viernes Santo a partir de un determinado lugar y momento. Sobre las causas y motivos hay diferentes versiones que corresponde a los organizadores prever y solventar porque una procesión tan preñada de grupos escultóricos y cofrades no puede alargarse más de lo previsible, so pena de que –como va ocurriendo en los últimos años- las sillas de los espectadores se queden vacías a partir de la segunda hora.

Pero quiero elevarme algo en este comentario y centrarme en el secular y solemne acto de investidura del Caballero Cubierto Porta-Estandarte en la Procesión del Santo Entierro de Cristo, que data del siglo XVII y organiza el Ayuntamiento de la ciudad. Es la Corporación Municipal la que, a propuesta de la comisión de festividades, designa cada año a la persona que consideran que por su nobleza, relevantes méritos y amor a la ciudad se ha hecho merecedora del privilegio de encabezar el cortejo y no descubrirse cuando pasa por el interior de la Catedral.

Al psiquiatra Amadeo Valoria Martínez ha correspondido ostentar este año tan alto honor y recibir en el monumental marco del claustro de la Universidad Histórica (Colegio Santo Domingo) la placa acreditativa de su nombramiento y la insignia en oro de la ciudad, tras lo cual la edil de Festividades, Rocío Ortuño, dijo que Valoria es “un hombre sereno, respetado y entregado al bien” y que, acompañado por su esposa Josefina García y sus hijos Amadeo y Esperanza, vive “una vida llena de bondad, constancia y talento”, al tiempo que destacó le avala “una gran trayectoria profesional, ejerciendo al diagnóstico, tratamiento y prevención de los trastornos mentales, emocionales y del comportamiento”.

Seiscientos segundos en los que, de pie tras el protagonista, concejala, alcalde y obispo no sabían como actuar ante la extraña situación que observaban

Entre sus méritos en el ámbito de la Semana Santa, subrayó la concejal de Festividades que Amadeo Valoria es cofrade del Perdón y ostentó el cargo de portaguión en 2004, que ha sido cofundador y vicepresidente de la Hermandad de los Pilares de la Soledad y es miembro de los Cantores de la Primitiva Pasión ‘Federico Rogel’ desde hace 27 años, además de glosador del pregón de “Los Armaos” en 2017. Rocío Ortuño recordó también su participación en la sociedad oriolana como presidente de la Unión Lírica Orcelitana, Caballero de la Real Orden de San Antón en 2022 y su generosidad ya que “ha brindado obras musicales y literarias a la caridad y la historia de Orihuela”, por lo que –dijo- “La suma de tu talento, tu aportación y el compromiso real existente con Orihuela te hace ser digno merecedor de ser nombrado Caballero Cubierto para la procesión del Santo Entierro de Cristo”.

El nuevo Caballero empezó fuerte su discurso. Tras citar a Miguel Hernández -"Alto soy de mirar las palmeras"-, afirmó rotundo que “Miguel no hubiera sido posible sin Orihuela, y en eso humildemente nos parecemos todos a él”. Pero no se olvidó de la figura de Teodomiro para recordar la convivencia en Orihuela de gente de distinto origen y credo, en referencia a las tres culturas: “Nuestro ser implica la concurrencia de múltiples perspectivas", indicó. También tuvo palabras referidas al tesón de Fernando de Loazes, Ramón Sijé y Gabriel Miró, así como para la “monumentalidad de la ciudad”, que ha hecho que los oriolanos “se hayan criado rodeados de belleza y armonía” y tengan “un sentido estético y profundo”, lo que hace que esta tierra sea de “gente pacífica y poco conflictiva".

Enfatizó sobre “la paz interior” y los valores que le transmitieron de niño sus mayores, para lograr “una actitud paciente, compasiva, generosa y servicial”. Y no se olvidó de los pacientes a los que siempre ha intentado ayudar: “He conocido muchos jesucristos, muchas vírgenes y hasta la reencarnación de Lucifer”, afirmó; y de ellos resaltó su humanidad por encima de sus imaginaciones. Amadeo Valoria, que se considera hombre de la Vega Baja hasta el tuétano, terminó abogando por “no defraudar a Orihuela, a la que debemos apoyar y devolverle el 101 %, con tenacidad, honestidad, bondad y generosidad como guía para un futuro mejor".

He asistido desde 1969 al acto de recepción del Caballero Cubierto y he sido testigo de algunas anécdotas: recuerdo una de 1974 cuando la placa acreditativa que el concejal Vicea tenía que entregar al subsecretario de la Gobernación León Herrera no estaba en su sitio y cundió el pánico por unos momentos. Pero lo del Sábado Santo de este año ha alcanzado el nivel de categoría. Ocurrió cuando Amadeo Valoria se sentó en el sillón colocado ante la mesa que le habían subido al escenario –“¡Los experimentos, con gaseosa”, que dijo Eugenio D’Ors- para que firmara en el Libro de Honor del Ayuntamiento. Comenzó el Caballero a escribir su dedicatoria y paró en seco a la tercera línea. Valoria permanecía como abstraído mientras sonaban las estrofas del Canto de La Pasión. Corría el minutero y él continuaba absorto ante el asombro de autoridades e invitados que no acertaban a entender lo que estaba ocurriendo.

Fueron casi diez interminables minutos que nunca olvidaremos los presentes. Diez minutos, seiscientos segundos, en los que los Cantores de La Pasión tuvieron que ampliar el repertorio habitual y pasar de “Por ventanas y balcones…” al “Dios te salve…” y llegar hasta el ‘Stabat Mater’. Diez minutos en los que Andrés Maestre y José Miguel Ponsoda (12tv) tuvieron que echar mano de toda su profesionalidad para rellenar este imprevisto surgido en pleno directo. Seiscientos segundos en los que, de pie tras el protagonista, concejala, alcalde y obispo no sabían como actuar ante la extraña situación que observaban. Diez minutos en los que la concejal de Festividades trató echarle un capote a Valoria y le ofreció la posibilidad de que finalizara su dedicatoria en otro momento, a lo que éste se resistía.

Estos diez históricos minutos concluyeron cuando finalmente el Caballero Cubierto tomó el micrófono inhalámbrico, justificó su tardanza en escribir la dedicatoria –“¡pa qué las prisas!”- en la estupenda música que estaba sonando, y leyó: “Orihuela nos ha traído poetas, piedras y amigos. Nos ofrece la posibilidad de crecer sin el agobio, ofreciéndonos posibles conocimientos entre unas piedras, unos recuerdos y unos amigos que son como una familia con un conocimiento que nunca nos van a dejar con el paso del tiempo…”. Y ya en un tono completamente desenfadado, añadió: “Me acaban de chivar que si quiero puedo reformar otro día lo escrito…pero les puedo asegurar que me apetece muy poco”.

Escuché a mi alrededor alguna voz comentando que parecía que Amadeo se había quedado “traspuesto”. Pero yo dije que no lo creía porque “Quedarse traspuesto” significa quedarse medio dormido, amodorrado y él no lo estaba en absoluto. Valoria se encontraba despierto y bien despierto, pero lo que ocurrió creo puede encajar en aquello que Aristóteles definía en su Parva Naturalia como sueño lúcido o sueño despierto que el filósofo describe como la experiencia de que el soñador se da cuenta de que está soñando. Para mí, lo que le ocurrió a Amadeo fue que entró en trance, ese estado mental donde la persona parece estar desconectada de su entorno, con una atención focalizada y una reducción de la conciencia de sí misma y de lo que le rodea. Esto –si en algún momento quiere- nos lo aclarará él mismo, que para eso es doctor en la cosa.

Pero, en mi opinión, sucedió que mientras se deleitaba con las vigorosas notas del Canto de La Pasión que tan de cerca le toca, Valoria estaba pensando en las veces que durante el bachillerato había pisado aquel claustro que ahora le acogía con los máximos honores. Se recreaba en la íntima satisfacción de los recuerdos e impresiones bajo la perfecta conjunción y armonía de los arcos de medio punto de las logias apoyadas sobre las esbeltas columnas monolíticas de orden compuesto, fuste listo y marcado ensanchamiento. Y con la profusa decoración heráldica de la galería alta donde aparecen los escudos de España, de los Papas, de Loaces... Y la cubierta rematada con motivos escultóricos de antorchas y angelotes, culminando un conjunto de gran belleza plástica que forman parte de los que muchos han calificado como El Escorial de Levante. Y no sé si también –a mí me habría gustado, desde luego- suspirando por la vuelta al monumental edificio de universitarios que hagan realidad el sueño del gran arzobispo oriolano, hoy puesto en tela de juicio en una ignominiosa conjunción constantiniana –para qué hablar ya de sinodalidad- entre altar diocesano y trono municipal.

Pero insisto. Lo que ocurrió el Sábado Santo en el claustro incomparable de la Universidad Histórica, diseñado por Agustín Bernaldino, me recordó las palabras que Gil-Albert escribió en La trama inextricable sobre ‘La Tentación de Santo Tomás de Aquino’: “estamos, en la obra de Velázquez, ante un caso único que contraviene la regla; está inscrita allí una emoción, el personaje está en trance, no está simplemente siendo, le está ocurriendo algo y el pintor ha tenido que hacérselo ver”.

No tengo la suerte de saber pintar ni tampoco de conocer a Amadeo Valoria como Baldomero y Tomás lo conocen y entienden de toda la vida. Pero quiero decir y digo que pueden estar orgullosos por tener como íntimo amigo a este Caballero que demostró serlo de cuerpo entero, con chistera y sin ella. Porque supo salir airoso, con campechanería y bonhomía, de una situación incómoda que quedará ya para siempre en los anales de la historia de Orihuela. 

tracking