DERECHO A LA PROTESTA
Alicante, esa ciudad sin un plan
Sin duda se trata de un trabajo arduo, ambicioso, pero Alicante se merece saber por fin qué quiere ser de mayor, y que las decisiones que se tomen desde el punto de vista urbanístico tengan un sentido de conjunto y estén orientadas al bien común

El alcalde de Alicante, Luis Barcala, recorre la Serra Grossa.
Alicante lleva desde 1987 con el mismo Plan General de Ordenación Urbana. En estos casi cuarenta años la ciudad ha ganado 100.000 habitantes, que se dice pronto. Desde los 258.004 habitantes de 1987 hemos pasado a la cifra oficial de 358.720 en la actualidad, lo que ha supuesto un incremento prácticamente del 40% en estos casi cuarenta años.
Por lo tanto, podemos decir que Alicante se ha convertido en otra ciudad diferente de la tímida urbe provinciana que era por aquel entonces, a la que venían en verano los madrileños a pasar sus vacaciones. En aquella ciudad, el Alicante que algunos dirían “de toda la vida”, no había centros comerciales -salvo uno-; ir a Madrid en tren suponía al menos cuatro horas, y encoche no digamos, había que llevarse bota y merienda; no se podía viajar por mara ningún otro sitio que no fuera Orán, lo que no era un destino especialmente atractivo en aquel momento; ni había un gran auditorio como el ADDA; no se había desarrollado la zona del Cabo de las Huertas, San Juan Playa, ni los varios PAU que han ido construyéndose en la ciudad; y no contaba con la oficina europea dela EUIPO, ni con la Escuela Europea.
Tampoco disponía Alicante del tercer aeropuerto de España, según las valoraciones de los pasajeros, y el quinto en número de viajeros. Ni tenía el Museo Arqueológico, MARQ, y así con un largo etcétera de elementos que han cambiado la fisonomía de esta ciudad, a lo largo de estos años. Todos estos cambios son la pista imprescindible para poder pensar que, al cabo de tanto tiempo, necesitamos que el planeamiento urbanístico de Alicante esté a la altura de la ciudad que ya es, con el objetivo de que resulte más habitable, accesible, agradable, ecológica, y a la vez ofrezca cada vez más opciones a los ciudadanos.
La semana pasada saltó a la palestra la noticia de que el consistorio alicantino planea cerrar al tráfico varias calles del centro de la ciudad, así como la declaración del centro como zona acústicamente saturada. Esta noticia ha generado una polémica intensa. Es cierto que en el programa del PP de las elecciones de 2023 no se ofrecía la confección de un nuevo PGOU, pero es obvio que la necesidad de contar con este instrumento de planeamiento urbanístico es ya perentoria en Alicante. No podemos continuar de esta manera, sin saber adónde vamos, tomando decisiones que pueden comprometer un tráfico ya saturado, y dificultar con ello el acceso de los ciudadanos al Hospital General, a través de una arteria tan importante como es la calle San Vicente. Me pregunto si el equipo de gobierno ha pensado alternativas para el desvío del tráfico, la carga y descarga de los vehículos -especialmente para dar servicio al Mercado Central- y el acceso a los aparcamientos privados de los vecinos de esa calle.
El anuncio del alcalde, Luis Barcala, del pasado lunes durante la celebración del Debate sobre el Estado de la Ciudad de crear una gran zona cultural que se llamará “Alicante Nuevo Centro” ha sorprendido. No sabemos si es un anuncio que ha tratado de crear expectación simplemente, o bien un proyecto serio, útil y con sentido. Lo cierto es que el actual PGOU se publicó en tiempos del alcalde Lassaletta, del PSOE, y que desde 1995 el gobierno de la ciudad ha estado en manos del PP, salvo ese breve período de tres años que lo recuperó el PSOE.
Por lo tanto, es al partido del alcalde a quien hemos de achacar el tener un Plan General antiguo, y en dos mandatos que lleva Barcala no ha arrancado este proyecto. Cierto que un Plan General lleva mucho trabajo, y que igual lo habría iniciado él y lo terminaría otro alcalde, pero… la política es así. Sin duda se trata de un trabajo arduo, ambicioso, pero Alicante se merece saber por fin qué quiere ser de mayor, y que las decisiones que se tomen desde el punto de vista urbanístico tengan un sentido de conjunto y estén orientadas al bien común. Por otra parte, he de reconocer que el tema del ocio nocturno de un tiempo a esta parte cada vez me resulta más preocupante, cosa que cuando tenía veinte años confieso que me traía sin cuidado. El consistorio ha decidido declarar ZAS (zona acústicamente saturada) el Casco Antiguo. Entre las principales medidas destaca la suspensión de nuevas licencias de actividad para bares, pubs, discotecas y restaurantes, así como la reducción del 50% de las terrazas y veladores ya existentes. Tampoco se concederán nuevas licencias para terrazas ni ampliaciones de las actuales y habrá unos horarios restringidos, especialmente entre semana. Es cierto que las quejas de los vecinos, expresadas como el que lanza una botella al mar a lo largo de los años en los carteles que colgaban de los balcones, daban pena. Me imagino si viviera allí, estaría contando ovejitas todas las noches sin poder pegar ojo. Así que entiendo y me parece justa la medida, pues primar el ocio y a los hosteleros frente a los vecinos puede hacer que el centro se acabe despoblando y sea recolonizado por turistas, que sí, queremos que vengan, pero no a cualquier precio.