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El final del verano llegó…

Decepción, cabreo, tristeza, impotencia… Pueden seguir añadiendo sentimientos a esta lista, que seguro compartirán conmigo. Debo reconocer que el tema de los incendios me ha dejado bastante desmoralizada este verano

A Pobra de Brollón, Lugo. Incendio declarado junto al núcleo de Golmar.

A Pobra de Brollón, Lugo. Incendio declarado junto al núcleo de Golmar.Carlos Castro/Europa Press

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El final del verano llegó y nos cogió, como cada año, con la guardia baja, las ganas de seguir de descanso intactas, y esa extraña sensación de que nos han tomado el pelo una vez más, por lo corto que ha sido. Atrás quedaron las ilusiones, los planes, la organización y los días contados hasta que empezaron las vacaciones. También los encuentros con familia y amigos, las puestas de sol asombrosas de Asturias, las visitas culturales con mis hijos, el lujo de poder descansar en el pueblo de mis abuelos en El Barraco, Ávila -¿dónde mejor que en Castilla? -, la fugaz pero fantástica visita a Salamanca, preciosa, aunque la Plaza Mayor de Madrid sea mejor, y hasta alguna que otra anécdota, como la del gato ladrón de ropa interior. Ahora ya todo es pasado y toca ponerse las pilas para el nuevo curso, organizar el caos en que se convierte nuestra vida al regreso cada septiembre y apretar para conseguir los objetivos marcados para este año.

En estos días también nos ha dejado uno de los grandes compositores de canciones de nuestro país, canciones que poblaron los sueños de las jovencitas de hace varias generaciones. Mi madre me dijo sumamente compungida que había fallecido Manuel de la Calva, su chico del Dúo Dinámico, y se puso a cantar una de sus canciones mientras miraba un vídeo en el móvil, con la ilusión intacta de cuando tenía escasamente veinte años. Parece mentira que nos haya dejado este gran artista precisamente en este momento, cuando toca a su fin la época estival. La letra de su famosa canción “Amor de verano” decía: “El final del verano llegó y tu partirás. Yo no sé hasta cuándo este amor recordarás”. Varias décadas después, otros muchos amores de verano se habrán fraguado en estos últimos meses y muchos corazones, rotos por la súbita separación, se estarán preguntando si podrán superar la distancia y el paso del tiempo con la llegada del otoño. Por años que pasen el amor sigue siendo una de las grandes cuestiones y a la vez enigma de nuestras vidas, y no hay nada más hermoso, a la par que doloroso, que un amor apenas iniciado se vea súbitamente interrumpido. Gracias por las canciones, Sr. De la Calva. DEP.

Por otra parte, y siento pasar de un tema a otro sin solución de continuidad, pero llevo tiempo sin escribir y se me ha acumulado la faena, no todo ha sido idílico este verano. Ni mucho menos. Hubo un día que el monte de la Cebrera se llenó de lo que parecía neblina, pero en realidad era humo del incendio de Cáceres, que está muy alejado, a más de 200 kilómetros. Ya llovía sobre mojado, porque había habido otros dos incendios muy cerca, a unos veinte kilómetros, que tuvieron a todo el mundo alerta. Decepción, cabreo, tristeza, impotencia… pueden seguir añadiendo sentimientos a esta lista, que seguro compartirán conmigo. Debo reconocer que el tema de los incendios me ha dejado bastante desmoralizada este verano y que he hecho todo lo posible por no enterarme a fondo de las noticias, porque sentía un desgarro muy profundo ante esta barbarie de la quema de nuestro país, con todo lo que yo conlleva para el ecosistema en el que todos estamos concernidos. Me parece que hay que ser del género imbécil para provocar un incendio, y no quiero ni pensar en que algunos de los pirómanos puedan ser personas encargadas de la extinción de incendios, como se rumorea. ¿Estamos locos? En todo caso, a los que hayan provocado un incendio les impondría una pena de prisión permanente revisable, e incluso diría no revisable. Para mí es un crimen execrable y que merece que caiga el peso de la ley a lo bestia sobre estos desalmados. Lo siento, es posible que cada vez me crea menos en lo de la función rehabilitadora de las penas y más en la punitiva en este tipo de casos, dado que estos delitos tienen un impacto para la colectividad de nuestro país enorme, y pueden llegar a hacer de España un desierto. Más de 400.000 hectáreas es una cifra absolutamente escandalosa y los gobiernos se han visto impotentes para controlarlos adecuadamente. Hay una falta de medios y de previsión escandalosas. Por otra parte, no entiendo lo de que no se pueda limpiar los montes, a ver si a algún iluminado de esos de la agenda 20-30, ó 30-40, yo qué sé, sin tener el bachillerato y macro lerdo -claro, no iba a ser ingeniero de montes- se le ha ocurrido decir que es mejor dejar el campo, los cauces de los ríos y los montes lo más naturales que sea posible. Y, mientras, España sufriendo los siete males con las danas, los incendios y todo tipo de catástrofes naturales que están resultando devastadoras por la falta de cuidado y limpieza del entorno natural en general. Una pregunta, ¿quién llevaba antes el mantenimiento en ésta nuestra casa común que es España, y por qué ha dejado de prestar sus impagables servicios? Luego se te ocurre coger un poco de manzanilla del campo y si te pillan te ponen 600 pavos de multa. ¡Señor, qué país de gili…! Bueno, lo dejo por ahora, que me caliento, estoy cada vez más deslenguada y quiero seguir pareciendo una señorita. Feliz vuelta al tajo y que les sea leve.

Mónica Nombela. Para mí es un crimen execrable y que merece que caiga el peso de la ley a lo bestia sobre estos desalmados.

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