Salvados en la Comunidad Valenciana, de momento
Las llamas se irán apagando, pero la impericia política permanecerá. Cuatro lustros y no han aprendido nada o poco menos que nada

Un helicóptero recoge agua para ayudar con las labores de extinción del incendio mientras una pareja pesca, a 26 de agosto de 2025, en Aguas Mestas, Lugo.
Cuando media España es desoladora ceniza montaraz, la Comunidad Valenciana atajó pronto unos cuantos incendios estatales y de rastrojo muy perimetrados, con un Mazón como presidente, ahora sí, resolutivo, y, por fin, personándose inmediatamente en los siniestros acompañado de expertos y obviamente de los conselleres implicados en resolver la tragedia y, sobre todo, su más rápida reparación.
Hace ya muchos años se proyectaba en televisión estatal un anuncio con el lema de concienciación: "Cuando un monte se quema, algo tuyo se quema", paradójicamente hubo menos incendios forestales, hasta que desaparecido el anuncio en la memoria colectiva, las enormes llamaradas regresaron para el pavor y desconsuelo de esa España rural que ya empezaba a despoblarse en una segunda migración, la primera fue en los años 60 y 70 del pasado siglo, y a la que hoy calificamos como "la España vaciada".
La actual televisión estatal lleva una línea monotemática con la responsabilidad de los prendimientos de arboledas y follaje, culpando al PP por mayoría tertuliana reforzada por audiencia de mayor cuota espectadora en los informativos nacionales. A ello por supuesto le ayuda La Sexta y otras de menor cuantía. Unos ataques que, como ya resulta habitual, eximen al Gobierno Central de Pedro Sánchez, causando vergüenza ajena por su tendenciosidad y parcialidad, algo inconcebible en las grandes televisiones públicas europeas. No es de recibo periodístico el cómo en las preguntas de los conductores de cualquier programa, vayan incluidas las respuestas (o, de lo contrario los consultados no volverán a ser llamados, perdiendo presencia pública y alguna que otra remuneración).
Encima ahora, después de 20 años, se desata el escándalo de las empresas que monopolizan el llamado ‘cartel del fuego’, es decir las que poseen los mejores medios, tanto aéreos como terrestres, contra incendios y se reparten la tarta de las adjudicaciones, pero demostrándonos falta de suficiencia y competencia sobre todo en el ámbito preventivo, también ejecutor pues hemos tenido que pedir aviones cisterna a los países que nos los han podido prestar, como Francia.
Tras escuchar en las televisiones del Régimen (adjetivado "socialista") a mucho técnico experto o supuestamente versado en tan ardiente y peligroso tema, la mayoría convenimos en que, como todo en esta vida es mejor prevenir que curar, y de previsores hasta ahora hemos tenido bien poco; es decir, no han seguido las campañas de concienciación social (la gente sigue tirando colillas por la ventanilla del coche; haciendo fogatas y barbacoas donde se les ocurre espontáneamente sin mirar en rededor; muy pocos tienen idea de lo que es un excursionista medianamente y, urbanitas ellos/as suben al monte como si fuese propiamente recién heredado.
Y para cerrar, como siempre en rastrojo ardiendo, los políticos se lanzan sus respectivas diatribas descalificadoras, aunque un quema haya sido provocada por el rayo, o barrancos y arroyos que provocan riadas no sean responsabilidad de gobiernos anteriores de uno u otro signo, algo que apriorísticamente descalifica a los respectivos partidos mayoritarios y aláteres incapaces de criticar a quien manda la coalición. La España de las Autonomías debe ser colaborativa sobre todo en caso de desastres naturales que no conocen fronteras coloreadas en los mapas. Si Carlos Mazón compra un avión apagafuegos, o una flota de camiones cisterna preparados para la extinción, perfectamente y en un momento determinado puede prestársela a cualquier otra comunidad autonómica, sea de las siglas que se haya dado en las urnas, y, por supuesto a la inversa; sobre todo está Comunidad Valenciana que hizo un importante esfuerzo por la reforestación, incluso cercana a cascos urbanos, además de contratar personal formado (prevención y actuación) que durante todo el año se dedique a desbrozar nuestras bastantes zonas montañosas y parques naturales, como la Sierra del Toro, Sierra Calderona, Albarracín, Mariola, Aitana, Enguera… Pero eso debe parecerles inversión poco rentable pero no siempre visible, siquiera electoralmente, hasta que nos sorprende la desgracia irreparable.
Las llamas se irán apagando, pero la impericia política permanecerá. Cuatro lustros y no han aprendido nada o poco menos que nada. “Nunca es más triste la verdad, lo que no tiene es remedio” que cantaba Serrat.