No pasa nada... es política
Este Gobierno recoge los problemas, los hace una bola y los “chuta” contra la derecha y, sin saber cómo, les marca un gol

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y el consejero de la Presidencia de la Comunidad de Madrid, Miguel Ángel García, durante un pleno.
Buenos días. Feliz fin de semana. Estamos en mitad de noviembre, mes de difuntos, mes de boniatos y castañas. Empezamos a oír algunos villancicos como banda sonora de anuncios que empiezan a adentrarnos en el periodo navideño, ese para el que falta mucho, pero que el marketing ha decidido que debemos de tener presente ya.
Los primeros “aires frescos” han llegado a nuestra provincia y creo que instalado para no irse hasta el mes de febrero. En casa decidimos iniciar la “temporada de chimenea” la pasada semana, se hacía necesario ya un fuego que caldeara el ambiente.
Sentado en “el café” de turno, espero a mi amiga Inmaculada, ya les he hablado alguna vez de ella, sirvió en las Fuerzas de Seguridad del Estado, pero en Francia. La reconoceré enseguida, tiene una forma delicada de moverse, podría bailar con la Torre Eiffel.
Inmaculada tiene una historia bella, de vida entregada al amor y me la cuenta por “fascículos” en nuestros encuentros, así que cuando la veo llegar la recojo en un abrazo, sabiendo que estoy ante una persona sensible, muy humana y de la que debo aprender.
Hoy ha decidido vestir con tonos celestes, como el cielo que nos acompaña a ratos, y perfumarse con “caramelos parisinos” para dejar el dulzor de su presencia en sus movimientos. Me dispongo a disfrutar de ese acento tan peculiar que dejan en el aire las palabras agudas que Inmaculada pronuncia, aunque que en español serían llanas o incluso esdrújulas, pero que más allá de los Pirineos han decidido enfatizarlas con ese acento que suena al Sena.
Con suavidad, la que le es propia, me comenta que ya debo tener claro que en política no pasa nada. Ella sigue mis críticas que, en ocasiones, son diarias; mis chistes sobre lo que uno u otro han hecho, y siempre me llama a la calma y a la tranquilidad. “No te preocupés Sergió, nadá sucederá”. Y tiene razón.
Hablamos de los de Junts, que amenazan al Gobierno, pero que, a la vez, le van soltando salvavidas para que no se ahogue, como ha sucedido esta semana con las propuestas de cierres de nucleares. Ella lo llama “baile de máscaras”, porque no descubren su cara real mientras mantienen el ritmo necesario para no caer o tropezar en un baile sin fin, porque a una música sucede otra y así sin parar.
El juicio contra el Fiscal General del Estado ha sido otra de las noticias de la semana que comentamos. Ha quedado “visto para sentencia”, pero no cambiará nada. El Tribunal Supremo lo tiene complicado y sea cual sea la sentencia, el PSOE y el Gobierno sabrán capitalizarla contra sus adversarios.
Inmaculada dice que ha visto claro que este Gobierno recoge los problemas, los hace una bola y los “chuta” contra la derecha y, sin saber cómo, les marca un gol. Me ha encantado la descripción.
Como Inmaculada tiene un humor heredado de sus progenitores españoles, hablando del confinamiento que ha impuesto el gobierno a todas las explotaciones avícolas, entre risas me dice mi amiga que poco tardaremos en verlas con mascarilla y la sola imagen que creamos en nuestras mentes nos lleva a la carcajada. Este es un asunto que despierta distintos comentarios en redes y en medios de comunicación. Lo que parece cierto es que pagaremos más caros los huevos y las carnes de pollo y gallina.
Hablamos de Ayuso que parece estar atravesando una crisis de salud. No es bueno estar rodeado de tanta tensión y de tantas “miradas tóxicas”. Cuánto peso les pone encima la función política. Yo sería incapaz de soportar algo similar.
Con cierta pena despido a Inmaculada. Ambos hemos de hacer camino y seguir aprovechando el día. A pesar de lo duro de su historia profesional, Inmaculada conserva en su porte la delicadeza de una profesora de piano parisina. Me encanta verla marchar… me inspira.
Como siempre, servidor de ustedes… Sergio Morales Parra