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Anda putañera la bragueta socialista

Sánchez tendrá que aguantar, o eso pretende, meando sangre hasta conseguir, tras perder elección tras elección, y con insana “envidia” constreñida, escapar a Europa llevándose su “soberbia” y un buen sueldo.

El presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez.

El presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez.Europa Press

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Pedro Sánchez deberá repartir mucho bromuro entre las filas masculinas de su partido, socialista (obviamente), si quiere que escampe el temporal de porquería mediática y política que le está cayendo encima y el tormento chino de la gota constante por los 7 pecados capitales, ahora el de “lujuria” en vergonzosos abusos sexuales ¿presuntos? No concuerda la presunción de inocencia por lo que se publica un día sí y otro también, empezando por entrecomillar las manifestaciones de las propias compañeras y empleadas que trabajan en la sede de Ferraz.

Al menos, Sánchez tendrá que aguantar, o eso pretende, meando sangre hasta conseguir, tras perder elección tras elección, y con insana “envidia” constreñida, escapar a Europa llevándose su “soberbia” y un buen sueldo, quién sabe si rentas vitalicias paradisiacas probatorias de su incontinente “avaricia”; exiliado en un coqueto chalet (tal vez cercano al que disfruta Carles Puigdemont), pero esta vez a costa de la Internacional Socialista (o particularmente venezolana), y mucho kilómetro de distancia entre Madrid y Bruselas donde taparse las vergüenzas de lo innegable con la “ira” del fracaso y la “envidia” del perdedor, huyendo con su querida y bella esposa Begoña Gómez, mientras desde la indolente “pereza” en la lejanía neroniana ven arder 100 años de honradez, pero como ya se decía cuando los cumplieron (1979): “ni un minuto más”. “Es un soplo la vida”, echen cuentas del minutaje.

Pocas excusas y contriciones le valen a nuestro presidente gubernamental para purgar tanto desliz inculpatorio. Visto lo visto por parte de sus vicepresidentes y aledaños ministeriales – enchiquerados –, ya que uno no nombra como segundo y para tal responsabilidad a cualquier mindundi que aparezca por la sede socialista, antes se sabe y estudia, dossier en mano, desde la ideología de sus tatarabuelos hasta su talla de calzoncillos. Claro que también puede entenderse que quienes hoy son reos de la justicia, ayer le ayudaron a encaramarse en La Moncloa: servicios prestados.

Porque si nuestro excelentísimo presidente no se entera (como él mismo manifiesta), rodeado y aconsejado por los 2.300 (aproximadamente entre técnicos y asesores que trabajan en La Moncloa), o es un autista, un figurón insustancial que no puede regir una nación como España (decimoquinta en el contexto económico mundial mundial), o mismamente Pedro Sánchez como los búhos: “se fija, pero no entiende”. Supongo que, sin ser excesivamente perspicaces, coincidiremos en que debe conocer bastantemente a su protectora guardia pretoriana, y no sólo en los niveles propiamente ministeriales, sino que en cargos tan importantes como Secretarios Generales, Subsecretarios, directores de grandes empresas controladas por el Gobierno, embajadores, por supuesto Fiscal General del Estado y un largo etcétera de responsabilidades en el perímetro de la más alta responsabilidad gubernamental y administrativa.

Me comentaba un viejo amigo con su gracejo andaluz, y en ejercicio de la carrera jurídica por más señas sin especificar, frente un solitario y excelente foie de campaña casero que siempre nos guarda la dueña del restaurante para estas fechas, detesto las tostadas, y con la compañía de un buen Oremus Tokaji, que: “querido Pedro Luis (sobrenombre familiar para los íntimos/as), ¿te imaginas un Consejo de Ministros en alguna galería de la cárcel de Soto del Real?”. Sonreí con un rictus cáustico para después responder: “No, pero al paso que vamos, déjame pensarlo. Parecemos Zulandia. El gobierno debería empezar a preparar decretos amnistiando a los puteros y demás chulos de mancebía”. A lo que añadió mi interlocutor: “gastarse nuestros impuestos en prostitución de lujo y después autoproclamarse ‘feministas’ me parece una flagrante ‘contradictio in adiecto’ (como supongo que algunos de ustedes recuerdan, desde el aquel lejano bachillerato, es una expresión latina que podemos traducir como: “contradicción en el añadido”, oxímoros para los más versados terminológicamente.

Pero regresando de cultismos en sobremesa a la praxis de la común y muy humana debilidad carnal, para mí que alguna farmacia próxima al Congreso debe estar forrándose, vendiendo cajas de Viagra por cartones, y algún blíster de Cafinitrina (posible infarto), dada la edad de quienes se afanan en lo puteril, porque estos amantes, no sé si amadores tal vez previo pago, incluido el hospedaje efímero, y por lo que se traduce en la tele y en los papeles, amén de Internet, podemos evidenciar que ya son talluditos señores añosos, un tanto mayores y nada apolíneos para semejante trote erótico bailando con lobas.

Pocos bailarines me retrogustan tanto la memoria cinematográfica como Al Pacino (invidente) en “Perfume de mujer”, o el gentleman Colin Firth, “Una familia con clase”, trenzando maravillosamente con sus parejas el tango “Por una cabeza”. Ahora parece que les haya dado a los políticos por perder la cabeza y, de cintura para abajo, los pantalones. Émulos del anterior Jefe de Estado, estos sociatas remedan las peores “borbonadas”, pero con unas señoritas “multiuso” bastante estándar si las comparamos con aristócratas de largo abolengo, o carísimas burguesas “luxury” como la señora Larsen (no por tal “charme”, menos diligente a la hora de trabajarse el oficio más viejo del mundo, que, si precisamos históricamente, no es el del inexacto tópico, sino el de picapedrero como primer curre homínido. A cada cual y “cuala” lo suyo/a).

Concluyendo, invertir el dinero ajeno (de todos los españoles), en solazar sus propias y encendidas perneras.

Y eso, que yo sepa, no entra en la ejemplarizante doctrina de los Pablo Iglesias (histórico y contemporáneo). Y atendiendo a lo escribió Quevedo en el siglo XVII con proverbial soneto: “Puto es quien de putas fía…, si de otras tales putas me pagare, porque las putas graves son costosas, y las putillas viles, afrentosas”.

A lo que parece seguimos igual.

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