La lengua como excusa bizantina
Los independentistas catalanes quieren imponer, truco o trato, su lengua en todo el territorio español, cuando ellos intentan por todos los medios vedar y obstaculizar el castellano

El presidente de la Generalitat, Carlos Mazón, durante el debate de política general.
Parece que a los políticos alicantinos se les cambia el chip cuando pasan de la Marina Alta a la Safor valenciana. Es como un encantamiento mágico (y por lo tanto poco científico) que emana del poder y de su asentamiento en la capital de la Comunitat desde tiempos del franco-catalán Jaume el Conqueridor, suegro de del castellanoleonés Alfonso X, conquistador de Alicante y Murcia. A partir de aquellos entonces se produjo la división lingüística, incluido el sistema demarcador de isoglosas.
Viene esta entradilla a cuento de que, cada cierto tiempo, volvemos a reconstruir el mito de Sísifo, ya saben: aquel castigo de los dioses a pasar toda nuestra vida levantando una roca montaña arriba, y que llegados a la cima de nuevo cae el pedrusco para obligarnos recomenzar nuestra tarea infinita. Algo así no sucede con la lengua sin solución de continuidad.
¿Con qué lengua: ¿catalán, valenciano… ambos corruptos por la castellanización? Y claro ya tocaba que el tema llegase (otra vez más) a Les Corts y por supuesto al Govern. Carlos Mazón propone no sólo cambiar el nombre de la Academia Valenciana de la Llengua, sino censurar a todos los escritores catalanes ignorándolos por decreto en nuestros textos educativos. Lo primero me parece absurdo porque la palabra “academia” proviene del griego antiguo como lugar de enseñanza para los atenienses, y en segundo, porque todos los países y Estados autonómicos tienen su academia, 23 del español = castellano en todo el mundo. Claro que Mazón es abogado metido en política y de lingüística no tiene ni pajolera idea. Más bien trata de distraernos sobre la trágica Dana y otras barranqueras aciagas, y de paso formalizar consentimientos pactados con Vox, quien a su vez ambiciona repelar papeletas en lo que otrora fuese el granero de Unión Valenciana.
Encima los independentistas catalanes quieren imponer, truco o trato, su lengua en todo el territorio español, al menos en administraciones y colegios, cuando ellos propiamente intentan por todos los medios vedar y obstaculizar el castellano en Catalunya y el entorno quimérico de els Països Catalans, aquí apoyados por Compromís que incluso con Sumar adjunto no aumenta, sino que retrocede en la tendencia de votos.
Imagino como, tras suya, no olvidemos que Junts per Catalunya es más de derechas que la Moreneta, irán gallegos y vascos, por no hablar de cualquier deriva dialectal de nuestras lenguas romances. O sea, la versión babilónica en pleno siglo XXI, a la que según la propia Biblia castigó Dios con la confusión de lenguas y, según los historiadores, por la invasión persa aprovechando las muy enconadas divisiones internas de sus ciudadanos. De forma parecida desapareció el imperio bizantino, sucesor de Roma, donde las discusiones sobre el absurdo iconoclasta llevaron a la guerra civil-religiosa. Y así tantos conflictos provocados por la nimiedad de nimiedades que supone la sinrazón de la fuerza (lo tomas o lo tomas) por disposición e imposición política.
¿Vamos a dejar de leer en la Comunidad Valenciana a Ramon Llull, a Josep Pla, a Redondela por el hecho de que escriban en catalán? ¿O en Catalunya se van a traducir la ortografía y gramática de Pompeu i Fabra los textos de Ausiàs March, Joanot Martorell, Llompart, Estellés…? Tal pretensión, por una u otra parte, me parece una majadería supina. En cualquier universidad inglesa, americana o australiana, etc., se estudia tanto el teatro de Shakespeare o los cuentos de Chaucer, como los monólogos silentes de William Faulkner o James Joyce.
Los políticos a su bola de artificiosidades, y nosotros, eso es lo peligroso para la democracia, a nuestro creciente descreimiento
Pareciendo un problema de diversidad lingüística su trasfondo no deja de ser político en la peor de sus acepciones. ¿Derribar a Mazón por coaligarse con el maldecido y españolista Vox? ¿Quieren una moción de censura contando por las buenas con la abstención de los de Abascal? ¿Se podrían los socialistas al mando de la Generalitat y Govern nombrando consellers pancatalanistas de Compromís?
Y a su vez ¿qué pretenden Mazón y su conseller Rovira (quien intenta huir de Educación para situarse en Hacienda, al fin y al cabo, es profesor universitario en la materia), al devaluar la literatura catalana o cualquier escrito o programa radiotelevisivo en ese idioma? ¿poner puertas al campo? No se asoman a lo que ocurre en Canadá o cualquier otro país o región bilingües.
Aseguran algunos científicos que dentro de unos años este problema habrá dejado de existir gracias a la IA porque llevaremos algún chip con la Inteligencia Artificial incrustada en nuestro cerebro, pero eso ya será otro asunto diferencial en el ser humano como ya podemos colegir por lo que nos vienen anunciando entre futuribles.
De momento, los políticos a su bola de artificiosidades, y nosotros, eso es lo peligroso para la democracia, a nuestro creciente descreimiento. Esperamos sanidad, sistema educativo, obras públicas… y nos devuelven catarsis filológicas. Para eso, y poniéndonos demoscópicos porque tenemos que escribir de broma cuando se trata de nuestros mandatarios, elijamos a la propia IA como gobernanta, seguro que peor no lo va a hacer.