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Titulitis

Noelia Núñez, diputada, concejala y un montón de cargos más, electos o designados por el PP ha desatado la caja de los truenos reconociendo la falsedad de su currículum y entregando las actas que le correspondían como persona elegida en sus respectivas circunscripciones

La diputada del PP Noelia Núñez

La diputada del PP Noelia NúñezEuropa Press

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Cuando aquellas primeras Cortes Generales de la Transición decidieron pergeñar las normas y los reglamentos de nuestra actual Constitución, hubo interminables comisiones en las que se discutían artículo por artículo como avances o atascos en casamata dialéctica retorciendo cada párrafo, inclusive cada palabra y sus sinonimias. Auténticos enconos por signos de puntuación o una adenda en permanentes consultas entre las delegaciones acuarteladas en la madrileña Carrera de San Jerónimo y las sedes centrales de los partidos con representación estuvieran en Madrid, Barcelona, Vitoria…, donde se encontraban sus delegaciones especializadas en constitucionalismo, pero y también multidisciplinares. Y ya no digamos en la transcripción literal del castellano a las otras lenguas cooficiales del Estado.

A un catedrático universitario, mismamente Jordi Solé Tura, eurocomunistas él, le daban las tantas de la madrugada paseando por el Salón de los Pasos Perdidos y discutiendo con otro profesor de Derecho Político: el insomne Manuel Fraga Iribarne presidente de la derechísima Alianza Popular, y ambos contendían conjuntamente a cuatro bandas con la entrada en liza de diversos cátedros y profesores, fueran socialistas como Peces Barba o liberales ejemplificados en Herrero de Miñón, mientras al nacionalismo catalán (o periférico) lo representaba Miquel Roca, profesor, pero no catedrático.

Todos, con mayor o menor rango de titularidades, andaban sobrados de talento y reconocido prestigio jurídico y político como para formar una comisión de expertos preconstitucionales, si bien era un determinado partido el que los había impuesto a ellos por mor de su militancia (o adhesión a unas siglas) y, por supuesto, a su ascendente teórico-intelectual, y sólo a éstas sus iniciales políticas debían dar cuentas y recibir instrucciones (salvo Fraga).

Porque no fue menos cierto, que esos textos teóricos luego pasaban por el filtro de la praxis social del sindicato hermano con dirigentes obreros “compañeros del metal”, como Marcelino Camacho, o de la siderurgia Nicolás Redondo, entre otros vectores cuales los ejercidos principalmente por la Iglesia y el Ejército (donde también existían diferentes y a veces encontradas perspectivas, basta recordar al Cardenal Tarancón o al General Gutiérrez Mellado). Algo que hoy en día nos puede parecer inimaginable.

Se trataba de pasar de una dictadura a una plena democracia sin sangre en el ojo ni mierda en la rodilla. Nadie entonces preguntaba por titulaciones universitarias o de cualquier tipo formativo porque desde los inicios no se necesitaba de diploma alguno para presentarse ante las urnas bajo explícitas siglas y ganar escaños, aunque se dio la particularidad consensuada, y hoy todavía discutida, de que el sillón de diputado/a pertenecía a la persona electa, y no al partido bajo cuyas siglas obtuvo el asiento parlamentario, lo cual permitió el tan discutido y lamentable “transfuguismo”. En cualquier caso, y para cualquier tipo de consulta de un indocto en la especificidad del Derecho Constitucional mismamente estaban los funcionarios asesores Letrados de las Cortes, superando una durísima oposición y obligadamente independientes en filias o fobias ideológicas. Al final salió un texto, aunque largo si lo comparamos con los iniciáticos anglosajones y su ductilidad, bastante apañado y consensuado para todos los españoles. Sería curioso saber los estudios y profesión de todos y todas cuantos intervinieron en su redacción final, pero no pasaría de un buen artículo o si se quiere libreto histórico, pues, aunque todos los licenciados, doctorandos, etc. sabemos lo que nos ha costado sacar una carrera universitaria adelante, inclusive simultaneándola con un trabajo, no dejamos de reconocer que en nuestra trayectoria vital e intelectual, muchas veces nos hemos encontrado con personajes brillantes y clarividentes, pero sin titulación más allá del bachillerato, y a veces siquiera éste.

Por eso más que indignación causa hilaridad, sonrojo, y hasta sonrisa un tanto malévola por despectiva, ver a tanto político/a de cualquier administración corriendo ahora, años después cuando sobrado tiempo tuvieron, para corregir su engañador, inflado o de titulaciones inexistentes en el currículum que entregaron a las respectivas Secretarías oficiales en las cuales, a lo que se ve, nadie leyó y mucho menos comprobó su veracidad. Extraña simbiosis de funcionario y político.

Noelia Núñez, diputada, concejala y un montón de cargos más, electos o designados por el PP ha desatado la caja de los truenos reconociendo la falsedad de su currículum y entregando las actas que le correspondían como persona elegida en sus respectivas circunscripciones. Una pena, porque a su buena y cuidada imagen unía una dialéctica tertuliana vivaz, respondona e inteligente.

Ahora sus oponentes desde la izquierda tertuliana no saben por dónde meterle mano, ya que obligarían a seguir los pasos de Noelia a muchos/as de sus mentores devolviendo las actas que les dan de comer y vivir opíparamente sin mayor trabajo que apretar botones y leerse algún que otro informe.

Dice un viejo proverbio chino: “¿qué más da que el gato sea blanco o negro? Lo importante es que cace ratones. Talmente pienso de los políticos, tengan mayores o menores titulaciones académicas, y pongo como ejemplo e ilación de este artículo aún Adolfo Suárez, abogado del Movimiento franquista; Felipe González, laboralista sin apenas ejercicio profesional pero apoyado por la socialdemocracia europea; Santiago Carrillo, estudiante de periodismo y político desde que se fumó la primera pava; y así tantos otros medianejos en titulitis, pero que trabajando con catedráticos como Fraga o Tamames no desmerecieron un ápice llevándonos del franquismo a la democracia, y estoy seguro de que en sus currículums históricos, antes de los estudios cursados, pondrá lo que hicieron para alcanzar un régimen de libertades.

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