arte y tradición
La Virgen Embarazada del Monasterio de San Juan de Orihuela
Esta singular talla de la Virgen de la Esperanza embarazada se expone en el altar mayor del monasterio durante los últimos días del Adviento y se retiran el día de Nochebuena.

Virgen Embarazada en el Monasterio de las Clarisas de Orihuela.
El Monasterio de San Juan de la Penitencia de Orihuela (Clarisas) es una fundación que data de 1490 mediante bula firmada por Inocencio VIII, si bien el actual edificio de estilo barroco –que vino a sustituir al realizado por Agustín Bernaldino a finales del XVI- es de la segunda mitad del s. XVIII.
Trabajó para este templo el escultor, arquitecto y pintor lorquino Fray Antonio de Villanueva a quien se deben las pinturas del presbiterio, realizadas en 1780, los esgrafiados decorativos y, probablemente, la traza misma del convento actual y de la iglesia.
Destacan en el altar mayor las pinturas de Villanueva que representan pasajes de la vida y martirio de San Juan Bautista y en el muro izquierdo el “Éxtasis de San Antonio de Padua”, pintura atribuida al pintor Antonio Palomino, que debió ser realizada en los años iniciales del siglo XVIII y las valiosas tallas de la Dolorosa y un San Francisco de Asís, obra de Francisco Salzillo (segunda mitad siglo XVIII).
Bien guardada en la clausura de este Monasterio tienen las clarisas una bella talla de la Virgen de la Esperanza embarazada que exponen en el altar mayor durante los últimos días del Adviento y retiran el día de Nochebuena, estos es después del parto de María, para ser sustituida por el tradicional Nacimiento completo. No son muy frecuentes las imágenes que representan a la Virgen María “en estado de buena esperanza” –recuerdo otra antiquísima en la Catedral de León- por lo que estos días se incrementan las visitas a la iglesia de las Clarisas para contemplarla, en un lateral del altar mayor, a escasos metros de un hermoso belén que las monjas y sus cooperadoras montan cada año.
La Virgen de la Esperanza de las Clarisas de Orihuela es una escultura de mediados del siglo XVIII que representa a María de pie, en ademán de andar pues tiene uno de los pies adelantados, en avanzado estado de gestación, vestida con una túnica de color verde y un manto de color azul que le cae por debajo de los hombros y sujetado a uno de sus brazos. Sobre el vientre abultado de María, un sol simbólico que no recuerda que la segunda venida de Cristo está por llegar. Mantiene los brazos abiertos extendidos hacia los cielos, en la misma dirección que su mirada, y lleva la cabeza coronada.