Mazón en el Calvario
Les recomendaría a tanto plumilla que descansaran ánimos destructivos viendo alguna de aquellas paranoicas pero muy entretenidas películas terroríficas de Jesús Franco en el alicantino castillo de Santa Bárbara

El presidente de la Generalitat valenciana en funciones, Carlos Mazón, en la comisión de la dana, en el Congreso de los Diputados.
Cada comisión parlamentaria (a la que obligadamente tiene que acudir Carlos Mazón) es parte del viacrucis que está sufriendo quien otrora fuera joven político como uno de los principales activos del PP, tanto en el ámbito provincial, autonómico y también nacional, y hoy, triste de ti, ha encanecido sobre la cara afligida de un hombre que apenas salta la cincuentena, mientras está siendo vapuleado, y con auténtica saña, no sólo desde la oposición que muerde el cacho, primero en Valencia y después en Madrid, para obtener caza mayor con el mismísimo Alberto Núñez Feijóo, sino y además por los voceros pesebristas alimentados en el tornajo del PSOE y compañeros de viaje, empezando por un Compromís en declive nacionalista y la sopa de letras podemita, cada día más inestable y fratricida.
Menos ciscarse en su madre, le han llamado de todo, tanto que podría hacerse millonario sólo con las querellas. Y lo está aguantando con el estoicismo y martirologio del condenado sin juicio previo porque son las órdenes de Génova 13 articulando una sucesión difícil pero no traumática pues Vox no puede, ni quiere la autovoladura de una derecha española que atisba su futura entrada triunfal en La Moncloa, con añadidos ministeriales para un Abascal al que algunas encuestas sitúan ya entre 60 y 70 próximos diputados.
No parece que vaya a haber congreso inmediato del PP valenciano, ora pro nobis, bastará que el Comité Ejecutivo con la anuencia de Madrid chequeando a Vox, coloque a Pérez Llorca como presidente no por más provisional, menos ejecutivo, y por lo tanto se le traspasen todos los poderes de su íntimo amigo Carlos Mazón, quien sólo reza porque pase este cáliz
Mazón (por muy cabreado que esté) no va a morir matando, le iría la futurible vida profesional en ello (recolocado), aunque de sobra conoce a quienes se alegran y aplauden su marcha dentro del propio PPCV, ha habido filtraciones en ambos sentidos, por eso de alguna manera intenta proteger a quienes desde Alicante lo auparon al poder en la Comunidad Valenciana: la experimentada Macarena Montesinos, a quien le salieron los dientes en esto de la cosa pública; el pactista profesor universitario José Antonio Rovira, experto en cálculos conminatorios; y Juanfran Pérez Llorca en ascenso político del discreto, pero meteórico subidón desde Ayuntamiento de Finestrat y costa al valenciano Palacio de Fuentehermosa y su supuesto mal fario.
Mazón es a Llorca como Platón a Aristóteles, maestro y alumno, uno más directo y fáctico, el otro más reflexivo como siempre es necesario en un segundo análisis por mucho que puedan coincidir en lo fundamental. Bien sabe el exalcalde de Finestrat que con la chatarra balística contra el interino van a bombardearlo desde la reiteración del argumentario caído sobre su antecesor, pero sobradamente conoce, desde que lo aprendió en su propio pueblo, que democracia lo que cuenta y cantan son los votos, por mucha rabia que les carcoma a sus adversarios políticos y mediáticos, y en cualquier propuesta lo que hay contable es lo que hay administrable. Razón de más para que unos pidan iracundamente elecciones anticipadas, y los otros no se las den esperando el tempus fugit que cure las heridas del inmolado Mazón.
Mientras los soplagaitas seguirán aventando el polvo del morbo sobre esos 37 minutos solo conocidos por la periodista y el político, sobradamente conocedores de que la verdad saldrá a la luz; yo les recomendaría a tanto plumilla y es cumplidor televisivo que descansaran ánimos destructivos viendo alguna de aquellas paranoicas pero muy entretenidas películas terroríficas de Jesús Franco en el alicantino castillo de Santa Bárbara. Si lo que pretenden es regresar al primitivo medievo y ver a Mazón arrastrado por las calles tirado de su propio jamelgo enjaezado para el sacrificio, luego crucificado en la plaza Mayor para escarnio y agresión comunales, para rematarlo en la horca balanceante y yerma como un impenitente del PP. Podrán conseguirlo con el personaje amortizado por el propio Feijóo, pero no con el partido ¿¡qué más quisieran!?, quienes desean tomar por la fuerza el palacio de invierno de la democracia para dejarnos con un partido único y omnipotente capaz de juntar y asumir propiamente todos los poderes del Estado (Montesquieu).
Eso nos lo dirán las memorias de Carlos Mazón, arma preservadora de todo político que ha estado en la pomada del poder
¿Se imaginan ustedes en España – como acaba de suceder en el parlamento inglés – que la lideresa de la oposición le diga al partido en el gobierno: “creo que es mejorable, pero apruebo su proposición de ley con la que estamos de acuerdo en líneas generales” –, verdad que no? Como tampoco entiendo la inquina contra un Mazón desmantelado que en su aforamiento sólo intenta ganar tiempo para preparar una sólida defensa jurídica (cuando llegue el momento, algo incalculable en nuestro país). Desde el primer momento el presidente debió decir la verdad y carnaza que ha alimentado a sus insaciables detractores, doliera a quien doliera (familias, partido político, medios afines…) porque como dice El Tenorio: “no me causan pavor vuestros semblantes esquivos, jamás humillaréis mi valor ni muerto ni vivo (honestidad del cargo institucional sobre la persona humanamente comprensible, “nadie es perfecto”).
Como dijo el genial trojitranco, miope y desventurado don Francisco de Quevedo: “ningún vencido tiene justicia, si lo ha de juzgar su vencedor”. Tiempo tendremos para calificar un mandato que se quedó a medias por de una calurosa tarde de otoñal todavía verano. ¿Ha merecido la pena inmolarse por cualquiera de los mandamientos políticos, incluido el sexto? Eso nos lo dirán las memorias de Carlos Mazón, arma preservadora de todo político que ha estado en la pomada del poder. Bien lo sabemos por dos exomnipotente socialistas como fueron Ábalos y Cerdán Santos (éste en la cárcel, pero sin abandonar la partida). Ellos, y los posibles afectados por unas galeradas terminales, sobreviven como pendejos de la buena vida privativa mientras la democracia en España agoniza lentamente. De la gloria en La Sagrada Cena al Calvario apenas hubo unas pocas horas, las mismas aproximadamente que entre la comida y sobremesa de Mazón y Maribel Vilaplana.