Otra vez a la gresca Castilla-La Mancha versus Comunidad Valenciana
No quiere caer en la cuenta don Emiliano que el agua se utiliza mayormente para regar la planta más productiva y necesitada de atención de todas cuantas conozco: el turista.

Pancarta en la sede de la Unió Llauradora en Elx REMITIDA / HANDOUT por LA UNIÓ LLAURADORA Fotografía remitida a medios de comunicación exclusivamente para ilustrar la noticia a la que hace referencia la imagen, y citando la procedencia de la imagen en la firma 20/6/2025
Una de las pocas ocurrencias (buenas, quizás menos malas), que tuvo el General y dictador Francisco Franco, o mejor dicho de sus en aquellas momentos ascendentes ministros tecnócratas quienes con su mojigatería neocapitalista opusdeísta iban desplazando a los correajes falangistas de posguerra, fue la idea de trasvasar aguas del muy abundantoso río Tajo al esquilmado riachuelo Segura, por la sencilla, rentable y natural razón climatológica de ampliar la vega huertana desde los secarales campos de Lorca hasta la poco productiva desembocadura del río en Guardamar.
Resulta obvio recordar que viviendo bajo una dictadura nadie protestó, siquiera desde la crítica razonada, ni por su trazado, distribución de aguas ni extensión de tierras beneficiadas. Es más, en afán autopropagandístico del Régimen se trató subrepticiamente, para ello estaban el NO-DO, y la televisión única, de comparar una obra relativamente menor con los grandes trasvases americanos (California) y rusos (Siberia), por entonces lo que estaban apenas iniciando los chinos nos quedaba muy lejos.
Fue venir la democracia, bendita sea, y con ella la España de las Autonomías que sin querer o queriéndolo aumentó el carácter chovinista y particularismo de regiones, en este caso valenciana y murciana, que hasta entonces, o al menos desde la Guerra de Sucesión, nunca habían tenido mayores problemas de solidaridad y complementariedad, vanagloriándose en el ámbito popular con aquel dicho de: “lo que hay en España es de los españoles”.
Servidor, que ya lleva larga carrera en esto, ha vivido periodísticamente incidencias que repitiéndose en el tiempo de manera tozuda e incoherente, han jalonado, por culpa de los políticos, ciertas animadversiones entre el mundo (principalmente) agrario: manchego, murciano y alicantino. Los primeros por qué opinan que sus excedentes de caudal acuífero no se ven recompensados en mejoras para su campo como embalses, nuevos tipos de plantaciones, forrajes… que resistan los rigores del clima continental, roturación, maquinaria, etc.; los segundos porque opinan, y no sin menores razones, que es el Estado, es decir en su representación central gubernamental, quien debe distribuir y compensar gastos y beneficios, por encima de lo que intenten dirimir las comunidades autonómicas. Hipotéticamente tenemos un Senado donde arbitrar este tipo de confrontaciones.
No conozco presidente de Castilla-La Mancha, empezando por Pepe Bono, que no haya reclamado el cierre controlado de las compuertas del trasvase Tajo-Segura. Tampoco, sensu contrario, a mandamás valenciano o murciano quejándose de cómo la falta de agua puede esquilmar cosechas hortofrutícolas que son, en gran medida, un apoyo fundamental para abastecer los mercados hortofrutícolas centroeuropeos, y la industria de conservería.
El último numerito político (parece que ya tocaba) lo ha montado Emiliano García-Page, este presidente manchego que una mañana se levanta de izquierdas y otra de centroderecha, pero siempre con el carné del PSOE en la boca, aunque y con frecuencia disintiendo o ironizando sobre Pedro Sánchez y su Gobierno central trufado de “comunistas”, por no hablar del ultraísmo feminista rampante. García-Page sabe bien donde tiene su graneros de votos manchegos.
No conozco presidente de Castilla-La Mancha, empezando por Pepe Bono, que no haya reclamado el cierre controlado de las compuertas del trasvase Tajo-Segura
Hace 2 o 3 días el toledano arremetió contra el alicantino porque Mazón había afirmado que en Castilla-La Mancha se derrochaba agua a raudales en perjuicio del tan necesitado campo de la Vega Baja, pues de suyo el trasvase y por supuesto el río Segura ya venían al Levante feraz bastante exiguos de caudales, incluso harto deteriorados por los vertidos químicos y demás componentes artificiales nocivos para la salud.
Y por si no tenía bastante con una taza llena de caldo higiénico, García-Page le añadió otra donde venía a recomendarles a los alicantinos que menos esperar del grifo manchego abierto a tope, y más depuradoras que extraigan y purifiquen el agua salada del inagotable Mediterráneo. Por ejemplo como las que ya funcionan a pleno rendimiento en Alicante capital, Benidorm y Torrevieja, pero sin caer en la cuenta, o no querer caer don Emiliano que este potable líquido elemento se utiliza mayormente para regar la planta más productiva y necesitada de atención de todas cuantas conozco: el turista.
Es por eso, una vez más, que reclamamos al Gobierno Central, como ya hicimos con los anteriores a Pedro Sánchez, pongan orden y distribución entre ambos contendientes, pues para eso son superioridad jerárquica en el mando de la nación, y tienen mayor número de asesores desde geógrafos a ingenieros de obras públicas. Sin embargo, poco claro lo puede tener quien tan adversa y encorajinadamente se lleva con ambos litigantes. A Mazón le recrimina que con el trasvase quiera tapar su pésima gestión con la Dana o las últimas barranqueras; a García-Page que vaya por libre sin someterse a los dictámenes de la calle Ferraz en sumisa línea directa con La Moncloa. Por cierto, ahora parece que no recordamos los problemas que hubo entre Aragón y Cataluña por el río Ebro y su desembocadura. Comprensiblemente para cualquier lector imparcial, hoy no los hay porque decantarse por Aragón sería perder el Gobierno sostenido mayormente por nacional-independentistas catalanes y pletardistas vascos