entrevista
Dr. Fernando L. Soler: “FacoElche es la mejor manera que he tenido de poner a Elche en el mapa mundial de la oftalmología”
El director del certamen repasa una vida ligada a la medicina, las revoluciones tecnológicas del quirófano y el coste personal de liderar durante décadas uno de los congresos oftalmológicos más influyentes del mundo

El doctor Fernando L. Soler
El director del certamen FacoElche, repasa una vida ligada a la medicina, las revoluciones tecnológicas del quirófano y el coste personal de liderar durante décadas uno de los congresos oftalmológicos más influyentes del mundo.
- ¿Recuerda el primer momento en el que entendió que la oftalmología iba a marcarle la vida, no solo la carrera?
-No hubo un momento concreto. En cierto modo estaba predestinado a la medicina. Mi padre era oftalmólogo y yo fui el tercero de cuatro hermanos; los dos mayores no eligieron esta profesión y sentí casi una obligación moral de continuar su camino. Con el tiempo comprobé que no me había equivocado. La oftalmología es como la catedral de Palencia: una gran belleza, todavía una gran desconocida.
-En una profesión tan exigente, ¿qué le ha sostenido en los momentos de mayor presión o duda?
-Como en la vida, hay momentos buenos y momentos malos. Los malos hay que superarlos sabiendo que llegarán otros mejores. Cuando uno analiza el recorrido, se da cuenta de que los momentos buenos son mayoría. Los americanos lo resumen bien: el 5% de los pacientes te genera el 95% de los problemas… y el 95% restante te devuelve el sentido de esta profesión.
- Ha vivido varias revoluciones tecnológicas en quirófano. ¿Cuál le cambió de verdad la forma de mirar su profesión?
-Más que revoluciones aisladas, ha sido una evolución lógica. Es cierto que cuando terminé la especialidad y en mis primeros años hubo cambios tecnológicos muy duros, que apartaron a algunos profesionales y obligaron a otros a reinventarse. Mi generación atravesó más de veinte grandes cambios tecnológicos. Fue exigente, pero se superó. A partir de ahí, la evolución ha sido más progresiva y asumible.
-FacoElche ocupa hoy un lugar central en la oftalmología internacional. Cuando se apagan las luces del congreso, ¿qué siente realmente?
-Cuando se apagan las luces, ya estamos pensando en el año siguiente. Somos valencianos: como las comisiones falleras, que el día de San José ya trabajan en la falla del año próximo. Incluso en la clausura solemos anunciar la siguiente edición, y muchas veces también su lema. Este año, además, será especialmente bonito.
-Dirigir FacoElche durante tantos años implica tomar decisiones, asumir riesgos y renunciar a cosas. ¿Qué ha ganado y qué ha tenido que sacrificar?
-En el décimo aniversario editamos una memoria de aquellos primeros años. Allí escribí una frase que lo resume todo: dediqué esos diez años a FacoElche, a mi esposa y a mis hijos, por todo lo que el congreso nos había dado… y por todo lo que también nos había quitado.
-Tras miles de pacientes y cirugías, ¿qué le sigue conmoviendo del acto médico?
-Lo más bonito de la oftalmología es devolver la visión. Hoy lo más habitual es la cirugía de cataratas, pero echo de menos la emoción infinita de ver a una madre llorar de alegría al ver a su hijo después de una operación ocular. Esa sensación la viven hoy muchos cooperantes españoles en misiones en África o América Latina: recuperaciones visuales espectaculares que literalmente devuelven la vida.
-Fuera del quirófano y de la dirección del congreso, ¿dónde encuentra calma y equilibrio?
En el arte clásico y en la música, de todo tipo. Ahí es donde encuentro descanso y equilibrio.
-Si dentro de unos años alguien habla de Fernando Soler, ¿qué le gustaría que dijera más allá de los logros profesionales?
-Que amé profundamente a Elche y que contribuí a situarla en lo más alto del mapa mundial de la oftalmología, conectándola con profesionales de todo el mundo. Esa es una gran satisfacción que queda para siempre.