DERECHO A LA PROTESTA
Vuelta a España: la instrumentalización del deporte
¿Por qué el presidente del Gobierno se ha regodeado en público de los desórdenes públicos debidos a las protestas contra la situación de Gaza, en lugar de defender la convivencia pacífica y el deporte?

Incidentes durante la última etapa de La Vuelta. Jesús Hellín / Europa Press 14 SEPTIEMBRE 2025;PALESTINA;CICLISMO;VUELTA CICLISTA;ESPAÑA;PIXELADA 14/9/2025
La Vuelta a España, ese ritual que cada año recorre nuestro país trayendo ilusión y esfuerzo a nuestras carreteras, se ha visto en esta última edición de 2025 salpicada por una serie de graves incidentes, que trascienden lo meramente deportivo. Este es uno de los eventos ciclistas más seguidos del mundo. En 2024 la Vuelta registró una audiencia acumulada de 17 millones de espectadores en España y, además, se retransmite a nivel mundial a través de veinte canales de televisión. En este sentido, la Vuelta no sólo es una cita deportiva más, sino una competición internacional que cuenta con millones de seguidores en todo el mundo y que opera también como inmejorable escaparate de nuestro país, a la par de ser un reflejo de la sociedad en la que se desarrolla.
En los últimos días hemos asistido, atónitos, a caídas múltiples provocadas por circunstancias ajenas a la propia carrera, a decisiones arbitrales discutidas y a la recurrente irrupción del público en diversas etapas, que ha terminado con un más que bochornoso fin de carrera por la puerta de atrás, dado que no se pudo celebrar su última etapa, debido a los graves disturbios callejeros que tuvieron lugar ayer en Madrid. Y ante estos acontecimientos no puedo evitar preguntarme: ¿no estaremos perdiendo el norte? ¿Dónde queda ese respeto tácito entre ciclistas, organización y aficionados, que tantas veces hemos defendido como sello de nuestra Vuelta? ¿Por qué el presidente del Gobierno se ha regodeado en público de los desórdenes públicos debidos a las protestas contra la situación de Gaza, en lugar de defender la convivencia pacífica y el deporte?
El ciclismo es, por naturaleza, un deporte imprevisible, vulnerable a los elementos y al azar. Lo diferente este año ha sido la confluencia de factores externos: desde la falta de seguridad en algunos tramos, incluidos los graves incidentes que han acompañado a la Vuelta desde su inicio por diversos colectivos pro-palestinos, bajo la justificación de que competía un equipo israelí. Una excusa perfecta para justificar con ello los disturbios callejeros, el desorden y el ataque a algún corredor; hubo uno que tuvo que abandonar la carrera por las lesiones padecidas, lo que es una auténtica barbaridad. Han hecho que un espectáculo deportivo se convirtiera en una batalla campal, con el saldo de 22 policías heridos y tan solo dos detenidos, lo que no es de extrañar al contar los violentos con el apoyo total y enorgullecido del presidente del Gobierno. Una vergüenza que va a dar que hablar por todo el mundo. Se ha pasado muchísimo el presidente.
Obviamente no debería haber ni un policía herido, y lo que ha ocurrido es muestra de lo violentos que eran los manifestantes, radicales descontrolados amparados por quien estaría en la obligación de proteger la seguridad de la carrera y del público en general, que no es otro que el ministerio del Interior. Los policías no solo no tienen la culpa de lo ocurrido, sino que bastante han hecho contra esa turba iracunda y desenfrenada, que entonaba en “No pasarán”, con claro tinte guerra-civilista. ¿Qué pretenden, que nos echemos a las calles y nos volvamos locos de remate porque en Gaza está ocurriendo un horror contra el que no podemos hacer prácticamente nada desde España? ¿Es una solución para Gaza el agredir a los ciclistas y los policías? Las imágenes dan auténtico pavor. ¿Es esta la “marca España” que queremos transmitir? ¿Qué tienen que ver los pobres ciclistas de la Vuelta -gente esforzada y trabajadora que entrena cada día duramente para poder llegar a competir- con este tinglado de la guerra de Gaza? ¿Y qué me dicen del pobre muchacho de nombre impronunciable, que ha ganado la Vuelta y no ha podido ni recoger la copa de ganador después de tanto esfuerzo?
No podemos dejar que la pasión desenfrenada y de baja estofa de unos pocos empañe el trabajo y el sacrificio de un pelotón que lleva meses preparándose para regalar espectáculo y emoción
Más allá de los accidentes, la respuesta de los equipos y de la organización ha oscilado entre la indignación y el intento de normalizar, e incluso negar, lo inaceptable. Y me permito recordar que la esencia de la Vuelta reside en su autenticidad y en su trayectoria a lo largo de sus 90 años de existencia. No podemos dejar que la pasión desenfrenada y de baja estofa de unos pocos empañe el trabajo y el sacrificio de un pelotón que lleva meses preparándose para regalar espectáculo y emoción. En este momento veo dudosa la Vuelta de 2026 y sería una verdadera lástima que no pudiera salir por las dudas acerca de la seguridad de los corredores y del público, porque nuestro Gobierno no sea capaz de garantizarlas adecuadamente.
Ojalá estos episodios recientes sirvan como llamada de atención para evitar situaciones del estilo en el futuro. Porque la Vuelta no es sólo un acontecimiento deportivo; es una fiesta, una tradición que une generaciones y pueblos enteros al borde de la carretera y permite difundir increíbles imágenes a vista de pájaro de España, que se difunden por todo el planeta. Hoy estará en boca de todos por cuestiones que no tienen nada que ver con lo deportivo. Qué lástima.
Queda en nuestras manos, como espectadores y como sociedad, devolverle a la Vuelta ese ambiente de respeto, admiración y convivencia que la hace única. Y, al propio tiempo, nuestros gobernantes han de ser sensatos, íntegros y responsables, buenos padres y madre de familia, en definitiva, y no unos broncas que alientan a que prenda la mecha del desorden público. Aprendamos de los errores y volvamos a disfrutar del ciclismo como lo que es: un ejemplo de superación, trabajo en equipo y, sobre todo, humanidad y convivencia en paz, alejado de la política.