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Melquiades y el apagón

Una pena su muerte y una alegría, la del diario, que nos deja capítulos de su vida, abiertos y para estudiar

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, interviene durante la entrega de las Grandes Cruces de la Orden del Dos de Mayo, en la Puerta del Sol de Madrid, a 2 de mayo de 2025, en Madrid

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, interviene durante la entrega de las Grandes Cruces de la Orden del Dos de Mayo, en la Puerta del Sol de Madrid, a 2 de mayo de 2025, en MadridA. Perez Meca

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Feliz fin de semana, el primero de mayo, mes de muchas Vírgenes que, además, nos permite homenajear a nuestras madres en este domingo dedicado a ellas.

Me ha venido a visitar mi amigo Melquiades, el madrileño que cambió su lugar de origen por nuestras playas, el color del asfalto por el de nuestra arena y el cielo contaminado por nuestro azul limpio que se funde en el horizonte con el azul del mar. Trae un tesoro entre sus manos, una especie de “diario” que escribía su tía Julia, fallecida el día siguiente al “apagón” y que ha pasado por el crematorio hace sólo unas horas.

En su última página dice así:

“Lunes, 28 de abril de 2025. SE APAGÓ, no hay luz y la expresión me suena a aquella canción de María Jiménez que tenía ese “pellizco” del “SE ACABÓ” y que tan aplaudido fue. Espero que me aplaudáis mucho en mi despedida, porque me encuentro con el cuerpo lleno de ánimo para partir y creo que este apagón es lo último que podría verse en esta España, que ha dejado de ser la que viví y conocí, para ser una totalmente distinta, llena de políticos responsables que no son responsables de nada.

Parto sin poder hablar un poquito con Ábalos, cuya historia debe ser fascinante, con “esquinas y recovecos” por descubrir. Espero que podáis leer sus memorias y las memorias de su “secretaria ejecutiva”, esa que el Ministerio de Fomento ha conseguido justificar que trabajaba, mientras ella declaraba que jamás había ido a ninguna oficina, ni había movido ningún papel.

Recordadme siempre como “la tía Julia”, sabéis que no pasé por la fase de “emérita”, probablemente porque en la familia no tenemos tanto dinero como otros.

Si me incineráis no os llevéis las cenizas, que probablemente mías será un porcentaje pequeño, se mezclan con las de mucha gente que pasa por el horno. ¿Qué pasa con las cenizas si no las quieren los familiares? Me ha entrado la duda.

Ya se me cansa la mano de escribir, os dejo. Muchos besos de vuestra tía Julia”

Melquiades me cuenta que así se encontró el diario escrito encima de su cama la mañana que la descubrieron difunta ya. Una pena su muerte y una alegría, la del diario, que nos deja capítulos de su vida, abiertos y para estudiar.

La tía Julia creía en el más allá y Melquiades me avisa de la posibilidad de que nos venga a visitar, porque ella era así, muy curiosa.

Siempre que había grandes eventos en España, ella decía: “Alguien se está forrando”, porque sabía que todo aquello costaba mucho dinero y que iba a parar a manos de los estómagos agradecidos del gobierno que tocara.

Como ha “faltado” en estos días, no ha podido ver que la Comunidad de Madrid ha celebrado el 2 de mayo, con un nuevo enfrentamiento con el Gobierno de la Nación. Esta vez, sin asistencia de ningún miembro del ejecutivo y sin la participación del ejército, algo que ha sido una tradición de este día. “La Ayuso” ha quedado bastante dolida y no se lo perdonará a Sánchez y su entorno. Ha prometido que un día volverá el ejército a las calles de Madrid a celebrar el 2 de mayo.

La verdad es que la festividad del 2 de mayo debería ser para todos los españoles, porque ahí nos rebelamos contra los franceses invasores y resultó que ganamos, por aquella Manuela Malasaña en Madrid y Agustina de Aragón en Zaragoza y, seguramente, otras muchas heroínas de la época, que pudieron “dar caza” al enemigo. Y menos mal porque si no estaríamos todos hablando con palabras “agudas” y afrancesados perdidos, que igual no es mala cosa, no sabemos.

Un aire ha entrado en la casa y cerrado de un golpe las hojas del diario que Melquiades traía para nuestra conversación. La casualidad o el espíritu de la tía Julia dan carpetazo a nuestro encuentro.

Melquiades se marcha tranquilamente a su casa, a seguir disfrutando del fin de semana y me deja con el diario entre las manos, en un gesto de generosidad, para que me entretenga leyendo las “creatividades” de la tía Julia y, de paso, quitarse él un poco de “mal fario”, que parece que le daba la dichosa libreta.

Feliz fin de semana primaveral, dedíquenlo a las madres y si les gusta la cocina sumérjanse en los productos de temporada para disfrutar de lo que nos ofrece el campo.

Como siempre, servidor de ustedes…

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