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Julia Sala: "Siempre he sido malísima cocinando, pero un día decidí probar suerte con una tarta de queso"

La fundadora del famoso negocio 'Las Tartas de Julita' habla con ESdiario sobre su gran momento de forma

Julia Sala Bertomeu, cara visible de Las Tartas de Julita

Julia Sala Bertomeu, cara visible de Las Tartas de Julita

Juan José Morote
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Julia Sala nació en Oliva hace 28 años y, tras un camino trabajado, se erige como la mejor tarta de queso de Alicante, con un negocio en expansión tanto volviéndose viral en RRSS, como en distintos puntos geográficos de España. Julia Sala ha accedido a realizar una entrevista con ESdiario CV.

P: Cuéntame un poquito tus inicios: ¿cómo pasas del negocio familiar a crear Las Tartas de Julita?

R: Al principio trabajaba en el restaurante de mis padres, Le Sol, en Alicante. Buscaba algo propio y, aunque siempre he sido malísima cocinando, un día decidí probar suerte con una tarta de queso. Todo empezó por una crítica a la tarta industrial que servíamos. Compré los ingredientes, busqué una receta en Internet y, para mi sorpresa, no salió mal. En ese momento vi que en ciudades como Madrid ya triunfaban las tartas cremosas, pero en Alicante aún no, así que seguí experimentando hasta crear mi receta. Empezamos a ofrecerla en el restaurante y tuvo tanto éxito que los clientes empezaron a encargar tartas enteras. La primera la vendí por 15 euros y sin saber ni desmoldarla [ríe]. Poco a poco, entre encargos y mejoras, nació Las Tartas de Julita, y en solo unos meses, de aquella primera prueba en casa pasé a tener 50 encargos en Nochebuena. Luego abrimos en Alicante, Elche y Murcia. Ha sido muy bonito crecer así, tan cerca de la gente.

¿Qué porcentaje de ti hay en Las Tartas de Julita?

Diría que un 99 %. No puedo hacerlo todo yo, pero estoy muy involucrada en todo lo que ocurre en las tiendas: en contacto con el equipo, innovando, creando sabores nuevos… Siempre con la misma ilusión del principio.

Has dicho que no te consideras buena cocinera. ¿Cómo alguien que piensa eso acaba dedicándose a la repostería?

Fue totalmente fortuito, como si el universo me hubiera puesto esto delante. Yo estaba buscando algo, sin saber qué, y apareció. Luego ha sido mucha práctica, mucha constancia… Y sigo aprendiendo cada día.

¿Quién te inspiró a dar el paso profesional?

Más que una persona, fue el propio negocio. Vi que había una oportunidad y, sobre todo, que lo estaba disfrutando. Al principio compaginaba el restaurante con las tartas, pero llegó un momento en que no podía dividirme más. Las tartas me pedían toda mi atención, así que me lancé de lleno.

Cuéntame tu encuentro con Juanfran Asencio, un referente en repostería.

Fue muy curioso. Yo hacía una tarta de panettone con uno comprado del supermercado, y mi madre me dijo: “Imagínate que ese panettone fuese de Juanfran Asencio”.

Al año siguiente fui a una feria gastronómica y nos conocimos allí. Fue un flechazo profesional. Compartimos la misma pasión y forma de trabajar, así que dijimos: “Algo tenemos que hacer juntos”. Y de ahí surgieron la tarta de panettone y la tarta de torta de Asencio. Una experiencia preciosa.

Y por último, todos lo saben, pero cuéntame tú la historia de tu encuentro con Luke Evans.

Pues fue muy casual. Estábamos cenando una amiga y yo en un restaurante en la playa de San Juan. Era un martes y estaba llenísimo. De repente vimos a alguien que nos sonaba mucho, pero no nos lo creíamos hasta que empezamos a mirar en redes… Y sí, era él.

Esperamos a que terminara de cenar, y le pedí una foto. Mientras tanto, llamé a mis padres a ver si podían traer unas porciones de tarta. Mi madre vino corriendo, pero no llegó a tiempo. Luego consiguió localizarnos y finalmente se la hicimos llegar.

Luke Evans fue encantador. Subimos la foto a redes, su pareja lo vio, y días después él mismo compartió nuestra historia. Fue un gesto totalmente desinteresado que demuestra la gran persona que es.

Para terminar, ¿qué consejo le darías a alguien que quiera emprender su propio negocio?

Primero, que busque un nicho: algo que te diferencie. Que cuando la gente piense en un producto, piense en el tuyo.

Después, pasión y sacrificio. Hay que dedicarle muchas horas, renunciar a planes, dormir poco… No siempre es bonito, pero merece la pena.

También, paciencia y resiliencia: afrontar los imprevistos con calma. Yo, por ejemplo, llegué a inaugurar la tienda de Elche sin luz, y tuve que traer tartas desde otra tienda para no cancelar la apertura.

Y, sobre todo, no compararse con los demás. Fíjate en ti, en tu proceso, y sigue adelante con ilusión.

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