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Leer puede ser el inicio de un idilio

Detrás de cada una de las personas que vemos hay una historia digna de ser novelada, llena de momentos fascinantes, de emociones, de decisiones difíciles, de amores que se rompieron…

Marta Pombo en los premios 'Vanitatis'

Europa Press Reportajes / Europa Press
24/10/2024

Marta Pombo en los premios 'Vanitatis' Europa Press Reportajes / Europa Press 24/10/2024Europa Press

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Feliz fin de semana, feliz entrada en septiembre. Nos encaminamos a un otoño que esperamos lleno de agua, con alguna que otra tormenta desatada y cierta normalización de las temperaturas. En nuestro Alicante será una época maravillosa para seguir disfrutando de la playa, como sucede todos los años. Les contaré, por si no lo he hecho ya, que me gusta darme baños los fines de semana hasta bien entrado noviembre, época en la que caen las temperaturas y ya se hace más complicado meterse en el agua de la playa.

A la vez que paseo mirando al Mediterráneo, encaminando mis pasos a la cafetería de turno para tomar un café y tostadas, voy divisando la silueta de mi amiga Julia María, con la que me unen muchos años de trato, debate, lectura y, como no puede ser de otro modo, de cariño.

Nos conocimos estudiando una de esas especializaciones que me han ayudado al éxito profesional. Excelente compañera y profesional de la economía de empresa y conocedora de nuestro entorno empresarial, mucho mejor que algunos de los que tanto se prodigan en televisión. Ella, Julia, siempre encuentra un motivo para el debate y la discusión positiva.

Julia es una excelente lectora, reconozco que tiene una de esas habilidades que yo perdí hace muchos años, las de recordar el libro que ha leído, con su título completo y su autor. Mi cerebro ya decidió, por su cuenta, que no parecía necesario guardar muchos datos del libro, sino que lo importante era disfrutarlo. Son cosas que pasan con la edad.

Tras saludarnos y pedir un café, ella me pregunta si es necesario leer o se puede vivir sin leer. Si leer nos aporta algo o no. En mi respuesta tomo prestadas las palabras de Máximo Huertas, esta semana, que decía que el que lee no tiene por qué ser mejor que el que no lee, pero que el que lee, es mejor, cuando ha leído, que el que era antes de leer, es decir, lanza la comparación del individuo consigo mismo, no con los otros. Esto me gustó mucho cuando lo leí. Efectivamente la lectura nos aporta, nos da conocimiento, nos ayuda a crear en nuestra mente, nos propone ideas y como resultado, ese ejercicio suele mejorarnos. Viene al caso la pregunta de Julia, porque una conocida influencer, María Pombo, ha lanzado en sus redes una frase retadora: “ … hay gente que no le gusta leer. Y encima no sois mejores porque os guste leer”. Esta frase ha levantado ampollas en los más radicales defensores de la lectura, pero también debemos entender el contexto en el que ella lo dice y que en ningún momento lo hace para hablar mal del que lee, sino de la comparación de los individuos partiendo de ese hábito.

Julia pasa al ataque, que es lo que ella buscaba. Conoce que ambos somos bastante “lectores” a diario. Por nuestras profesiones, no paramos de estar en continuo contacto con la “lectura técnica”, pero después nos atrae la “lectura de evasión”. Me lanza la pregunta: “¿Qué sería de nosotros sin ese hábito?”. Y tiene toda la razón. Pero recalco, igual que María Pombo, que no necesariamente nos hace mejores que los demás, puede que nos haga más ilustrados, pero el concepto de “mejor persona” va unido a otras características que pueden ser enriquecidas por el hábito de la lectura, pero también pueden ser fruto de la experiencia de vida, sin más. Reconozcamos que hay personas con experiencia de vida muy aprovechada y que las enriquece también a diario. Imaginemos que alguien nos dijera que viajar te hace mejor que los demás. Estaríamos todos de acuerdo en que viajar te enriquece, te da nuevas visiones de la humanidad, pero no por ello eres mejor que el que no puede viajar, o no le guste viajar. Y hago la misma reflexión que antes, tras un viaje, seguro que volvemos mejor que antes de hacerlo.

En la lectura he iniciado “idilios” con la historia que se cuenta o con la autora del libro o, en otros casos, en la protagonista. Leer puede ser el inicio de un idilio cualquiera, por eso me fascina, por eso me "engancha".

Con el primer bocado de la tostada Julia me ha dicho que le resulta bonito poder debatir sobre este tema, porque la política no está para debatirla, está vergonzosa y las guerras son tan tristes que están para llorarlas.

Julia se ha comprado una casa y me cuenta sus proyectos para vivir en ella, las cosas que le quiere cambiar y cómo quiere plantearse el futuro. Qué bonito es escuchar los planes de los demás, porque son, como una novela con final feliz.

Por la terraza pasean personas, cada una con una historia, algunos con su acompañante de la mano, pareja, hijo o hija, madre y siempre que contemplo estas escenas digo lo mismo: “Detrás de cada una de las personas que vemos hay una historia digna de ser novelada, llena de momentos fascinantes, de emociones, de decisiones difíciles, de amores que se rompieron… Qué pena no tener tiempo para escribirlas.”

Me despido de Julia, nos veremos en breve porque, a veces, coincidimos en proyectos y nos lo pasamos bien.

El día sigue siendo veraniego, el levante nos acaricia y modera la temperatura y el mar Mediterráneo me mira y me recuerda que espera mis confesiones inconfesables, esas que solo comparto con él.

Como siempre, servidor de ustedes…

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